En Facebook y en la vida real: ¿Exhibirse para existir socialmente?

En esta sociedad del "parecer" en la que vivimos, se nos exige que nos exhibamos casi constantemente, ya sea en Facebook, en una reunión o en el trabajo, buscando permanentemente mantener una apariencia que redunde en beneficio propio. "El peso de las apariencias se ha convertido en una carga muy pesada. Desconocemos el alcance del daño que estas crean", explica alarmado  el psicoanalista. ¿Y si intentáramos ser más que parecer?

Me muestro, luego existo

Esta necesidad de la mirada del otro para existir viene de la infancia. "Gracias a la atenta mirada de los padres, es posible construirse una imagen interna positiva", explica Gérard Bonnet. Mostrarse es natural y necesario. El problema de nuestro tiempo es que estamos atrapados entre esa imperiosa necesidad interior y una exterior de presumir que todo va a las mil maravillas en nuestra vida, aun cuando se trate solo de apariencias.

La tiranía proviene de la explotación de esta necesidad propia de la infancia y de la obligación de caerle bien a un número cada vez mayor de gente. El punto culminante del fenómeno es el éxito de las redes sociales, o telerrealidad. Si te sales del marco de la mirada generosa e incondicional te expones a que te juzguen y te expulsen. De ahí esa carrera por la delgadez, la eterna juventud, la fama... Las estrellas y otras celebridades no son las únicas que se enfrentan a estas exigencias. Hoy en día, cualquiera puede aparecer en un reality show de televisión, para ser amado primer y luego, desaprobado y expulsado.

Estos nuevos códigos marcan en parte el tono de las relaciones en la oficina, en el coctel y hasta en las relaciones amorosas...

Los riesgos son reales

  • Baja autoestima. Este problema encabeza la lista. Una encuesta realizada por la firma cosmética Dove en 2010 informa que sólo el 2 % de las mujeres se consideran bellas. Al fracasar en sus esfuerzos para hacer coincidir una imagen idealizada de sí mismas con las de las revistas, se convierten en sus propios tiranos.
  • Soledad extrema. Nuevas fobias sociales surgieron frente a la exigencia de las apariencias, causando un sentimiento de soledad extrema. "En sociedad, siempre me parece que no estoy a la altura, que hay una discrepancia", se queja Pierre-Yves. Quienes no quieren seguir los criterios en vigor, "se descuelgan" del modelo relacional por el gran esfuerzo que implica permanecer en este. "Estas personas viven en una gran soledad, con el sentimiento de que nadie está interesado en ellas", puntualiza el psicoanalista.
  • Sensación de transparencia. "En las reuniones de trabajo no hablo", confía Odile. La obligación de ser asertivo, brillante, seguro de sí mismo (al menos aparentemente) rige las relaciones profesionales. Sin embargo, ¡el hábito no hace al monje! Un refrán que no siempre se aplica al trabajo. Resultado: los que no sobresalen se sienten transparentes. "Creo que nadie tiene en cuenta mi opinión", confiesa Philippe. Estas situaciones se dan también en un contexto social: cenas, celebraciones, cócteles… los que hablan más y más alto son quienes captan la atención.
  • Escisión. Guapa, feliz en pareja y gerente de producto de una marca de lujo, a Gaëlle la embarga una sensación de vacío interior. Agotada de poner buena cara, la atormenta el temor de echarse a llorar aparentemente sin motivos. "Este es probablemente el dolor más insidioso que experimentan las personas abrumadas por el imperativo actual" explica Gérard Bonnet. La obligación de poner en escena una parte idealizada de sí mismo e ir aceptando exigencias a medidas que se imponen. Sin embargo, valorizar nuestra imagen con signos exteriores de éxito se hace a menudo a expensas de nuestra parte más emocional y sensible.

Soluciones para escapar

"Al no saber medir las consecuencias, todo nos lleva a atraparnos cada vez más en estas redes", añade el psicoanalista. La toma de conciencia es un paso clave para salir adelante y dejar de pedirle al espejo que nos devuelva esa imagen ideal que nos imponemos a cualquier precio. El resultado es la pérdida de la autoestima, la cual hay que empezar a recuperar en una segunda etapa. Para hacerlo tenemos que aprender a mirarnos con cariño, amor y bondad.

"Todos tenemos necesidad de sentirnos especiales", recuerda el experto, y no sentirnos limitados por un molde o un estereotipo. No es tan difícil… basta con sacarle lustre a nuestras merecidas medallas, recordar nuestros dones y buenas cualidades y reconocer nuestras debilidades. Esto es lo que nos hace humanos.

Por último, se requiere humor para desintoxicarse de la tiranía de las apariencias. Tomarnos en serio contribuye a atraparnos en el sistema. ¿Por qué no reírnos a carcajadas, mostrarnos irreverentes de cuando en cuando y olvidarnos de ser políticamente correctos? Recuperemos nuestra auténtica forma de ser y nos liberaremos definitivamente de nuestro reflejo idealizado.

C. Maillard 

Otros contenidos del dosier: Relaciones sociales

Comentarios

Artículos destacados

Educación constructivista: en qué consiste
Educación constructivista: en qué consiste

En estas escuelas no hay libros de texto, sino que se trabaja por proyectos. Los niños dirigen su propio proceso de...

La felicidad de las parejas en igualdad
Adicto a las relaciones complicadas
¿Qué es el “gaslighting”?
Brownout: el trabajador desmotivado
¿Tu hijo puede ser un genio de las mates?

Los estudiantes suelen quejarse de que muchas de las materias que estudian no les servirán después. Sin embargo, tener un ...

Hacer otros Test