Vivir con un machista, ¿es posible?

Ya hace más de treinta años que Clara convive con un machista. Naturalmente, él considera que, aunque ambos trabajen a jornada completa, es su mujer quien debe encargarse de preparar la cena. “No lo hace con mala intención; para él es así, y punto”, nos explica ella. Pero todo lo que parece indiscutible tiene ciertas prerrogativas. “Llevo veinte años esforzándome por un proyecto común con mi marido. Pero al final, él no es capaz de reconocer mi trabajo. Según él, ¡no he hecho nada!”, lamenta Clara. También nos confiesa que su marido necesita controlar los asuntos económicos del hogar para asegurar su dominación.

Convivir con un machista

¿Y qué pasa con la educación de las hijas? Según Clara, es asunto de mujeres. “Él ni se plantea cambiar un pañal. Pero cuando la mayor cumplió 20 años, se atrevió a decirme que, si lo hubiera hecho mejor, nuestra hija sería “más decente”. Está tan seguro de lo que dice que incluso ha llegado a convencerme de que he educado mal a nuestras hijas. Debo decir que él da la imagen de hombre perfecto, responsable y emprendedor”, comenta.

Para Patrick Estrade, periodista, el machista está más que convencido de su excelencia. “El machista de hoy en día es un patriarca sin responsabilidad. Dicta su ley y no duda de la superioridad del hombre sobre la mujer. Por eso se dedica a dar órdenes en función de lo que cree que los demás merecen”, explica.

Los riesgos de vivir con un machista

Puesto que el machista se cree superior, tiende a mostrarse muy exigente con su entorno, tal y como ilustra el ejemplo de Clara. Así pues, es necesario tener un carácter fuerte para no ceder y someterse siempre a él y a su opinión. “Además de arriesgarse a convertirse en una especie de criada para su marido, la mujer puede cometer el grave error de subestimarse y retraerse en sí misma. Esta falta de autoestima está relacionada con un déficit narcisista”, confirma el psicólogo.

Una opinión que comparte Clara. Según ella, el mejor consejo que se le puede dar a una chica que se enamora de un machista es “recordar quién es”.

¿Por qué vivir con un machista?

El machista se considera un ser perfecto. Afortunadamente, esto tiene una ventaja: se esmerará para ser el mejor en todo y así estar a la altura de sus expectativas. “En su lógica, él te domina pero, en el fondo, él quiere saber que estás orgullosa de él o, de lo contrario, se sentirá vacío”, explica Clara. Según Patrick Estrade, “para una mujer, resulta gratificante estar con un hombre fuerte”. El psicólogo opina que es importante entender por qué nos llaman la atención los hombres machistas: ¿para sentir seguridad? De ser así, te será imposible reprocharle aquello que te sedujo de él en un principio, ya que hay que reconocer que el machista tirano tiende a mostrar su lado déspota y protector al inicio de la relación. Para Clara, las cartas se echaron el primer día pero “como tengo mucho carácter, no me amedrenté”, explica.

Mujer de machista, ¿mujer sumisa?

Aunque el machista intente comportarse como una apisonadora con su compañera, no todas son mujeres sumisas. Por ejemplo, muchas amigas de Clara se preguntan cómo ha sido capaz de soportar el comportamiento de su marido pero, en ningún caso, la consideran sumisa. De hecho, Clara se define como una mujer “guerrera”, y según Patrick Estrade, ella es la prueba que confirma que la ecuación no es sistemática. “Entre un macho alfa y su compañera se establece una especie de rivalidad. Mientras se mantenga esa rivalidad, la relación estará viva”, comenta el psicólogo.

¿El macho puede cambiar?

Este tipo de hombres se sienten superiores a la mujer. Por lo tanto, no es más que “un juego social, un aparentar” que, en general, siempre se adopta de puertas para dentro, según el psicólogo. Sin embargo, el macho alfa no es duro como un leño de madera, sino un ser manejable que puede cambiar (aunque estos cambios siempre están relacionados con su nivel de inteligencia). Para Clara, la relación que mantiene con su marido podría compararse con “la guerra de los cien años”. “Durante los primeros quince años de nuestra relación, pasé de la rabia e impotencia a la rebelión. Escogí no aceptar ese comportamiento. Aunque sé que no cambiará de opinión después de nuestra conversación (puesto que es muy difícil discutir con él), al menos le habré plantado cara y estaré un par de días de morros. La próxima vez, por mucho que desee llevar la razón, medirá un poco más sus palabras. Ahora, después de treinta años, ¡por fin veo los resultados!”, explica.

Según Patrick Estrade, la mejor actitud que puedes adoptar es centrar el discurso en ti misma en lugar de entrar en acusaciones. “No le acuses de ser así o asá, y dile algo tipo “me niego a aceptar el modo en que me hablas delante de los demás”, prosigue. Evita las amenazas si no estás preparada para cumplirlas. Por último, nuestro especialista aconseja tener la cabeza bien firme y tranquila y, sobre todo, no intentar imponer nuestro punto de vista en “campos de batalla secundarios”, es decir, en temas sin importancia. “Para convivir con un macho alfa se necesita mucha paciencia y amor”, concluye Clara.

P. Jonquères d'Oriola

* Patrick Estrade, asesor de M6 en el programa Para lo bueno y para lo malo

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