La confianza… ¡tiene rostro!

¿Una nueva discriminación?

Estudios preliminares ya habían demostrado que las cualidades que se atribuyen a las personas de apariencia agradable eran la inteligencia, la capacidad de liderazgo y competencias varias. Por esta razón, les resulta más fácil obtener un empleo o un préstamo bancario. Entonces, ¿nos dejamos engañar por la belleza? No necesariamente. Si los “guapos” corren con mayor ventaja al principio, sus errores serán juzgados con mayor dureza que los del resto. Pero, una vez más, ¿podemos realmente hablar de ventajas?

Un estudio más reciente precisa que la confianza que se ofrece a las personas con físicos privilegiados les hace sentirse más responsables porque saben que están en el punto de mira. Los encantos físicos pueden igualmente facilitar el primer contacto, pero es la mirada de los otros –y no su propio aspecto– lo que les permite a los “agraciados” tener más confianza en sí mismos.

Pero la confianza no es una cuestión de apariencia sino que es la relación y la atención entre los individuos lo que permite que crezca. ¿Y si la belleza naciera de la confianza que sentimos internamente?

La cara es el espejo del alma

La belleza tiene un lugar predominante en nuestra sociedad actual. Basta salir a la calle y ver los carteles publicitarios plagados de modelos de aspecto inmaculado. Pero el poder de la belleza no es algo nuevo. En 1882, el poeta y filósofo alemán Johann Christoph Friedrich Schiller declaraba que “la belleza física es el signo de una belleza interior, una belleza espiritual y moral”.

En 1972, en la publicación titulada “Lo que es bello y bueno”, la psicóloga Karen Dion explicaba que existe un vínculo entre el carácter de una persona y su apariencia física. “Por ejemplo, una persona tranquila y relajada podría desarrollar menos arrugas que alguien que esté siempre tenso e irritado”, escribía. Y es así es que el dicho “la belleza está en el interior” adquiere todo su sentido.

La belleza de la confianza

“Esta persona está radiante”. Todos hemos pronunciado estas palabras al referirnos a alguien alguna vez. Y cuando la vemos nos damos cuenta de que simplemente está feliz y de que confía en sí misma. ¿Cómo lo consigue? Llevando el estilo de vida que le place y dándose pequeños caprichos de vez en cuando.

Para vivir satisfactoriamente es importante adoptar las “medidas clásicas”: hacer deporte, divertirse, comer bien, descansar, crear un ambiente armonioso en casa… Pero sobre todo hay que quererse y dejar de compararse con los demás. Cada cual es diferente y, finalmente, es la autoconfianza la que nos hace atractivos.

S. Toetsch

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