Resistencia: nuestro mecanismo de defensa ante el miedo

Nuestro organismo tiende a buscar la homeostasis, es decir, su equilibrio interno. Sin embargo, muchas veces nuestro equilibrio se ve amenazado por fuerzas externas (estresores psicológicos) que nos abocan a ciertos miedos, en ocasiones inconscientes, que salen a flote. La tendencia en estos casos es la de luchar por recuperar nuestro estado de equilibrio anterior, y para ello activamos mecanismos defensivos, que en gran parte de los casos se personifica en resistencia.

En este artículo explicaremos qué es la resistencia como mecanismo de defensa y qué uso tiene en psicoterapia.

Los mecanismos de defensa

Los mecanismos de defensa son mecanismos que de forma más o menos inconsciente se encargan de minimizar las consecuencias de un evento que nuestro psiquismo interpreta de demasiado intenso, sintiéndose fuertemente amenazado. En estas situaciones, nuestros mecanismos de defensa se activan de manera automática ante la lucha de no creer estar preparados. Su fin es que poniéndose en marcha, el individuo pueda seguir funcionando correctamente.

Cuando no regulamos bien estos mecanismos de defensa, nos puede acarrear males mayores como por ejemplo: ciertas neurosis, estados depresivos, ansiedad y/o trastornos psicosomáticos.

Qué es la resistencia psicológica

Entendemos la resistencia psicológica como una actitud de oposición, ya sea hecha por el sujeto de manera consciente o no, y que lleva implícito el miedo a la supuesta ruptura del equilibrio psicofísico. La persona busca querer mantener a toda costa lo conocido, pese a que ello implique continuar con el malestar. Esta actitud suele responder a miedos reprimidos o a un intenso temor ante los cambios.

La resistencia dentro del proceso terapeútico

La resistencia psicológica es muy habitual en los procesos terapéuticos, sobre todo en los inicios de la misma. Además, no necesariamente tiene que ser un indicativo de mal pronóstico terapéutico.

Su aparición se considera simplemente una señal a tener en cuenta, que puede indicar miedos reprimidos o que no se ha forjado aún la suficiente alianza terapéutica, aspecto de vital importancia, para conseguir los cambios deseados.

La resistencia, como ya hemos explicado, no se concibe como algo necesariamente negativo, sino que puede servir para descifrar ciertos aspectos del sujeto y del proceso psicoterapéutico, y una oportunidad para hacer cambios y ajustes a partir del nuevo conocimiento.

Tipos de resistencia

Existen infinidad de tipos de resistencias, sin embargo, vamos a mencionar los más comunes.

  • Resistencia como miedo a no querer cambiar: Ante el miedo que despiertan los cambios y la posible incertidumbre que lleva implícito, se ponen en juego las resistencias del sujeto
  • Resistencia como miedo a no querer afrontar algo: Generalmente acontece ante el dolor que produce la aceptación del mismo hecho en sí, lo que lleva a la resistencia del mismo.
  • Resistencia como miedo a perder el beneficio secundario: Cuando una situación lleva mucho tiempo manteniéndose, generalmente la persona sea de forma consciente o no, obtiene un beneficio secundaria por la misma, lo que refuerza el mantenimiento de esta resistencia.
  • Resistencia como miedo a autodescubrirse y no gustarse: Ante el posible miedo de lo que está por salir de uno mismo de forma inconsciente se despiertan resistencias que dificultan los progresos.
  • Resistencia como miedo o rebelión ante la autoridad: Se despierta ante la figura del terapeuta, el cual se interpreta como un intruso, la forma de rebelarse es luchar por seguir actuando como hasta ahora, dando lugar a la aparición de resistencias.

Cómo trabajamos con ella en sesión

Es importante tomar conciencia de la misma, así como de la necesidad de reducirla con el fin de seguir avanzando en nuestro propio proceso de autorealización. Para ello deberemos trabajar sobre:

  • Fomento de la alianza terapéutica: como hemos comentado con anterioridad, el vínculo que se establece con el terapeuta es de gran relevancia para conseguir los cambios que buscamos.
  • Principio de beneficiencia del psicólogo: Entender que el psicólogo actúa frente a un principio de ética profesional que se basa en la beneficiencia del paciente  y que, por tanto, no hará nada con el objetivo de dañarnos.
  • Trabajo sobre la ambivalencia afectiva: Ante procesos de cambio es habitual que surjan ciertas ambivalencias que nos hagan dudar. Es importante analizar a qué miedos responden éstas y actuar de raíz.
  • Entender que el cambio es a mejor: Y los beneficios a largo plazo que obtendremos si finalmente nos aventuramos a ello.

Otros contenidos del dosier: Fobias y miedos

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