Primeros aseos y baños del bebé

¿La limpieza debe ser cotidiana?

No es necesario llevar a cabo un aseo a fondo todos los días. El recién nacido no se ensucia mucho, a excepción de las nalgas. Sólo hay que ocuparse a diario del trasero, que debes lavar tras cada cambio de pañales; del cordón umbilical, que debes desinfectar, y del aseo de la cara, para evitar o tratar pequeñas irritaciones debidas a que el bebé tiene la piel sensible. El baño es facultativo. Algunos días estás cansada o el bebé duerme profundamente, y dejarás para el día siguiente un aseo general.
Algunas madres le dan un baño todos los días, mientras que otras lo hacen un día de cada dos, sin que ello tenga ninguna incidencia en particular. Está muy generalizada la idea de que a los recién nacidos les gusta el agua porque se han bañado en el líquido amniótico antes de nacer, pero esto no siempre es verdad. A algunos no les gusta que les bañen durante las primeras semanas de su vida. En ocasiones, con el tiempo, y debido a la voz y los gestos amables de la madre, el bebé aprende a disfrutar de ese momento.

Para que el baño sea un placer

Muy pronto, el baño se convertirá en un ritual para ti y para el bebé. Los dos disfrutaréis de él, si de verdad es una ocasión de relajación y propicia para el contacto.
Durante las primeras semanas, el bebé duerme mucho y pasa poco tiempo en estado de vigilia y tranquilo. El aseo y los cuidados serán ocasiones propicias para comunicarte con él.
Encontrar el momento propicio Elige preferentemente un momento en que el bebé no tenga mucha hambre ni esté nervioso, y evita también bañarle poco después de comer, ya que podría devolver la leche. Si a tu bebé le cuesta dormirse por la noche, un baño al final del día tal vez pueda ayudarle a conciliar el sueño con más facilidad. Cada una (y cada uno) encontrará la franja horaria que le vaya mejor, en función de los ritmos del bebé. Lo importante es mantener cierta regularidad (mañana o noche), puesto que el niño necesita estas referencias que pautan su tiempo y le ayudan a estructurarse.

El baño

Enjabonar todo el cuerpo Enjabona todo el cuerpo del bebé con una toalla suave, una manopla o, aún mejor, con la mano. Empieza por el vientre, al bebé le resultará más agradable. Insiste en los pliegues del cuerpo y en los órganos genitales. No olvides el cuero cabelludo. No te dé miedo enjabonarle la cabeza, ya que las fontanelas soportan perfectamente este masaje que evitará la formación de costras.
Primero, limpiar las nalgas Una vez el bebé está desnudo sobre la mesa de cambiarle, procede en primer lugar a la limpieza de las nalgas, para no ensuciar el agua del baño. Límpiale con los extremos del pañal, y luego coge una manopla (o una toallita suave), que reservarás para este uso. Mójala con agua tibia y utiliza un producto hipoalergénico.
Enjuagarle de forma segura Coloca una mano bajo su axila para sostener con el brazo la cabeza del bebé y sujétalo con firmeza por la espalda. Sumérgele delicadamente en el agua. Con la otra mano, enjuágale mientras le hablas en voz baja para calmarle. En el agua, el bebé poco a poco se relaja. Al cabo de unas semanas, cuando se haya acostumbrado al baño, podrás ponerle como si fuera a nadar, sosteniéndole con un brazo bajo el pecho y con cuidado para que la cabeza quede siempre completamente fuera del agua.

¿Qué necesitas?

Para el baño del bebé, existen muebles especiales o pequeñas tumbonas regulables que se adaptan al fondo de la bañera. Si aún no has encontrado los accesorios que necesitas, elige lo más cómodo, aquello que te evite tener que inclinarte demasiado.
No olvides que repetirás estos movimientos todos los días durante meses. Antes de sacar al bebé de la cuna, prepara todo el material necesario para el aseo. Nunca se debe dejar a un bebé solo, ni siquiera un segundo, sobre la mesa de cambiarle o sobre un mueble dedicado a este uso (por ejemplo, una mesa o una cómoda con un pequeño colchón especial cubierto con una toalla). Para el aseo, necesitarás tener a mano: –
jabón o líquido limpiador antialergénico, – una toalla de felpa o un albornoz, – una manopla o una esponja suave, – un cepillo de pelo para bebés, – pañales, – un body de algodón, – ropa limpia (pijama). Para su cuidado, no olvides: – compresas, – algodón, – suero fisiológico, – un antiséptico local, – leche o crema hidratante, – gasa, si fuera necesario.

¿Cómo proceder?

Asegúrate, en primer lugar, de que el cuarto de baño o el lugar donde le aseas está a una temperatura adecuada (de 22 ºC a 25 ºC), ya que los bebés se enfrían enseguida.
Luego, abre el grifo y comprueba siempre la temperatura del agua con un termómetro de baño, con el dorso de la mano o con el codo. Debe estar tibia (37 ºC). Ahora puedes poner el bebé sobre el cambiador y desvestirle por completo.
Limpiar las nalgas Para empezar, limpia las nalgas antes de sumergirle en el agua, para no ensuciar la bañera. Lo mejor es usar una manopla reservada a este uso, agua tibia y jabón suave, o bien utilizar algodón y leche hidratante.
Enjabonar Luego, debes enjabonar al bebé, ya sea sobre la mesa de cambiarle, ya sea directamente en el agua, si te resulta cómodo. Límpiale de la cabeza a los pies, con la mano o con una manopla, insistiendo en los pliegues (detrás de las orejas, el cuello y los espacios entre los dedos). Debes limpiar el cráneo y los órganos genitales con mucho cuidado.
Enjuagar Para mantener al bebé en el agua, sostenle la cabeza con el brazo, poniendo la mano bajo su axila. Cuando se sienta confiado en la bañera, puedes volverle sobre el vientre, sosteniéndole por debajo del pecho. Si lo ves relajado, déjale chapotear un poco, pero siempre vigilándole atentamente. No importa si suena el teléfono en ese momento o si alguien te llama desde el otro extremo de la casa. Nunca dejes al bebé solo en la bañera, aunque haya muy poca agua. Si te parece que al niño no le gusta esta operación, de vez en cuando puedes tomar una ducha o un baño con él. Entonces el padre puede coger al niño una vez lavado, para secarle y vestirle.

Zonas que hay que cuidar en el aseo

Los órganos genitales Los órganos genitales del bebé deben ser objeto de cuidados muy atentos, dado que están especialmente expuestos a las irritaciones.
En la niña: la vulva es una zona de secreciones; debes enjabonarla y aclararla por delante y por detrás, abriendo los pliegues.
En el niño: tirar con suavidad hacia atrás la piel que cubre el glande (el prepucio) y llevarlo de nuevo hacia delante después de enjabonarlo y enjuagarlo. Si no te sientes segura, puedes hacerlo antes o después del baño; pero no te preocupes, porque esto no
es indispensable. Pide consejo al pediatra. Lo importante es estar atento, porque si está enrojecido, caliente o hinchado, es un indicio de una posible inflamación.
El cuero cabelludo Para evitar la formación de costras lácteas debidas a la secreción de sebo, durante los tres o cuatro primeros meses, da masajes al bebé en la cabeza cuando lo bañes, aplicando un jabón suave con la mano. Después enjuágalo con abundante agua. No tengas miedo de tocar las fontanelas, son flexibles pero sólidas. Cuando el bebé sea un poco mayor, podrás utilizar un champú suave especial para bebés, dos o tres veces por semana.

A la salida del baño

Cuando saques al bebé del agua, ponlo enseguida sobre una toalla seca o sobre su albornoz y envuélvelo para que no tenga frío. Ahora vas a secarle aplicándole la toalla, sin frotar. Empieza por la cabeza, sécale también detrás de las orejas y en los pliegues del cuello. Luego seca bien todos los pliegues del cuerpo, bajo los brazos, en las ingles, entre las nalgas y detrás de las rodillas. Si lo deseas, puedes aplicar al bebé un poco de aceite de almendras dulces o leche hidratante. Su piel, que los primeros días puede tener cierta tendencia a ser algo seca, se mantendrá así perfectamente hidratada.
Cuando el bebé está bien seco y caliente y patalea sobre la mesa de cambiarle, ocúpate del cordón umbilical (hasta que se le caiga); después ponle los pañales y vístele. Ahora ya sólo falta aplicarle los cuidados de la cara y peinarle con un cepillo para bebés. A algunas madres les gusta terminar el aseo del bebé poniéndoles unas gotas de colonia sin alcohol, pero esto es totalmente opcional.
Las curas del cordón umbilical Al nacer, el cordón umbilical ha sido cortado a unos centímetros del cuerpo. Gracias a tus cuidados, el extremo que queda debe secarse y caer por sí solo antes del décimo día. Si no ha caído al cabo de quince días, o si se pone rojo, supura, desprende un olor desagradable o si aparece un bulto, consulta al pediatra. Después de la caída del cordón, a veces queda una pequeña hernia que hace sobresalir al ombligo, que desaparecerá progresivamente. No sirve de nada intentar reducirla comprimiendo el ombligo del bebé.
La cara Para limpiar la cara del recién nacido, basta con un algodón impregnado en agua.
Presta atención a los lugares ocultos: los pliegues del cuello y detrás de las orejas, donde a menudo aparecen pequeñas lesiones que supuran y forman costras, que cicatrizan pronto con un antiséptico. Estas zonas deben lavarse y secarse regularmente y con cuidado. Para limpiar las orejas, limpia sólo la entrada del conducto con un bastoncillo de algodón y suero fisiológico. Se aplica el mismo sistema para limpiar la nariz. Lo importante es no introducir el algodón demasiado adentro. En cuanto a los ojos del bebé, hay que tener en cuenta que son particularmente delicados. Si los tiene sucios, límpialos con una compresa estéril impregnada de suero fisiológico, yendo del ángulo interno del ojo hacia el externo. Cambia de compresa y de algodón para cada ojo, igual que para cada oreja.
Si los ojos le lloran… Si uno de los ojos le llora mucho o produce secreciones, probablemente se trata de una pequeña molestia habitual en los neonatos: el canal lacrimal está taponado por una
pequeña membrana. Ante este problema, es mejor consultar al pediatra, que prescribirá un tratamiento adecuado en caso de que exista una infección local, y sin duda te enseñará a efectuar un suave masaje cotidiano para favorecer el retorno a la normalidad. Éste consiste en presionar el párpado inferior, bajo el ángulo interno del ojo, después de lavarte las manos y evitando tocar el ojo directamente. En general, todo está en orden al cabo de unas semanas; en caso contrario, el pediatra aconsejará si debes consultar al oftalmólogo.

Curar el cordón umbilical

Algunas madres sienten verdadera aprensión ante la idea de tocar ese pequeño bulto de carne. Piensa que tu bebé no nota nada, salvo el contacto del producto con el que le limpias.
Poner y mantener la compresa Cubre el extremo del cordón ya desinfectado con una compresa estéril. Si lo prefieres, cuando el ombligo está limpio y seco, también puedes poner el producto antiséptico sobre la compresa. Puedes sujetar la compresa simplemente con el pañal o, si lo prefieres, con una venda. Debes cambiarla dos veces al día, o si se ha ensuciado. No es necesario poner al bebé una faja umbilical.
Desinfectar el ombligo Todos los días, hasta que caiga el cordón, aplica alcohol del 60% con un bastoncillo de algodón o con una compresa. Después, aplica una solución antiséptica.

Soluciones para tratar los pequeños problemas de piel

La piel del bebé es muy sensible. No obstante, unas cuantas reglas de higiene ayudan a evitar las irritaciones y las infecciones: mantener siempre la piel limpia y bien hidratada, secar bien al bebé después del baño y evitar la ropa y los pañales demasiado ajustados. Pese a tus cuidados, el niño puede sufrir ciertas afecciones, que requerirán una consulta médica.
El eritema del pañal Con frecuencia, en el recién nacido esta irritación se debe sobre todo a la agresión de la orina, a las deposiciones y a la flora bacteriana. Antes de consultar al pediatra, puedes aplicar una pomada cicatrizante, de venta en farmacias, y cuando le limpies las nalgas evita en particular el uso de productos alergénicos y de toallitas. Lo ideal es limpiarlas sólo con agua y algodón, y después secarlas bien con un pañuelo de papel bien limpio, antes de aplicar la pomada. En caso de que padezca una irritación intensa, deja las nalgas del bebé descubiertas el mayor tiempo posible. Si pese a estos cuidados las lesiones supuran, es mejor que consultes al médico.
El acné del bebé Esos puntitos blancos sobre fondo rojo aparecen con cierta frecuencia y a temporadas, en la cara y en el pecho, a partir de la cuarta semana. Pueden persistir durante varias semanas. No hay ningún tratamiento indicado, salvo el aseo habitual.
Laa costra láctea
Si en el cráneo del bebé se forman costras, por la noche puedes untarle el cuero cabelludo con vaselina, crema hidratante o glicerina líquida. Al día siguiente, le lavas y enjuagas. Las costras se habrán ablandado y saldrán fácilmente con un peine para bebés.
El eczema del lactante Se manifiesta con manchas rojas en la piel y pequeñas lesiones secas. El bebé siente ganas de rascarse. Este eczema, muy raro antes del tercer mes, normalmente aparece en la cara (salvo en la nariz y el mentón), detrás de las orejas, y también puede hallarse en los pliegues de las articulaciones. Requiere una consulta al pediatra.

Cambiar al bebé

Doblar Haz pasar la otra mitad del pañal entre las piernas. Si el ombligo aún no está cicatrizado, ten la precaución de doblar la parte superior del pañal por debajo del ombligo.
Poner un pañal limpio Tras limpiar al bebé con una manopla húmeda o con algodón y crema hidratante, le secas bien la piel. Levanta las nalgas y desliza por debajo la parte del pañal donde están las pestañas adhesivas (la mitad del pañal debe quedar debajo de las nalgas).
Cerrar Une las dos partes del pañal con las pestañas adhesivas pero sin ajustarlo demasiado.

Cambiar al bebé

El bebé necesita que le cambies a menudo, de cuatro a seis veces al día, y preferentemente en las horas de las comidas y cada vez que exprese malestar llorando.
En cuanto percibas un olor sospechoso, no esperes para cambiarlo a que te avise con su llanto. Al cambiarle, debes secarle las nalgas con cuidado. Si el ombligo no está cicatrizado, procura no cubrirlo, tomando la precaución de doblar la parte superior del pañal por debajo del ombligo, antes de fijar las pestañas adhesivas a los lados. No lo ajustes más que lo necesario para evitar las fugas.
Los pañales Los pañales desechables son el sistema más práctico. Por supuesto, el tamaño debe ser el adecuado para el peso del niño (respeta las indicaciones que aparecen a este efecto en los paquetes de pañales). Si tu bebé es alérgico a este tipo de pañales, puedes utilizar pañales especiales de algodón hidrófilo (de gasa o como pañal desechable), de venta en farmacias.

¿Qué ropa elegir?

La capacidad de regulación térmica del bebé aún es insuficiente para permitir que se adapte a oscilaciones bruscas de temperatura. Así pues, es muy importante que no tenga ni demasiado frío ni demasiado calor. La temperatura ambiente debe situarse alrededor de los 20 ºC.
Cuestiones de temperatura Puedes abrigar algo más al bebé, sabiendo que pasa la mayor parte del tiempo durmiendo y que no se mueve. No obstante, dentro de la casa, un recién nacido no necesita estar abrigado. Procura, sobre todo, que tenga la barriga bien tapada y que la ropa interior no le sobresalga y asome sobre la ropa que lleva encima. Las prendas de una pieza, o bodys broche), que se cierran en la entrepierna, evitan este inconveniente.
Además, permiten cambiar al bebé fácilmente, sin que pueda enfriarse. Si es invierno, puedes ponerle sobre la camiseta una prenda de un material cálido (lana, lana polar, seda…).
Costumbres prácticas para él Como le gusta patalear a sus anchas, al bebé le molestan las prendas ajustadas. Así, el cuello y los puños deben ser anchos. Al principio, para su comodidad, evita las prendas que se ponen por la cabeza, las que se cierran con imperdibles y, obviamente, las prendas con cintas que se le puedan enrollar en el cuello.

Otros contenidos del dosier: Volver a casa después del parto

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