¿Por qué buscamos reconocimiento?

Tu chico no te dice gracias después de haberle preparado una cena digna de una estrella Michelín, tu amiga olvida llamarte por tu cumpleaños… Estos comportamientos pueden suscitar infinidad de sentimientos negativos. No te sientes valorada, crees que no mereces la atención de tus seres queridos o, peor, que no te tienen en cuenta... En definitiva, no te sientes reconocida.

La infancia, la época del reconocimiento

Para Bartoli, autora de Dominer sa part d´ombre (Dominar nuestra parte sombría), “esta necesidad se satisface al principio mediante las miradas y las atenciones, es algo muy sensorial”. Una madre que mira con ternura a su bebé cuando le da el pecho o el biberón, por ejemplo, hará que se sienta satisfecho. Un bebé observado, mimado a través gestos y palabras y que está en brazos de sus padres, se siente reconocido. “Hacerle un lugar al niño, acogiéndole, ya es un buen comienzo, porque forma parte de una hermandad, de una familia”, agrega la psicóloga. El lugar que encuentra junto a su madre y a su padre es determinante para que puede inscribirse en la familia primero y en un grupo social o profesional después.

Y al contrario, cuando no se ha sentido reconocido, el niño buscará serlo en otros ámbitos de su vida, sin lograrlo.

Necesidad de reconocimiento en el trabajo

“Siempre me veo obligado a mendigar miguitas de reconocimiento”, se queja Felipe, que acaba de conseguir, finalmente, un aumento de sueldo. Sin embargo, sigue sintiéndose insatisfecho.

La interpretación: hay muchas personas que debieron luchar en la infancia para atraer la atención de sus padres. Una vez que son adultos, continúan haciéndolo, lo cual les produce tensión. Se esfuerzan más que los demás e intentan destacar para hacerse notar. Pero al quedar sus esfuerzos sin reconocimiento, se agotan. Por otra parte, un solo éxito no les satisface del todo, sino que buscan el reconocimiento constantemente.

Nuestra pista: “Cuando esta búsqueda se vuelve agotadora, porque nunca queda satisfecha, preguntarse detrás de qué se corre es esencial. ¿De las atenciones del jefe? ¿De un cumplido sobre el trabajo? ¿De palabras de aliento que indiquen que la empresa no puede prescindir de uno? En realidad se está intentando llenar un vacío que se remonta a mucho tiempo atrás”, insiste Bartoli. Esperar elogios por un trabajo bien hecho, que ha costado mucho esfuerzo, es legítimo. Sin embargo, no debe ser vital. De hecho, una vez que somos adultos, sólo nosotros podemos darnos ese reconocimiento: la satisfacción de haber hecho bien el trabajo es algo propio. Después, si los demás la comparten, incluido el jefe, ¡perfecto! Pero si no recibimos adulación ninguna, no debemos desmoralizarnos ni dudar de nuestras competencias.

En cambio, si las palabras de un superior nos desvalorizan es normal que sintamos inquietud, pues es diferente de una crítica constructiva, que a veces es necesaria para mejorar. En ese caso debemos hablar con él.

La noción clave: sentirse reconocido en el trabajo pasa primero por reconocerse a uno mismo. Tener consciencia de haber hecho bien el trabajo es la clave para dejar de esperar cumplidos exteriores.

Necesidad de reconocimiento en el amor

“Le preparo su plato preferido y ni me da ni las gracias”. “Me pongo el vestido que más le gusta ¡y ni un piropo!”, se queja Julia.

Interpretación: hay quienes están acostumbrados, desde pequeños, a recibir señales de reconocimiento cada vez que hacen algo bien, de manera que tal vez hayan integrado que para ser reconocidos deben satisfacer las necesidades de otros. Una vez que son adultos, existen en función de los demás, se desviven por complacer. Suelen sentir que lo hacen de todo corazón, pero en realidad están esperando elogios que por supuesto no llegan nunca.

La pista: cuando lo que se percibe como una falta de atención o reconocimiento nos hace sufrir, intentar comprender la historia familiar es importante. ¿Desde cuándo me comporto así? ¿De quién espero tanto reconocimiento? No se trata tanto de juzgarse como de elegir un cambio. “Nuestra vida suele girar en torno a esa persona, que no nos da lo que queremos, como si solamente existiéramos en función de la atención que nos da”, comenta la psicoterapeuta.

Lo más importante es retomar el poder: existir solo depende de uno mismo. También es importante cambiar de estrategia e intentar convertirse en esa persona a quien tanto queremos complacer, y para ello debemos mimarnos.

La noción clave: darse palabras de reconocimiento pasa por ser menos duro con uno mismo. Ser nuestra propia madre ayudará a que dejemos de demandar la atención de los otros.

C. Maillard

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