Realizarse a pesar de los padres

Aunque el proverbio asegura que incluso la oveja descarriada al final vuelve a casa, lo cierto es que el modelo familiar actual se aleja mucho de un rebaño. Y eso suele desestabilizar a los padres. Ante esta posible ruptura del vínculo familiar, muchos padres, conscientemente o no, ponen en marcha un mecanismo de protección que tendrá repercusiones en el crecimiento y plenitud de sus hijos.

Padres ansiosos aferrados a un modelo familiar

Los padres que impiden la evolución de sus hijos porque se alejan de un modelo familiar perfecto tienen un punto en común: miedo al cambio.

  • Miedo al cambio

Son padres que no han recibido obligatoriamente esa educación”, explica Gisèle Harrus-Révidi. “Son, sobre todo, personas que temen un cambio o cualquier movimiento importante. Para conservar cierta coherencia, necesitan que sus hijos permanezcan en el mismo grupo social, en el mismo entorno. Y eso afecta a todos los niveles sociales”. Así pues, un abogado no querrá que su hijo sea bombero, ni un paleta querrá que su hijo se vuelva artista.

  • Miedo a no poder ayudar a sus hijos

Tras este miedo al cambio se esconde un temor de no poder ayudar a su hijo (en caso de necesidad) por falta de conocimiento de ese mundo nuevo que ha escogido. “Poner trabas a la evolución de un niño no siempre tiene un fundamento negativo”, comenta la psicoanalista. “Pero los padres tienen miedo a que, si su hijo sale de la órbita, se vean desbordados. Tienen miedo a perder el diálogo, a dejar de tener las mismas referencias, los mismos valores. Además, perciben estas diferencias como un replanteamiento de la referencia familiar”.

  • Celos inconscientes

Y, en ciertos casos, para muchos padres también es muy difícil ver cómo sus hijos triunfan en algo en lo que ellos fracasaron y, de algún modo, se las ingenian para impedirlo. “Es posible que exista una especie de rivalidad inconsciente en que el padre le dice al hijo: “esto se te da fatal”. Son palabras que, si el niño malinterpreta, pueden hacerle cometer errores”.

Niños que crecen con un vacío afectivo

Ya desde muy pequeños, los niños se sienten muy distintos de sus padres, o del resto de sus hermanos. Así pues, tratarán de imponer su opinión y, a cambio, los padres activarán mecanismos para mantenerle a raya.

  • Prohibición de pensar más allá de ciertas referencias

Hay tantas formas de actuar como familias. Sin embargo, muchas coinciden en una cosa: en prohibir tener ideas distintas, tener aspiraciones diferentes a las de la familia. Y eso puede ser una fuente de preocupaciones”, explica la especialista. “Adoptarán un discurso negativo para todo aquello que rechazan y alentarán todo aquello que les convenga. Por ejemplo, un padre amante del fútbol animará a su hijo a que también le guste y, respecto a este tema, adoptará un discurso positivo. Y, al revés, si el crío es un apasionado de la pintura, el padre mostrará poco interés de forma que, al final, el hijo acabará por abandonar esa afición. Hay que saber que todas estas cosas no suelen incluir una agresividad parental”, destaca Gisèle Harrus-Révidi.

  • Vacío afectivo y culpabilidad

Las palabras o los gestos violentos no suelen considerarse como elementos educativos y, sin embargo, sí que existe una cierta violencia al rechazar a la “oveja negra”. La autora se refiere, sobre todo, al rechazo al cuerpo, a la ausencia (o carencia) de besos y cariño al niño. Muchas acciones, o inacciones, provocan en el niño “un sentimiento de inadecuación y desvalorización”, pero también un sentimiento de culpabilidad frente a sus padres, ya que se siente distinto y no cree estar a su misma altura.

  • Miedo a no ser querido

Una de las consecuencias es que el niño duda constantemente de sí mismo: “Estos niños, incluso de adultos, tendrán miedo a no dar la talla, a no ser capaces. Sufren muchísimo y el dolor es latente: ¿me querrán? ¿Merezco ser querido?”. Pero a pesar de todas estas trabas, muchos niños acaban superándolo.

Una única solución: ¡progresar!

Cuando se sufre de niño, nunca se olvida”. Los niños que han crecido basándose en un vacío afectivo han construido un “sistema de defensa desde la primera infancia que se basa en no depender de nadie, en no esperar nada de nadie, en esconder su amor y en no reclamar nada”.

  • Niños independientes que buscan reconocimiento

Los niños que aprenden sin ayuda ni apoyo externo se convierten en adultos independientes. “En general, son personas muy resolutivas que se espabilan por sí mismas. Y, no nos engañemos, es una gran virtud”. Sin embargo, aunque estos niños sean capaces de salir adelante por sí solos, lo hacen con cierta “melancolía”, comenta Gisèle Harrus-Révidi. “A pesar de su éxito, dudan de sí mismos y siempre buscan el reconocimiento de los demás”.

  • Siempre es posible realizarse

A pesar de todo, la psicoanalista es optimista. Según ella, hay que dejar “que las cosas ocurran”. A pesar de todas estas trabas, siempre es posible realizarse y, aunque los padres deseen, de forma consciente o no, ver en sus hijos una especie de continuidad narcisista de lo que ellos son, uno no puede escapar de quién es.

J.  Xavier

Fuentes: Entrevista a Gisèle Harrus-Révidi, 21 de abril de 2015  

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