¿Una sauna? ¡Sí, gracias!

Más vale esperar, pues la entrada a una sauna, una sala de madera cuyo suelo parece una sartén sobre la que calientan piedras porosas, constituye un pequeño trauma térmico. El aire es caliente y seco y la temperatura oscila entre los 80 y 100 grados. Si bien este fuerte calor ambiente elimina toxinas, acelera la sudación y limpia la piel, debes tener en cuenta que no adelgaza.

Bienestar y equilibrio

Una tradición finlandesa que tiene más de 2000 años, la sauna es una costumbre social y familiar en países de lagos helados y bosques azules. Se practica de forma habitual y ofrece a aquellos que la utilizan varios beneficios: calma los nervios, ayuda a expulsar el estrés y elimina las tensiones musculares. Fuente de relajación, la sauna también te ayudará a librarte del cansancio y te devuelve las ganas de vivir gracias a su acción sedante. Los beneficios de la sauna en el campo cardíaco han sido objeto de diversos estudios que han demostrado los efectos beneficiosos de este tratamiento en la circulación sanguínea y en la piel.

Pon a prueba tu capacidad de soportar el calor

A pesar de estar muy valorado para la estimulación de la circulación sanguínea que favorece, para la eliminación de toxinas que genera y para la flexibilidad muscular que procura, es necesario que acudas a tu médico habitual para verificar tu capacidad de soportar el calor que desprende la sauna antes de hacerlo. La vasodilatación por el calor provoca una aceleración rápida de los latidos del corazón, lo cual supone un peligro para las personas propensas a sufrir una enfermedad cardiovascular. Si bien la sauna es una herramienta de relajación muy eficaz, también presenta contraindicaciones en caso de problemas circulatorios. Jamás lo olvides: la sauna es el enemigo principal de la cuperosis, pequeños vasos subcutáneos al nivel de miembros inferiores, así como también de las varices. Asimismo, también se desaconseja a personas asmáticas o que sufren problemas respiratorios, pues acelera la respiración y puede provocar una sensación de opresión.

Después de una ducha caliente relajante, un baño de vapor

Antes de entrar en la sauna, empieza por tomarte una ducha bien caliente que te hará entrar en calor además de relajarte. Espera unos minutos antes de entrar en la cabina.
La sauna es un tratamiento que se practica desnudo y sólo utilizarás una toalla que colocarás alrededor de la cintura por cuestiones de higiene.
No por llevar algo de ropa significa que el sudor se evaporará mejor. Quítate las joyas y las gafas, pues con el calor pueden llegar a quemarte, y, sobre todo, no lleves un libro, pues los vapores a esta temperatura resultan tóxicos. Si te tiñes el pelo, consulta con tu peluquero la resistencia de la coloración. Algunos tintes de cabello no resisten el calor de una sauna. La sauna es, ante todo, un momento de distensión, así que aprovéchalo para relajarte. El primer paso en la cabina dura alrededor de 12 minutos.
El denso calor de la sauna puede resultar un tanto opresivo durante las primeras sesiones. Para aclimatarte, es preferible que te acomodes sobre un banco pues en el escalón superior de la cabina es donde hace más calor. No te sorprendas por las reacciones de tu metabolismo durante la sesión en cabina: la respiración se torna más profunda, la circulación sanguínea es más rápida y los vasos se dilatan.
Para dejar que el organismo conserve una temperatura de 37ºC, el cerebro provoca una reacción fisiológica al calor denominada termólisis. Se trata de una especie de termostato que modula la temperatura del cuerpo con el objetivo de conservar un calor constante y aceptable. Las glándulas sudoríparas empiezan a segregar agua y la pérdida de agua puede llegar a ser de un litro por hora y la temperatura corporal puede subir hasta 40º. Es aconsejable que bebas mucha agua cuando estés en la cabina para compensar esta pérdida.
Cuando el sudor empape tu piel, ya puedes salir. Si tu cuerpo no transpira, no insistas, sal y vuelve a empezar. Después de esta primera secuencia de calor, toma una ducha, este vez fría o fresquita si puedes aunque, para una inmersión completa, prepárate una bañera de agua fría.

Un ritual de descanso

Revigoriza tu cuerpo con este entreacto de frescura, sécate y estírate con las piernas ligeramente levantadas sobre una cama reservada exclusivamente para esto.
Acomódate y abrígate con una manta durante 15 minutos. Justo después de este momento de relajación, tómate una ducha de agua caliente y sécate antes de entrar a una sesión de 15 minutos en la sauna. En cada sauna hay un reloj de arena para calcular el tiempo. Practica una última vez este ritual de ducha fría, secado, descanso, ducha caliente, secado, sauna… En total se aconseja entrar unas tres veces en la cabina, así que el último momento de descanso será un poco más largo, unos 20 minutos después de la última ducha. Puedes utilizar un guante de crin para eliminar la piel muerta que el calor ha despegado y aplicar enseguida aceites esenciales tonificantes sobre la piel.
Saphia Richou

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