Evitar la rivalidad femenina

En la oficina, a Laura le encanta que Marta, con el pretexto de compartir sus ideas, le cuente confidencias. No se pierde detalle. No se corta un pelo y es capaz de presentarlas en mitad de una reunión. Si se celebra una cena, lo mejor es evitar invitar a Ana y Julia: en cuanto se ven, se sonríen y empiezan a lanzarse indirectas. Por lo visto son expertas en el arte de la disputa. Entre mujeres, la solidaridad femenina brilla por su ausencia. De hecho, las rivalidades puedes estallar porque una ha triunfado en el amor, o en el terreno profesional. En juego: discusiones, pequeñas o grandes traiciones, injurias…
Los hombres son distintos, ya que en general se sitúan sobre el terreno del “poseer”. En cambio, la rivalidad femenina afecta a lo más íntimo “y más concretamente a sus complejos, a todo lo que no reconocen en sí mismas, ya sea en el plano físico, intelectual o emocional”, detalla Sarah Sériévic, psicoterapeuta especializada en psicodrama.

A “ella” le va mejor en el amor que a ti

Las dos estáis con pareja estable… Sin embargo, cuando ves la cara de alegría que pone al contar con todo lujo de detalles su fin de semana romántico en la montaña (mientras tú te conformas con explicar la película del domingo por la tarde), ¡echas humo por las orejas! Y delante de ella no puedes montar en cólera y dejar a tu pobre Carlos por los suelos, como si ella representara un peligro potencial que amenaza los cimientos de vuestra felicidad conyugal. Su mera presencia te desacredita.

Descodificación: Lo más probable es que el origen esté en la relación con la madre. Esto ocurre cuando la madre ha mimado y consentido al bebé con numerosas atenciones. A veces, el padre se siente algo arrinconado, de modo que desplaza todo su “amor” a la niña, quien acaba recibiendo todos sus gestos de cariño y estima. En ese momento, desposeída de la atención que su marido ya no le presta, la madre entra en rivalidad con su hija y de forma inconsciente proyecta ideas negativas sobre ella. Esto puede desarrollar un sentimiento de culpabilidad inconsciente, por haber “robado” la atención de su padre. Como consecuencia, la niña se auto-castiga y acaba aceptando las reprimendas y la desvalorización de su madre.
Una vez adulta: Dependiendo de con qué mujeres te rodees, es posible que desarrolles este complejo de inferioridad, y que tengas dificultades de mantenerte en tu sitio, ya que su presencia te recuerda a la relación con tu madre. Además, por culpa del miedo a que no te tengan en buena consideración, puedes llegar a reaccionar con agresividad, lo cual, en realidad, no es más que un mecanismo de defensa.

A “ella” le va mejor en el trabajo que a ti

A grosso modo, tenéis las mismas competencias y responsabilidades. Sin embargo, es a ella a quien premian con ascensos, felicitaciones y cumplidos. Básicamente, ¡ella exhibe sus éxitos sin vergüenza! Sobra decir que entre vosotras reinan las malas caras, o incluso golpes bajos. Siempre la esperas al doblar la esquina, con el arco y la flecha preparados, pero siempre con una sonrisa, claro está. Pero aún así, todavía no sabes qué tiene ella que no tengas tú.
Descodificación: En este caso el origen yace en la relación paternal. Cuando la rivalidad se basa en la lucha de poder en el plano profesional, siempre es de tipo masculina. Es muy habitual cuando, durante la infancia, la niña no ha “sentido” el cariño de su padre. Quizá pensó que no le estaba prestando la suficiente atención, y que la quería y aceptaba tal y como era. Así pues, busca que él la reconozca, según sus códigos; por ejemplo, destacando en la escuela, para que él se sienta orgulloso. Con un padre “dominante” y una madre más sumisa, la niña construye un modelo femenino… ¡contrario al de su madre! De forma simbólica, mantiene una relación muy fuerte con su padre y “descarta” a la madre, lo cual provoca una rivalidad inconsciente.  
Una vez adulta: El modo de restaurar su imagen será identificándose con la energía masculina, y entrando en rivalidad con las mujeres en el territorio de los hombres. La forma de relacionarse es mediante el conflicto abierto, o incluso insidioso, dependiendo de la situación. El objetivo es obvio: alcanzar el mejor lugar junto a su superior en la jerarquía de la empresa y ser bien valorada por el jefe (es decir, su padre).

La solidaridad femenina, ¿eso existe?

“La rivalidad entre mujeres puede acarrear una verdadera soledad, y en muchos casos fragilidad”, lamenta Sylvie Richard, terapeuta en psicología biodinámica.
La falta de solidaridad femenina es un recurso. Las mujeres necesitan a otras mujeres para reponerse, reconocerse, afirmarse en su propio género y demostrar sus valores femeninos. Ir de compras juntas, quedar para pasar la tarde en un spa o acudir a una cena de empresa son evidentes principios de respuesta. No obstante, la solidaridad femenina exige verdaderos cambios que incluyen tanto problemas como alegrías. En resumen, las nociones de autenticidad y de profundidad están dentro del programa.
Por este motivo cada vez se crean más círculos de mujeres, como respuesta a una demanda interior, a una necesidad de sentirse acogidas y acompañadas a lo largo de las distintas etapas de la vida, como el nacimiento, el amor…

Evita la rivalidad

En todos los casos, la solución del problema depende de la reconciliación con la madre, y de los códigos femeninos. Un acercamiento terapéutico puede ser de gran ayuda. Sin embargo, tomar conciencia del problema puede constituir una primera etapa para reanudar los vínculos más positivos y beneficiosos. De hecho, así veremos a las demás mujeres de una forma distinta.

  • En lo referente a las rivalidades afectivas, tómate el tiempo necesario para reconocer tu valía y salir de la comparación, ya que funciona como un veneno para las relaciones. Recuerda que la calidad o el comportamiento que provoca una rivalidad depende de ti. En otras palabras, es un talento que posees, pero que todavía no has explotado… ¡Descúbrelo!
  • En el plano profesional, juega la carta de la colaboración: cada una ocupa su lugar, con sus competencias propias y singulares. Por otro lado, aprende a mirar con otros ojos lo que un día percibiste como modestia en tu madre. Acepta tu propia fragilidad y aprecia lo que te aporta el bienestar, y no el éxito.
  • Si eres tú el punto de mira de las rivalidades, y la intención de tu rival es evidentemente “excluirte”: ¡no se lo permitas! Defiende tu territorio y no cedas. Así, pondrás en práctica tus recursos y serás capaz de expresar tus talentos. Sin embargo, siempre que sea posible, evita rodearte de personas que cultivan la rivalidad. Este es, sin duda alguna, el mejor consejo.

C. Maillard
1 – Más información en su página web: www.sarah-serievic.com

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