¿Cómo nace el deseo de paternidad?

El deseo de ser padre puede llegar en cualquier momento de la vida de un hombre: cuando cree haber encontrado a la mujer adecuada, cuando siente estabilidad profesional o cuando el reloj biológico empieza a hacer tic-tac enforma acelerada. Sin embargo, existen elementos que explican cómo nace el instinto de reproducción masculino y por qué aparece en un momento y no en otro.

Estabilidad antes del bebé

Se sabe: los hombres y las mujeres no funcionan de la misma manera, lo cual es todavía más cierto cuando se habla de los hijos. En lo relacionado a la búsqueda de un bebé las mujeres vuelcan su lado afectivo, mientras que ellos permanecen mucho más cerebrales. Si en las mujeres el deseo inicial de tener hijo comienza en el cuerpo, en ellos se inicia en la cabeza.

La llegada de un bebé les hace reflexionar, a veces durante años. ¿Por qué? Simplemente porque necesitan alcanzar estabilidad amorosa, laboral y sobre todo económica antes de pensar en tener un hijo. La principal preocupación –y angustia– de una inmensa mayoría de los hombres es poder hacer frente a las necesidades de su familia.

La primera ecografía

A pesar de haber alcanzado la estabilidad financiera, hay hombres cuyo deseo de paternidad no aparece hasta el embarazo de su compañera o hasta la primera ecografía. Y es que para los hombres la idea de un bebé es mucho más abstracta que para las mujeres. Es por eso que la ecografía constituye un elemento revelador, porque ofrece una imagen concreta del bebé, lo que ayuda al varón a anclar la existencia del pequeño en lo real y a nutrir, en consecuencia, su deseo de paternidad.

El peso de su propia historia

La historia personal del padre también es importante. Y, más precisamente, la imagen que éste tenga de su progenitor. El comportamiento del padre, haya sido bueno o malo, influye en el propio deseo de reproducción. Por ejemplo, una persona que haya tenido un padre ausente e indiferente podrá actuar de dos maneras: no experimentará nunca el deseo de tener un hijo o, por el contrario, sentirá un deseo irrefrenable de tener descendencia con el fin de darle lo que él no recibió. En los dos casos el deseo estará condicionado por la experiencia vivida en la infancia.

C. Junguenet

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