¿Qué se esconde detrás de la idealización de los demás?

En filosofía se dice que el “ideal” es un estado inalcanzable pero próximo, dado que guarda cierta correlación con lo real. Es un término que suele estar asociado al concepto de excelencia, perfección o prototipo. En base a él, surge el fenómeno de la idealización que, si bien es un proceso psicológico normal, en determinados periodos vitales, mantenido en el tiempo, puede producir un gran malestar y dar lugar a relaciones de tipo desigualitarias, entre otros aspectos.

En este artículo hablaremos sobre esto, veremos en qué consiste exactamente el fenómeno de la idealización, qué perfiles se ven más aquejados de ello, cómo podemos evitar o prevenir idealizar a los demás con el fin de que nuestras relaciones interpersonales sean lo más satisfactorias posibles.

¿Qué es idealizar?

Idealizar consiste en otorgar al otro aspectos o cualidades que, aunque si bien puede que en cierto grado posea, hacerlo bajo un prisma de distorsión, elevándolo, prácticamente, a la categoría de divinidad.

Se trataría de un mecanismo defensivo dado que uno proyecta o evoca en el otro su yo ideal.  La defensa está, en que al evocarlo a un tercero,  evitamos, por un lado, la frustración para con uno mismo de no ver cumplido nuestro ideal, resultando un factor reductor de nuestra ansiedad, al menos a corto plazo y, por otro lado; asignar a otro la categoría de casi perfecto nos sitúa en una posición de desventaja con respecto a este, aspecto que favorece las relaciones de tipo desigualitarias.

El proceso de idealización

Los procesos de idealización son normales en determinadas etapas o periodos vitales,  por ejemplo: durante la niñez, donde es común, que el pequeño idealice a sus principales cuidadores, en general, la madre o el padre a quien ve como héroes, esto, en parte es normal dado que el niño depende enteramente de estos.

También en los periodos iniciales del enamoramiento se produce cierta idealización hacia el objeto amado, ensalzando las virtudes y obviando los defectos de este, es importante, matizar que esto será temporal, si se mantiene en el tiempo puede dar lugar a relaciones de subordinación y/o dependencia afectiva.

También puede ser típico de aquellos amores que conocemos como platónicos, donde en base a una cualidad sea carisma, belleza o poder, ensalzamos al otro y, junto a la inaccesibilidad que lleva asociado este tipo de relaciones, lo endiosamos. Es importante no confundir con la admiración que podamos sentir hacia determinadas personas, sean próximas o no, en nuestra vida, dado que  ésta, al contrario de la primera no responde a una fe ciega sino que la persona es capaz de reconocer los errores del otro.

Durante el proceso de idealización, el sujeto idealizado tiene licencia para hacer cuanto le plazca pues le hemos elevado a la categoría de dios. Es  importante señalar que cumple la función de objeto en nuestra vida, actuando este, como  un espejo donde evocamos nuestros más inconscientes deseos.

El problema es que este estado es difícil de mantener en el tiempo puesto que el nivel de expectativas es tan elevado que ante el mínimo fallo por parte del sujeto idealizado pronto será interpretado por el otro como una señal de decepción y desengaño, aspecto que no podemos permitir en quién consideramos cuasi perfecto.

Las personas que suelen tener tendencia a idealizar a los demás ante este estadio buscan de nuevo un substituto. Es importante señalar que esta persona no tiene que cumplir el papel de pareja necesariamente. Veamos que perfiles son más propensos a idealizar.

Perfiles proclives a idealizar

Situar al otro en una posición superior nos deja en una mala situación a nosotros y, por tanto, se deduce, que suele aquejar a personas con baja autoestima y autoconcepto. Una persona con unas sólidas bases, difícilmente en su edad adulta, idealizará a otro a no ser que se encuentre en un estadio inicial de enamoramiento.

También aquellas personas con perfil inseguro que buscan el reconocimiento externo en base a su valía se verán aquejados por el fenómeno de la idealización.

Suelen ser personalidades dependientes, inseguras, ansiosas y evasivas, todas ellas pertenecientes al cluster C de personalidad. Establecen relaciones de subordinación para con  los demás buscando complacer al otro con el fin de obtener reconocimiento.

Cómo evitar caer en la idealización

Idealizar al otro puede llevarnos al desgaste y sufrimiento y para que ello no ocurra es importante tener en cuenta una serie de aspectos.

  1. Sé consciente de quién eres tú, de tus virtudes y defectos y sobre todo, de aquello de lo que te sientes verdaderamente orgulloso. Conocerte siempre será un primer paso para evitar cualquier conflicto psicológico que te pueda acontecer.
  2. Entiende que el otro es alguien común, como todos los demás, con sus aspectos positivos y negativos. Comprender esto puede ayudarte a disminuir tu ansiedad.
  3. Nadie es más que tú. Como tú tampoco eres más que nadie. Situar al otro en una categoría superior solo te lleva a infravalorarte y favorece las relaciones de tipo desigualitario.
  4. Destacar en un aspecto no te convierte en perfecto. Hay personas que poseen una cualidad muy desarrollada, un campo o aspecto, donde sobresalen con respecto a los demás  pero eso no las convierte en perfectas. Intenta buscar en qué aspectos sobresales tú y busca explotarlo a partir de ahora, ese será una de tus fortalezas.
  5. Intenta empatizar con el otro. Para él puede suponer un alto componente ansiogeno no poder cumplir con tus altas expectativas. Para el otro tampoco es sencillo verse elevado cuando se conoce como imperfecto.

Si aun así no te ves con los recursos suficientes para salir de una espiral idealizadora, no dudes en consultar con un especialista.

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