Dolores de espalda, esguinces… Descubre la fasciaterapia

La fasciaterapia nace de una toma de conciencia progresiva por parte de los médicos y pacientes. En el cuerpo “todo está relacionado, el hecho de que te duela un dedo del pie puede conducir a descubrir una afección en la rodilla”, señala Philippe Hérisson, kinesiterapeuta. Hoy en día, los libros de anatomía apenas se utilizan, pues si bien son muy detallados están desactualizados, ya que no contemplan el cuerpo humano en su globalidad ni en una dinámica psicológica de los tejidos vivos.

Liberar las tensiones y relajar la cadena muscular

La fasciaterapia proviene del término “fascia”, que designa el tejido conductivo que recubre la totalidad del músculo y de todos los órganos, de pies a cabeza, desde el interior hasta la superficie. Estas “fascias” son, en parte, elásticas y pueden absorber el estrés físico o psicológico que acarrea cierta crispación en algunas zonas.
El papel del fasciaterapeuta consiste en reparar las zonas de tensión y, con la ayuda de masajes, manipulaciones o incluso inmovilizaciones de los puntos bien precisos, hacerlas de nuevo móviles y maleables. A fin de cuentas, la fasciaterapia reequilibra y estimula el potencial energético. En este punto, se acerca mucho a la osteopatía.

¿A quién se dirige la fasciaterapia?

En general, la fasciaterapia es “el último recurso”. Las personas que optan por esta alternativa llevan años sufriendo y, casi siempre, han pasado por procesos que utilizan técnicas médicas clásicas que no han resuelto los problemas. Todo el mundo es consciente que “desde que naces hasta que eres adulto, especialmente los deportistas, el cuerpo está sometido diariamente a agresiones físicas múltiples”, apunta Philippe Hérisson.
Entre las aplicaciones más habituales de esta terapia, se encuentran los dolores de espalda, los esguinces, tendinitis o periartritis, pero también problemas circulatorios, digestivos, ginecológicos. Esta técnica suave, que requiere cierta habilidad del profesional, no presenta grandes riesgos.

Una concepción diferente del cuerpo

Según Philippe Hérisson, el tratamiento fasciaterapéutico, para ser eficaz, no puede elegirse sin antes asegurarse de que el paciente ha tomado conciencia, “una buena comprensión del funcionamiento de su cuerpo. Para el profesional, dominar la técnica, para empezar, junto con la intuición, es esencial”. La sesión dura, en general, entre treinta y cuarenta y cinco minutos y cuesta entre 23 y 46 euros, dependiendo del terapeuta y el lugar donde ejerza.
Actualmente, no existe estudio alguno que confirme los beneficios de la fasciaterapia, pero los pacientes afirman haber obtenido una relajación extrema gracias a esta técnica, lo cual es un elemento a tener en cuenta.
Isabelle Martin

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