Así exponemos nuestra relación de pareja en las redes sociales

Vemos lo que desean, enseñamos lo que queremos

Nuestra idea de amor romántico viene construida por lo que hemos visto desde pequeños en las películas y hemos leído en las novelas. La historia de amor ideal comienza con un flechazo, a partir del mito de la media naranja por el cual cada individuo está predestinado a otra persona que le completa, cuando la pareja se forma nos han dicho que el amor puede con todo, que hay que hacer sacrificios e incluso renunciar a valores importantes para nosotros pero que merece la pena porque esa es la persona que más nos amará en el mundo y que nos complementará a la perfección. La pareja ideal siempre va junta a todas partes, pero tienen un millón de amigos, viajan juntos a lugares impresionantes, se casan y tienen hijos y son inmensamente felices.

Aunque Internet amplia nuestras miras, seguimos buscando lo que confirma nuestras creencias iniciales y nos sentimos más cómodos viendo a parejas hacer lo que nos han dicho que deben hacer. Imágenes de besos, viajes, sonrisas, bodas y bebés. Textos dedicados al otro que leen miles de personas porque eso es lo importante. Ahora las redes sociales son nuestro Disney actualizado.

Sabemos, aunque a veces se nos olvida, que solo enseñan el lado edulcorado de su relación, que detrás de cada foto hay mucho tiempo de preparación, que no inmortalizan las discusiones, los malos pelos, las dudas ni los achaques. Aun así preferimos creer que eso existe, que está muy cerca y que, por tanto, nosotros también podremos disfrutarlo.

Y conocemos a una persona, nos enamoramos y, es posible que muchos momentos sean como los hemos imaginado, pero otros son reales. Real no significa peor, significa que existe, porque la otra idea no es real pero nos resistimos a creerlo. Así que nosotros también publicamos besos, sonrisas y declaraciones de amor eterno. También nos volvemos Disney.

Cuándo nos exponemos demasiado

Más allá de los peligros en cuanto a robo de identidad, acoso virtual, etc., de los que todos somos más o menos conscientes, la exposición continua de nuestra vida de pareja puede tener consecuencias para la misma.

Es posible que, por más que hagamos exactamente lo mismo que hacen otras parejas expuestas en la red, publicar solo los momentos buenos y guardar los otros, sigamos pensando que lo de ellos sí que es real y lo nuestro una farsa. A la vez que hacemos más y más fotos tratando de plasmar toda nuestra felicidad, las comparamos con las de otras parejas, incluso desconocidas y queremos ser como ellos, así de felices y enamorados.

Algunas personas se esfuerzan demasiado en cuidar la imagen que dan a los demás, incluso a desconocidos y pueden probar mil poses para que realmente esa foto transmita amor o estar horas pensando una frase que deje a todo el mundo llorando a lágrima viva, pero no poner ese mismo esfuerzo en que su pareja capte ese sentimiento. Imagina que estás con una persona que te gusta mucho y te lleva a un restaurante precioso, pero está toda la cena haciendo fotos a los platos y selfies contigo, en lugar de interesarse por ti, directamente, sin pantallas de por medio.

¿Y qué ocurre si esa pareja tan feliz de las fotos rompe? Normalmente la persona que utiliza así las redes sociales lo seguirá haciendo y ahora mostrará lo bien que le va en su vida de soltero. Su ex pareja, a pesar de haber visto en primera persona que solo se enseña lo bueno, una vez más caerá en la trampa y creerá que no está sufriendo para nada.

Tener la sensación de poder ver la vida de tu ex por un agujerito es una tentación difícil de evitar. Por mucho que sepas que esa no es su vida real, no te resistirás a seguir mirando y fustigándote en cierto modo por lo perfecto que es todo sin ti (igual que lo era contigo, que suerte).

Encontrar el punto medio

Todos queremos compartir nuestra felicidad con los seres queridos. Nos gusta enseñar las fotos de nuestro viaje y de todos esos momentos memorables de nuestra vida. ¡Por supuesto!

Y obviamente sabemos que nadie quiere ver una foto de nosotros discutiendo o de aquel día que no hicimos absolutamente nada divertido porque tocaba planchar.

La clave está en no obsesionarse con el qué dirán y evitar compartir más con los demás de lo que compartimos con nuestra pareja. Guardar ese espacio privado, no compartirlo absolutamente todo.

Podemos empezar por ver con ojo crítico a los contactos muy activos de nuestras redes, asumir que enseñan lo mismo que nosotros y que el amor de verdad es el real y no el de las películas.

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