La carga mental de tener que pensar en muchas cosas a la vez

¿Qué es la carga mental?

«El concepto de carga mental lo definió por primera vez la socióloga francesa Monique Haicault en 1984. Se trata del hecho de tener que pensar simultáneamente en temas que pertenecen a mundos separados físicamente. Es, por ejemplo, lo que experimentan las madres en el trabajo que no dejan de pensar en las tareas que tienen por hacer en casa al volver de trabajar», explica Aurélia Schneider, psiquiatra especialista en terapia conductual y cognitiva en París.

La ironía ha querido que, durante la entrevista, Schneider deba interrumpir nuestra conversación para contestar al móvil. Tras colgar, la psiquiatra apunta: «Este es un ejemplo típico de carga mental; ahora tengo que acordarme de llamar a esta paciente cuando esté en la consulta esta tarde en el hospital».

La carga mental va más allá del concepto de doble jornada laboral empleado para designar la realización de las tareas domésticas después del trabajo remunerado, principalmente en mujeres. «Es más que eso, pues la persona se ve invadida de pensamientos de un lugar diferente del aquel donde se encuentra físicamente».

La carga mental no es solo cosa de mujeres

Podríamos pensar que la carga mental es algo que afecta a mujeres con pareja e hijos. «No es verdad», desmiente la doctora Schneider. «Aunque de forma menos frecuente, también la sufren las madres solteras, los padres divorciados con custodia compartida y los hombres de baja por paternidad». La sociedad moderna, concretamente el mundo del trabajo de hoy en día, nos obliga a gestionar varias tareas al mismo tiempo.

No todo el mundo soporta igual esta presión. «En los casos de carga mental, nos encontramos con dos tipos de personas: unas la sobrellevan sin problema y otras no. A las primeras solo tengo que felicitarlas, ya que las otras frecuentemente se ven desbordadas y terminan explotando».

Aprender a bajar el ritmo y a enfocar las cosas con perspectiva

Los síntomas típicos de la carga mental son los siguientes:

  • sensación de falta de tiempo o de tener que hacerlo todo urgentemente
  • sensación de estar siempre desbordado, de tener mil y una cosas que hacer
  • hacer listas de tareas que nunca se consiguen cumplir
  • compararse con los demás y sentirse culpable por no dar abasto

Todas estas sensaciones acaban afectando a nuestro organismo, provocando cansancio, estrés, dolor abdominal, lumbago y dolor de cabeza, entre otras afecciones. «En estos casos, debemos revisar nuestras prioridades y aprender a no cometer excesos», explica la doctora Schneider. Para ello, yo propongo ejercicios sencillos a mis pacientes: por ejemplo, a los perfeccionistas les digo que piensen en el impacto de no realizar una tarea cotidiana, como quitar la mesa después de desayunar, a cinco años vista. Si un día no se hace, ¿qué consecuencias tiene a los cinco años? Ninguna. Otro consejo: pasar tiempo con los amigos «para alternar, salir de la rutina y desdramatizar aquello por lo que nos sentimos culpables». ¿Y en pareja? «El apoyo mutuo y el agradecimiento son importantísimos. Lo importante no es que el lavavajillas esté lleno a nuestra manera, sino que se laven los platos», concluye nuestra especialista.

S. Boultif

Fuente:

Entrevista con la doctora Aurélia Schneider en marzo de 2018

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