La nueva realidad de casarse después de tener hijos

No hay duda, el esquema familiar ha cambiado por completo. Además de la aparición de las familias monoparentales y homosexuales, las etapas claves de nuestra vida ya no son las mismas. Así, pasar por el altar, por ejemplo, ya no es un trámite obligatorio. De hecho, desde 1965, el número de bodas ha disminuido en un 56%. Consecuencia: la mayoría de los niños nacen fuera del matrimonio.

Hijos antes del matrimonio: una realidad actual

Nuestras prioridades han cambiado en los últimos años. Para convencerse, basta consultar la publicación "España en cifras" para el año 2017 que recoge información demográfica del INE (Instituto Nacional de Estadística). Hoy en día, un 44,5% de los bebés nace fuera del matrimonio. Entre la ampliación de la duración de los estudios y la llamada del reloj biológico, concebir un hijo se vuelve una prioridad con respecto al matrimonio entre los treintañeros. "Hoy en día, podemos observar que el esquema clásico: conocerse, comprometerse, casarse, tener hijos, ya no afecta a la mayoría de las parejas. Se sigue respetando en familias «convencionales» y suele estar vinculado a creencias religiosas", destaca Catherine Pierrat, psicóloga.

A menudo organizados con un año de antelación, los planes de boda pueden verse alterados por un embarazo "sorpresa". Mientras algunas decidirán casarse embarazadas, otras preferirán posponer la fecha de la boda hasta unos meses después del nacimiento del bebé.

¿Por qué casarse después de haber tenido un hijo?

Según la psicóloga, "puede que la pareja no haya abordado antes el tema del matrimonio como base para fundar una familia y, en cambio, después del nacimiento de su primer hijo, o de varios, decida casarse por diversas razones. Estas pueden ser de tipo administrativo (queremos darles todos los derechos a nuestros hijos), de tipo festivo (queremos reunir a nuestras familias y amigos), o simplemente para formalizar su estatus familiar".

Claudia, hoy en día madre de dos adolescentes, y casada desde hace quince años, confirma: "Al principio de nuestra relación, me daba igual estar casada o no. Sin embargo, me quedé embarazada muy rápido, después de menos de seis meses de noviazgo. Viví plenamente mi embarazo pero, luego, cuando nació mi hijo, quisimos formalizar nuestra situación y asegurarnos de que los dos teníamos los mismos derechos y obligaciones con respecto a nuestro hijo. Para mí era lo más importante. Cuando nos casamos, nuestro hijo tenía tan solo 8 meses".

¡Boda y bautizo al mismo tiempo!

Aplazar o modificar los planes de boda tras el nacimiento de un primer hijo implica, inevitablemente, otro tipo de organización del que podíamos haber planeado para una unión clásica, sin hijos. Claudia optó por una ceremonia completa. "Alejandro estuvo muy implicado en nuestra unión, no solo porque fue nuestro paje, sino porque además celebramos su bautizo al mismo tiempo. El día fue inolvidable y estuvo doblemente lleno de amor. Fuimos muy felices de poder compartir ese momento con él".

Una boda y un bautizo por la iglesia, el mismo día, un trámite religioso que también escogieron Marta y Juan, treintañeros, unos meses después del nacimiento de su pequeño Álvaro.

Implicar al niño en la boda civil

Para los jóvenes papás que optan por una boda sin ceremonia religiosa, se les plantea la cuestión de cómo implicar al niño. "Cuando el niño nace antes de la boda, está claro que participará en mayor o menor medida en los preparativos. Él también puede tener su papel en el día D. Todo dependerá de la edad que tenga. Sin embargo, no hay que olvidar que el matrimonio es ante todo el símbolo de la unión entre dos adultos, incluso si esas dos personas se han convertido ¡en tres o más!", advierte la psicóloga. Y añade "el día de la boda es importante hacer que el niño participe (puede llevar los anillos, las arras o la cola…). Es normal que aparezca en algunas fotos pero ¡no en todas las fotos de pareja! La clave está en contar con él respetando el símbolo de la unión y la intimidad de los padres".

Ver que sus padres se casan: aspectos psicológicos

Según la edad, el niño manifestará ciertas emociones y os hará preguntas sobre vuestra boda, durante los preparativos y, especialmente, el día D. Una situación que no debemos pasar por alto, ni banalizar. "Para un niño, ver casarse a sus padres suele ser vivido como una fiesta en familia con una emoción predominante, la felicidad. En cambio, en algunos casos, si el niño está atravesando un periodo de «celos» hacia uno de los padres, el día de la boda puede ser vivido como un rechazo. En ese caso, será necesario explicarle bien todo lo que va a ocurrir y que algún miembro de la familia esté cerca de él, para que se sienta en un entorno reconfortante en un día en el que sus padres no podrán estar a su entera disposición", concluye Catherine Pierrat.

M. Morizot

Fuentes:

Catherine Pierrat es psicóloga especializada en el acompañamiento familiar (parejas, niños...) http://www.psychologue-nice.org/

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