¡Regálate una sesión de hammam!

Hoy en día, un gran número de centros deportivos están equipados con hammams o saunas. Después de tu clase de gimnasia, no dudes en aprovecharte durante unos minutos de estas instalaciones. Pero si estás muy cansado o estresado, reserva un medio día completo para disfrutar de un verdadero hammam. Y déjate embaucar por él.

La ducha, un ritual imprescindible antes de la relajación

Antes de entrar en el hammam, tómate una ducha. Debe convertirse en un ritual de acceso a la relajación e iniciará a tu cuerpo en el universo del agua. Después, abre la puerta y déjate sorprender por la intensidad del calor. Si estás muy cansado, no lo dudes: vapor a 50 grados saturados al 10% de humedad favorece la relajación del tono muscular.

Vacía tu mente

Una vez estés en la primera sala, siéntate o túmbate sobre un banco de piedra y tómate un tiempo para disfrutar de la decoración. Es una excelente forma de vaciar la mente y, de forma progresiva, olvidar las preocupaciones del día. Adornado con baldosas suntuosas con motivos orientales o romanos, el hammam invita a la relajación. En su interior hace calor pero al ser húmedo te resultará más soportable. Aquí retomarás ese gusto por la calma, te volverás a conocer, te escucharás, te dejarás llevar…

De sala en sala

Después de unos minutos de descanso, pasa a la segunda sala. El vapor es más denso y hace mucho más calor. En esta etapa del tratamiento, la sensación de distensión muscular es verdaderamente perceptible. El objetivo del hammam no es transpirar, sino relajarse y limpiar la piel. Además, permite eliminar las toxinas del organismo gracias a la humedad del aire. Bajo la capa de vapor, el cuerpo se sumerge en un letargo caluroso. Para evitar dormirte, sal de vez en cuando y refréscate bajo la ducha, o recuéstate en una bañera de agua fría en caso de que el hammam tenga una. Durante la sesión, no dudes de cambiar de sala, de un ambiente tibio a otro más caluroso.
Tómate el tiempo que necesites para relajarte antes de llegar a la tercera sala, que es mucho más calurosa.

Cuida tu cuerpo

El hammam también es un lugar donde puedes cuidar tu cuerpo. Muchas mujeres acuden con todo el material necesario: cepillos, guantes de crin, jabones, aceites, cremas, etc. No dudes en hacer lo mismo. Tu cuidado puede empezar con una exfoliación tonificante con una esponja “lofa”, un guante especialmente usado para hacer un peeling del cuerpo, pues elimina las células muertas y regenera la epidermis dejándola lisa y sin imperfecciones. También puedes utilizar cremas o jabones que podrás comprar en el mismo centro.

Consigue una relajación completa en una sala de descanso

Antes de irte del hammam, tómate una ducha de agua fría, sécate y ponte el albornoz.
Aprovecha y disfruta de la sala de descanso. Recuéstate y tómate el tiempo necesario para recuperarte. Si puedes, date un masaje de aceites esenciales acompañado de un té de menta para rematar este momento de relajación.
Clémentine Allix

Otros contenidos del dosier: Vapor y sauna

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