Porno y adolescentes: ¿cómo abordar el tema?

Admitámoslo: la simple idea de ver a nuestras pequeñas fascinadas ante un espectáculo pornográfico nos aterroriza. Quizá más a las madres que a los padres… Antes de abordar el espinoso tema de “¿Cómo reaccionar a la intrusión casi inevitable de producciones y películas X en el seno de la familia?”, el psiquiatra Philippe Brenot recomienda hacer una reflexión previa. ¿Por qué? Porque entender este fenómeno permite, sin lugar a dudas, reaccionar mejor y poder hablar al respecto. Veamos cómo.

No hay instinto sexual

“A diferencia de otras actitudes innatas, la sexualidad se aprende. Es decir, se necesita un modelo porque no hay instinto sexual”, recuerda Philippe Brenot. Sin duda, si alguna vez has dado un paseo por plena naturaleza, te habrás dado cuenta de que la sexualidad de los animales es más que evidente… Los patos en los parques, los perros en la calle, o incluso los elefantes de la India, todos copulan sin esconderse. El aprendizaje animal se lleva a cabo así, a ojos de todo el mundo.
En cambio, el ser humano demuestra el amor en lugares apartados, escondidos. Sea cual sea la civilización, los amantes se aíslan. Y de ahí las complicaciones que rodean la sexualidad: se necesita un modelo para olvidar la cultura y el pudor. Debe de aprenderse, y no hay un modelo a seguir…

Los rituales de iniciación han desparecido

En todas las culturas, los rituales de iniciación se hacen de forma indirecta, con una persona del mismo sexo, ya sea imitando el acto, o explicándolo. Hasta hace poco, la vida en compañía permitía representaciones con modelos indirectos. Así, observar a la vaca y al toro era todo un acontecimiento que daba lugar a todo tipo de comentarios en el pueblo. Para los más jóvenes había burdeles, un lugar idóneo para la iniciación…
En el siglo veinte, todos los modelos desaparecieron. Pasaron a considerarse clandestinos con el nacimiento de la pornografía, y los relegaron a revistas y proyecciones de películas X… hasta finales de los noventa que, gracias al invento de Internet, recuperaron su mayor auge. Philippe Brenot lo tiene claro: “Hoy en día la pornografía juega ese papel de modelo de iniciación de la sexualidad”.

La pornografía: un modelo básicamente masculino

“Por mucho que nos pese”, insiste nuestro experto, “la pornografía se ha convertido en el modelo socioeducativo sexual predominante”. Los adolescentes se pierden en un modelo que comparten con sus amigos, la pornografía, y la ausencia de iniciación. El éxito de estas imágenes X entre los jóvenes adolescentes es fácil de entender: “La pornografía es ideal para un individuo de sexo masculino, ya que responde a las señales de excitación de los hombres, es decir, señales visuales, genitales y parciales”, detalla Philippe Brenot. Por otro lado, la pornografía sigue siendo un tema prohibido y, como tal, resulta atractivo.
Como prueba de su integración en el seno de las nuevas generaciones podemos abrir cualquier cómic y comprobar que el típico macho dominante explica sus hazañas personales… de una forma pornográfica. La parte de la seducción ha desaparecido por completo, dejando lugar a un lenguaje más crudo donde predominan palabras tales como gozar, besar, un buen rato y duro… ¡palabras pertenecientes al universo del porno!

Padres de adolescentes: ¡cómo reaccionar a la pornografía!

No nos engañemos, los adolescentes no son tontos y saben distinguir bien las cosas: la verdadera sexualidad no es la que muestra la pornografía, porque saben que ese tipo de prácticas no son las que las chicas buscan. Sin embargo, tiene sus consecuencias: el problema es que esos nuevos modelos tratan a la mujer como un objeto, la desvalorizan y se sirven de criterios de manipulación en las prácticas sexuales. Ese acceso gratuito y visual a la sexualidad es un peligro, pues produce una visión muy limitada de la misma que, una vez más, aparta el aspecto sentimental y puede acarrear adicciones.

¿Es necesario prohibir la pornografía?

“La verdadera pregunta es: ¿cómo prohibir a un adolescente mirar porno?”, subraya Philippe Brenot. “Prohibir no sirve de nada, y mucho menos hoy en día que, con acceso Internet, es muy difícil que los padres tengan un control absoluto sobre sus hijos. Además, los genios informáticos en que se han convertido nuestros adolescentes están deseando tener una prohibición para saltársela”.

Un discurso explicativo

Siempre es recomendable hablar del tema. Puedes decir algo como: “esas imágenes no tienen nada que ver con la sexualidad que practica la mayoría de adultos. Son violentas y a menudo denigrantes para la mujer. Sé que eres consciente de ello”. Philippe Brenot se explica: “La imagen sola, enajena; el discurso eleva. Al asegurarle al adolescente que sabe de qué estás hablando, le elevas al rango de adulto, y así tendrá menos ganas de transgredir las normas…”.

Evitar culpar al adolescente

Lo mejor es evitar palabras que puedan hacer sentir culpable al adolescente, dándole así a entender que no debe de dejarse llevar. Opta por un “no te culpo, ya sé que todos tus amigos lo hacen”.

Rehabilitar la sexualidad amorosa

La verdadera sexualidad incluye sentimientos, caricias, sensualidad. La pornografía no corresponde a la sexualidad amorosa que vive la mayoría de adultos.

Dos reglas de oro para hablar de sexualidad

Hablar de sexualidad con los hijos no significa hablar de uno mismo. Es más fácil entre personas del mismo sexo. En otras palabras, una madre sabrá comunicarse mejor con su hija, y un padre con su hijo. Recuerda que una tercera persona también puede encargarse de la comunicación, quizá un tío o un amigo de la familia que el niño o la niña conozca bien. Ninguno se irá por las ramas por su complejo de Edipo, lo cual conllevaría complicaciones.

  • Jamás hables de tu sexualidad; es una norma que hay que seguir a raja tabla. Evita frases como “con tu madre”, o como “antes tu madre”. Habla de sexualidad, ¡pero no de la tuya!
  • No hagas preguntas íntimas. Depende de él o ella hacerlas, si es que quieren. Sin embargo, tú eres el encargado de crear ese espacio de intercambio. Los niños, al igual que los padres, no tienen que conocer los detalles sexuales de unos y otros. Es su propia sexualidad y, si te hacen preguntas, trata de responderles de forma general. En caso de problemas, envíale al ginecólogo, o a un sexólogo.

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: Psicología en la adolescencia

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