Cólicos del bebé: cómo reconocerlos y aliviarlos

Durante la mañana y el mediodía todo va estupendamente. Pero luego, de repente, el bebé empieza a llorar. Conseguimos calmarle durante unas horas… y vuelve el mar de lágrimas. Y así hasta que el bebé acaba por dormirse, agotado tras horas de dolor y sufrimiento.
Si el pediatra, o el médico de cabecera, te asegura que todo va bien, no pierdas la paciencia y espera hasta el tercer mes. A partir de esa fecha, los cólicos desaparecerán, o al menos disminuirán, el bebé se tranquilizará y el ritmo intestinal volverá a la normalidad. 

Más frecuentes al final del día

Los cólicos son el mal más común de los bebés, sobre todo entre los primeros 15 días de vida y los 3 meses. Estos cólicos se traducen en dolores de tripa que, inevitablemente, hacen sufrir al bebé. Suelen acarrear lloros constantes de duración variable y tienden a aparecer una vez por semana, casi siempre después del mediodía.

Se estima que los cólicos afectan entre al 15 y el 20% de los bebés. ¿Por qué desaparecen pasados los 3 meses? Porque a esa edad, el bebé adquiere un “ritmo adulto”, es decir, se adapta de forma gradual a los períodos de “vigilia y sueño” de sus padres.
A esa edad, el niño se acostumbra a dormir 8 horas seguidas, sin interrupción. A estos cambios de ritmo, se añade el hecho de que la madre se siente más tranquila y “más experta” que al principio; durante los primeros días no sabía ni cómo coger al bebé y dudaba de cualquier cosa (cuidados, limpieza, ropa, etc.).

Presta mucha atención al llanto del bebé, sobre todo si es distinto del habitual. Si está enfermo, los lloros son constantes y, aunque al final acabe por dormirse, los cólicos no han desaparecido; y es que aunque el bebé ceda al cansancio, el problema persiste. Además, al estar nervioso levanta las piernas a la altura del abdomen.
Sin embargo, el problema no es tanto el dolor sino la reacción histérica que muestra; cabe recordar que el llanto y los gritos son el único modo que dispone para expresarse.

¿Cómo aliviar el dolor del bebé?

Los masajes denominados “anti-cólicos” pueden atenuar el dolor del niño. Para ello, debes masajearle el vientre de abajo hacia arriba y siguiendo el sentido de las agujas del reloj. Además, gracias a estos masajes, los padres establecen un contacto directo con su hijo y le transmiten su amor.

Más allá de esta dimensión “curativa”, el masaje también se traduce en mimos y cariños; los padres tienen la impresión de estar haciendo algo por su bebé. Por ello, se sienten útiles y eso les tranquiliza y les da seguridad. Para ayudar a tu retoño, también puedes llevarle de paseo o tumbarlo boca abajo sobre tus piernas, por ejemplo.

Por otro lado, no existe ningún tratamiento médico para hacer desaparecer un cólico. Varios investigadores tratan de encontrar remedios farmacéuticos para tratar este problema pero, por ahora, los medicamentos disponibles son inútiles e ineficaces.

¿Hay que temer una alergia?

Si un bebé tiene cólicos pero se desarrolla como es debido, no hay que sospechar de ninguna alergia o intolerancia alimenticia (sobre todo al gluten): durante los primeros meses, hay que fijarse más en el aumento de peso que en el crecimiento de centímetros.

Así pues, cuando los cólicos aparecen, los padres deben prestar especial atención al peso. En general, debe engordar unos 100 gr por semana durante los primeros 15 y 30 días de vida, y unos 90 gr entre el primero y el tercer mes.
Si durante una o dos semanas el bebé no coge el peso estipulado, que no cunda el pánico, entra dentro de la normalidad. Pero si no aumenta de peso durante un período más largo, es posible que haya un problema: en ese caso, no hay que esperar demasiado para acudir al médico.

A pesar de todo, si el bebé tiene una alergia alimenticia, lo más normal es que le salgan unas manchas rojas en la piel; también puede regurgitar, vomitar, tener tos, diarrea o estreñimiento. Como regla general, el bebé que solo padece cólicos no padece otros males. Pero, como siempre, es el especialista quien debe determinar si hay una enfermedad o no.

Las causas de los cólicos todavía no están muy claras

Después de varios años de investigación, las causas del cólico todavía no están claras. Sin embargo, los especialistas han establecido distintas hipótesis. He aquí las teorías más verosímiles:

El intestino todavía no funciona del todo bien

Muchos pediatras creen que ese desajuste se debe a la inmadurez del intestino del recién nacido. Así pues, se trataría de un problema fisiológico, es decir, normal. Esta tesis se recibió con los brazos abiertos y esos dolores se bautizaron como “cólicos de los tres meses”

Podrían ser burbujas de aire en el estómago

Según otra teoría que surgió en el año 1980, la causa de los cólicos podría ser una acumulación de aire en el estómago; esto se debería a que el niño engulle mucho aire cuando mama con rapidez o ansiedad. Ese aire irritaría las terminaciones nerviosas, lo cual provocaría la sensación de dolor y el llanto del bebé.
En este caso, esos dolores se bautizaron como “cólicos gaseosos” y, hace varios años, salieron al mercado varios medicamentos que ayudaban a reducir esas bolas de aire y favorecían su evacuación. Sin embargo, el aire que se traga durante la toma de leche nunca se queda en el estómago, y se expulsa mediante eructos.

Podría ser culpa del entorno

Las últimas investigaciones realizadas en 1990 revelaron que el origen de esta enfermedad podría ser la relación que mantiene el bebé con sus padres. Por ejemplo, si la madre fumó durante el embarazo o la lactancia, el bebé tiene más probabilidades de sufrir cólicos.

Es posible que el cardia no funcione bien

Los cólicos también pueden provenir de reflujos gástricos, un problema provocado por el mal funcionamiento del cardia, la válvula que une el esófago con el estómago y que, después de haber dejado pasar la leche, debe cerrarse para evitar que suba hacia la garganta.
En teoría, en caso de reflujo, deberían aparecer otros síntomas. Por eso, cuando el reflujo es leve, pasa desapercibido. Si la regurgitación es abundante, el niño se sentirá mal; en cambio, si la cantidad de leche que vomita no es importante, tan solo sentirá una leve indisposición y, por lo tanto, el problema será más difícil de identificar.

L. Juillet

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