Empatía, o capacidad de ponerse en el lugar del otro

La empatía es una característica natural del ser humano, aunque algunos parecen ser más empáticos que otros. Hay patologías que se definen por una falta de empatía. Comprender al otro facilita las relaciones sociales, pero también puede servir para perjudicar o manipular al otro.  

Empatía: capacidad de ponerse en el lugar del otro

Ser empático significa comprender al otro. “La empatía es un término global que hace referencia al conocimiento del otro, a la percepción del otro”, informa el profesor Jacques Cosnier. Esta capacidad de ponerse en el lugar del otro tiene varios componentes:

  • Un componente emocional: nos imaginamos lo que el otro siente;
  • Un componente cognitivo: imaginamos aquello que el otro piensa. La capacidad de percibir el estado mental del otro, en el caso del ser humano, se desarrolla gracias a un sistema conceptual denominado “teoría del espíritu”.
  • Un componente comportamental: se crea una identificación motriz y corporal de forma inconsciente (algunos la denominan “analizador corporal”), como gestos, mímica o posturas corporales. “Esta inducción psicomotriz nos permite identificarnos con el otro”, explica nuestro experto.

Nuestro cerebro está predispuesto a que reaccionemos de forma empática a la experiencia del otro. Hoy en día, gracias al descubrimiento de las famosas “neuronas espejo”, los mecanismos de esta respuesta psicocorporal se entienden mejor. Para saber más sobre estas neuronas, causantes de ese “contagio emocional”, escucha la conferencia sobre TED de la mano del neurólogo Vilayanur Ramachandran.

La creación de estos sistemas se realiza de forma progresiva, hacia el final del primer año de vida. Es entonces cuando el niño acede al “postulado empático” y empieza a interpretar el gesto de señalar con el dedo, por ejemplo. La función empática sigue desarrollándose a lo largo de los primeros años de vida, con la adquisición de lo que algunos denominan la “teoría de la mente”.

¿Todos estamos dotados empatía?

"Hay personas extremadamente empáticas y otras que lo son muy poco”, responde el profesor Cosnier. Un exceso de empatía puede incluso provocar síntomas de identificación histérica. Por otro lado, muchas patologías presentan un déficit de empatía. “Los niños autistas carecen de esa teoría de la mente”, explica el especialista. Les cuesta mostrarse empáticos, percibir lo que sienten los demás.

La alexitimia es otro trastorno que se caracteriza por una falta de empatía. “Aquellos que padecen este trastorno son muy racionales y les resulta imposible percibir las emociones o sensaciones de quienes les rodean”, explica el profesor. Así pues, les cuesta una barbaridad comprender a los demás.

Algunas personas catalogadas de sociópatas carecen de empatía. “Y bien, la pregunta es evidente: ¿los torturadores carecen de empatía o la neutralizan para cometer un crimen?”, comenta el neuropsiquiatra. “El machismo, el racismo y la discriminación juvenil también están basados en la carencia de empatía”, añade. 

Por último, cabe destacar que existen situaciones en las que es muy difícil ser empático. Por ejemplo, para un médico o una enfermera puede resultar muy complicado mostrar empatía ante personas que padecen una enfermedad grave. “Es entonces cuando el ser humano recurre al analizador corporal: el cuerpo enfermo afecta el cuerpo sano”, explica el profesor Cosnier.

Empatía, parte positiva y parte negativa

La empatía nos permite vivir en sociedad. Una comprensión empática mejora las relaciones humanas. “La empatía no solo es beneficiosa para quienes nos rodean, sino también para nosotros mismos: gracias a ella podemos comprender mejor nuestras reacciones y sentimientos”, subraya el profesor. También es uno de los factores principales de éxito de una psicoterapia. El terapeuta trata de comprender y empatizar con el paciente. Si el especialista logra entender qué siente el paciente respecto al mundo que le rodea, la relación terapéutica será mucho más fluida.

Pero por otro lado, la empatía también puede utilizarse para manipular a los otros. Los estafadores, por ejemplo, muestran una empatía envidiable. Adivinan los defectos y puntos débiles de su víctima.

Una personalidad sádica, por ejemplo, puede tratar de exagerar el dolor de otra persona utilizando la empatía y atacando directamente en su punto débil.

También se pueden utilizar ciertos comportamientos para provocar una identificación. “Los políticos, por ejemplo, lo hacen para provocar empatía entre el electorado”, explica el profesor Cosnier. No nos engañemos, ¡los políticos llevan años manipulando a las masas!

A. S. Glover-Bondeau

Fuentes:

- Entrevista al Profesor Jacques Cosnier

- Marie-Lise Brunel y Jacques Cosnier, Empatía, un sexto sentido, Presses Universitaires de Lyon, 2012.

- J. Lecomte, La empatía y sus efectos, EMC (Elsevier-Masson, SAS), Saber y cuidados de enfermería, 60-495-B-10, 2010

- Élisabeth Pachery, Empatía, Éditions Odile Jacob, 2004

- J.Cosnier, Empatía y comunicación, Ciencias Humanas, núm. 68, 24-26, 1997

Otros contenidos del dosier: Relaciones sociales

Comentarios

Artículos destacados

Educación constructivista: en qué consiste
Educación constructivista: en qué consiste

En estas escuelas no hay libros de texto, sino que se trabaja por proyectos. Los niños dirigen su propio proceso de...

La felicidad de las parejas en igualdad
Adicto a las relaciones complicadas
¿Qué es el “gaslighting”?
Brownout: el trabajador desmotivado
¿Tu hijo puede ser un genio de las mates?

Los estudiantes suelen quejarse de que muchas de las materias que estudian no les servirán después. Sin embargo, tener un ...

Hacer otros Test