Los ingredientes que debes evitar en tus cosméticos

La piel, es el mayor órgano de nuestro cuerpo, nos cubre por completo y actúa como barrera protectora entre el exterior y el interior del organismo.
Es un reflejo de nuestro estado de salud. A continuación te explicamos los ingredientes que debes evitar en tus cosméticos:

Almizcles sintéticos

Los almizcles sintéticos son un derivado del petróleo que normalmente esconden sustancias que interfieren en el sistema endocrino. Una etiqueta que incluya especificación de almizcle, sin concretar su naturaleza, debería servir para rechazar el producto. Los productos que pueden contenerlo son las fragancias artificiales y perfumes.

En los libros de cosmética natural se pueden consultar alternativas que propongan recetas para crear nuestros propios perfumes a base de flores y frutas naturales, a los que se puede añadir aceites esenciales de plantas aromáticas como la lavanda, el espliego, el limón o la bergamota.

Polietilenglicol (PEG)

Es un polímero que actúa como emulgente mezclando el agua y los ingredientes de naturaleza grasa. En sí mismo no son tóxicos, pero ayudan a hacer la piel más permeable, propiciando la absorción y la entrada al organismo de otras sustancias nocivas. Además, contribuyen a eliminar el factor natural protector de la piel. Los geles de baño son un ejemplo claro de producto que contienen esta sustancia.

Mediante el jabón neutro, hecho con aceite de coco o de glicerina, e ingredientes a base de extractos vegetales como manzanilla, melisa, caléndula, lavanda, cebada, aloe, almendra, coco, acacia, limón, romero o rosa, se obtienen geles de baño más naturales.

Anilid, HC, Pigment green 7 o acid

Sustancias que van contenidas en los jabones con fragancias. Les confieren un olor muy penetrante y un color característico que implica el uso de colorantes. Estos ingredientes se comportan como alteradores del crecimiento celular y cancerígenos.

Una opción más saludable sería comprar jabones hechos con aceites vegetales y extractos naturales de plantas, elaborados por los artesanos locales. Algo recomendable es recuperar la tradicional costumbre de realizar el jabón en casa a base de aceite ciclado, es fácil. Hay infinidad de recetas en Internet y manuales.

Sodium lauril sulfate (SLS)

Este ingrediente es la base limpiadora responsable de generar la espuma de los champús y acondicionadores. Es una sustancia irritante que reseca, irrita los ojos, desencadena alergia, provoca la caída del pelo y se acumula en los tejidos del hígado y el corazón.

Para una opción más saludable elige champús a base de jabón vegetal como el Alepo. Aquellos que contengan miel y aceite te servirán además para acondicionar e hidratar. Las mascarillas nutritivas pueden ser preparadas en casa a base de huevo añadiendo aceite de oliva o arcilla verde. Aún así, se comercializan una amplia gama de marcas que apuestan por fórmulas sin tóxicos.

Parafinas, aceites minerales, siliconas dimeticona, petrolatum o ceras microcristalinas

La mayoría de los aceites usados en la cosmética suelen ser derivados de la industria petroquímica y se encuentran en múltiples productos, pero principalmente en aquellos que deben tener una textura suave y agradable como leches, aceites corporales o cremas faciales.
Todos esos ingredientes pueden actuar como irritantes para la piel, pueden producir picor a causa de reacciones alérgicas o propiciar la aparición de acné.

Sería bueno utilizar en su lugar aceites de oliva, de almendras, de aguacate, de sésamo, de argán, de avena, de jojoba y todos ellos mejor si son de origen ecológico para evitar que contengan plaguicidas.

Formaldehído, amoníaco o alcoholes

Los desodorantes y antitranspirantes son de los cosméticos más utilizados que se aplican en las axilas, una zona del cuerpo muy sensible. Estas sustancias químicas que pueden contener estos cosméticos, además de actuar como irritantes de la piel, pueden mermar la capacidad de los ganglios a la hora de eliminar toxinas.

Como desodorante, la opción más sana que podemos aplicarnos es el bicarbonato sódico. Tras una buena ducha frotamos con las yemas, repletas de bicarbonato en polvo, sobre la piel y las axilas aún ligeramente húmedas. Después con una toalla seca, retiramos los restos de bicarbonato que queden y terminamos de secarnos por completo.

Ana Barrio (EP)

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