Memoria: ¿cómo memorizamos las cosas?

Los distintos sistemas memorísticos de nuestro cerebro

“Desde un punto de vista neurológico, las distintas redes neuronales que activan el proceso de memorización están interconectadas. Pero algunos expertos consideran que la memoria está organizada en sistemas diferentes”, explica Catherine Thomas-Anterion, neuróloga y miembro del Consejo Científico del Observatorio B2V de las Memorias. Las distintas memorias podrían “clasificarse” en dos grandes categorías. Las memorias declarativas, por un lado, y las no declarativas, por el otro.

Memorias declarativas

“Las memorias declarativas están cargadas de recuerdos conscientes”, señala la especialista. Afecta a los recuerdos y al almacenaje de datos; datos a los que podemos acceder de forma consciente y que podemos expresar. “En términos generales, las memorias declarativas se dividen en dos tipos”:

Memoria episódica

Nos permite “reconstruir un recuerdo, un momento pasado con indicios espacio-temporales y emocionales”. Por ejemplo, cuando recordamos un acontecimiento pasado (últimas vacaciones, fiesta de cumpleaños, cena familiar…) y nos planteamos qué ocurrirá en el siguiente, los circuitos cerebrales que entran en juego son exactamente los mismos. Lugar, situación, emoción del momento… con el tiempo, los detalles de los recuerdos episódicos se desdibujan, se borran. Las similitudes de los distintos acontecimientos vividos se entremezclan, convirtiéndose así en recuerdos generales: las vacaciones, los cumpleaños, etc. Nuestros recuerdos ya no están relacionados con un acontecimiento particular e individualizable.  

Memoria semántica

Se trata de la memoria de los conocimientos, de los saberes, de los conceptos. “Es la memoria opuesta a la episódica”, comenta Catherine Thomas-Anterion. “Diferenciamos los recuerdos biográficos “episódicos” y los recuerdos del mundo “semántico”. Aunque, en realidad, los dos pueden estar relacionados”. La memoria semántica también incluye “los conocimientos generales sobre uno mismo (fecha de cumpleaños de mi mejor amigo) y sobre el mundo (fecha del atentado terrorista de las Torres Gemelas)”.

Memorias no declarativas

“La memoria procedimental es lo opuesto a dichas memorias declarativas. Es una memoria de acción automática, inconsciente y no declarativa”, explica la neuróloga. Distinguimos entre:  

Memoria procedimental

“Esta memoria podría compararse con escribir a máquina sin tener que mirar las teclas”, explica la especialista. También se activa cuando montamos en bicicleta, tocamos el piano… Es una memoria de acción, motriz y automatizada. Sin embargo, también puede ser cognitiva, es decir, más intelectualizada. Y es que también hablamos de memoria procedimental cuando somos capaces de recitar las tablas de multiplicar de forma automática.

Estas memorias no conscientes incluyen otras memorias de las que se habla menos. “Están relacionadas con los automatismos de condicionamiento o del tipo de activación” (se trata de otras memorias automáticas estudiadas, como la de los animales).

Memoria perceptiva

Esta memoria depende de los sentidos de cada individuo. Permite retener imágenes, sonidos… de una forma natural y automática, sin que nosotros nos demos cuenta. Gracias a esta memoria, una persona recuerda el camino de vuelta a casa, con la ayuda, siempre, de algunos puntos de referencia visuales. “Esta memoria nos permite recordar rostros, voces, lugares” (Inserm, 2014).

Memoria de trabajo

Además de estas memorias, a largo plazo y automatizadas, también está la memoria a corto plazo, denominada memoria de trabajo. “Algunos expertos definen esta memoria como un modelo de organización de la atención”, comenta Catherine Thomas-Anterion.

Esta memoria a corto plazo dura entre 30 y 45 segundos. “Entra en juego cuando manipulamos nuestra atención para vivir experiencias muy cortas. Por ejemplo: repetir varias veces un número de teléfono en voz alta antes de apuntarlo. Para algunos autores, esto no es solo una forma de codificar, sino también una forma de tratar la información que exige nuestra atención”. Aunque el sistema de memoria de trabajo y el de la memoria a largo plazo interactúan, lo cierto es que son dos sistemas separados y paralelos que se organizan de forma distinta. “Permiten memorizar algunos datos y, además, recuperar ciertos recuerdos antiguos cuando nos enfrentamos a una situación presente parecida para así adaptarnos mejor a ella”, precisa el Inserm. Según los especialista, el número 7 simboliza a la perfección la memoria de trabajo ya que, de media, somos capaces de retener entre 5 y 9 cosas (números, palabras, colores...) varios segundos, aunque se ha demostrado que solemos recordar 7 elementos.

Memoria: un conjunto de conexiones complejas

Todas estas memorias, indisociables entre sí, son el fruto de conexiones muy complejas que reflejan la identidad, los conocimientos y el intelecto de cada uno. “A nivel neuronal, y en función de la situación, las conexiones activan ciertas redes, o ciertas memorias. Pero lo que no podemos hacer es separar las memorias declarativas, ya que se organizan en las mismas regiones cerebrales”, aclara Catherine Thomas-Anterion.  

En cambio, dependiendo de la enfermedad que uno sufra, se tendrá unos síntomas u otros, unas molestias u otras, en función de la zona afectada y de las capacidades individuales para compensar.

La memoria se verá afectada siempre que la enfermedad ataque al cerebro y, sobre todo, al córtex, la capa superficial del cerebro (ictus, esclerosis múltiple, ruptura de aneurisma, enfermedad neurodegenerativa, como el Alzheimer, etc.).

Las enfermedades que afectan al encéfalo, el gran cerebro, puede provocar problemas de memoria de distinta gravedad, según la importancia y el volumen de la zona afectada. “La memoria de trabajo, contenida en el lóbulo frontal, es extremadamente sensible a las afecciones del lóbulo frontal o a situaciones que puedan alterar su funcionamiento, como el estrés, la ansiedad, el envejecimiento, etc. Si está afectada, notarás problemas a la hora de concentrarte o de codificar datos. Una agresión al hipocampo modificará el funcionamiento de la memoria declarativa. Si la memoria que se ve afectada es la episódica, te costará rememorar recuerdos, acceder de nuevo a indicios espaciotemporales y emocionales. En el caso de las personas que padecen Alzheimer, la memoria declarativa está afectada en su globalidad y, durante un tiempo, la procedimental será más sólida, ya que está ubicada en el sub-córtex. Sin embargo, si la enfermedad afecta al sub-córtex, como la enfermedad de Parkinson, la memoria procedimental se verá alterada. Además, a estos pacientes les costará mucho adquirir nuevos automatismos”, explica la neuróloga.

¿Qué ejercicios pueden mejorar y estimular las distintas memorias?

Ante esta pregunta, Catherine Thomas responde sin ningún tipo de duda: “¡ninguno!”. Para la especialista, “no podemos confiar en estos juegos que supuestamente ayudan a estimular la memoria, ya que no tienen un impacto global. Sí que se progresa en el juego: comprensión de las normas (memoria semántica), recuerdo de las partes anteriores (memoria episódica), implantación de automatismos (memoria procedimental), pero no hay ningún efecto directo en el funcionamiento general. Muchos son los estudios que así lo han demostrado. Es un tópico que, por desgracia, tiene mucho gancho comercial. Un estudio de hace varios años demostró que, a través de métodos de asociación de imágenes, palabras y números, podemos memorizar listas de 80 palabras en lugar de 7. Sin embargo, eso no modifica las aptitudes de memorización global”.

Tal y como explica la neuróloga, “la memoria no es un músculo, por lo que no sirve de nada entrenarlo como tal”. En cambio, la especialista menciona cuatro hábitos saludables y beneficiosos para la memoria. Varios estudios han comprobado la eficacia de estos hábitos para envejecer bien:

Mejorar los recursos de atención

“Si mejoras la atención, notarás una mejora en la memoria a corto plazo. Pero también en la memoria de trabajo, lo cual te ayudará a almacenar información, codificarla y manipularla”, explica Catherine Thomas-Anterion. Para mejorar tu capacidad de atención, no puedes olvidarte de actividades cuyo objetivo es la relajación, como la meditación, el yoga… “En este sentido, actividades como arreglar el jardín, los trabajos manuales o creativos también pueden ser eficaces y positivos. El efecto positivo del juego también podría tener un impacto en la concentración, sobre todo en juegos cronometrados o de estrategia. También es importante hacer pausas en el trabajo, en especial si trabajas delante de la pantalla. Puedes levantarte y dar una vuelta por la oficina, bailar, cantar… y dejar de leer el correo electrónico durante unos minutos”.   

Estar en buena forma física

Es fundamental estar en buena forma física y tener un nivel de oxigenación cerebral suficiente. “Lo ideal es caminar unos 150 minutos por semana. Esto implica entre unos 20 y 30 minutos al día. Así lo recomienda la federación de neurología y cardiología internacional. Todo lo demás (bicicleta, piscina) es extra”.

Recompensar el cerebro

“Para que funcione bien y memorice bien, el cerebro necesita una recompensa. Debe sentirse satisfecho. Así pues, debemos realizar actividades de ocio. En este caso, un juego sería una opción perfecta. Si tienes una estructura psicológica de ganador, es decir, que te gusta destacar o simplemente participar en un juego, podrías invertir parte de tu tiempo en juegos para así mejorar tu habilidad en el juego mientras te distraes. Pero el juego como tal no servirá para estimular tu memoria. La mejora en el juego no puede generalizarse. Puedes volverte un hacha del sudoku, del scrabble… Ten por seguro que mejorarás tu tiempo de reacción, pero eso no significa que tengas mayor mejoría. A nivel narcisista, te sentirás más seguro y más contento”, añade la especialista.

Fomentar la convivencia

Esta cuarta recomendación aparece en todos los trabajos científicos. “Se ha demostrado decenas de veces: el contacto humano mejora el humor, estimula la atención, aumenta las ganas de vivir y, por lo tanto, dinamiza la memoria, ya que, en cierto modo, te obliga a explicar los recuerdos y a consolidar nuevas experiencias y conocimientos. En este sentido, el juego puede ser la excusa para quedar con los amigos, pero una conversación con alguien que no conoces en el banco del parque o una salida en grupo también son ideas perfectas”.

Sin olvidar la recomendación del Inserm:

Dormir bien

Según el Inserm, el sueño ayuda a consolidar la memoria. Y es verdad porque “varios estudios sobre el recuerdo de información demuestran que dormir bien mejora la memorización, sobre todo cuando el sueño es largo”, asegura el Instituto. Una hipótesis que podría explicar este fenómeno es que, durante el sueño, el hipocampo descansa, lo que evita interferencias con otras informaciones en el momento de codificar el recuerdo. Además, el sueño podría liberar recuerdos de su componente emocional, ya que solo retiene la información, y eso facilita la codificación.

E. Moreau

Fuentes:

  • Entrevista a Catherine Thomas-Anterion, doctora en neurología
  • Informe del Inserm de 2014

Otros contenidos del dosier: Preservar la memoria

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