¿Qué es hacer luz de gas o la manipulación del “gaslighting”?

¿Conoces el gaslighting? Tras este curioso nombre se oculta una técnica de manipulación mental que consiste en hacer dudar a la víctima de su salud mental. Este término surge de la película «Gaslight», estrenada en 1944 con Ingrid Bergman. En esta película norteamericana, el marido hace que su esposa dude tanto de sus actuaciones que acaba por preocuparse de si tiene algún tipo de trastorno mental.

¿Qué es el gaslighting?

Para Christel Petitcollin, formadora en comunicación y desarrollo personal y autora de numerosas obras sobre la manipulación, «el gaslighting es una malicia extremadamente traicionera que busca que el otro se crea que está loco. El manipulador afirma las cosas equivocadamente y niega los hechos demostrados. Y a veces, elogia a su víctima o la felicita. De este modo, la víctima después se dice que debe estar equivocada y que esta persona no puede desearle ningún mal. La manipulación también incluye acciones no verbales. El agresor puede disimular o romper objetos para hacer creer al otro que pierde la memoria...», explica la experta.

Por ejemplo, se acuerda de una de sus pacientes, que fue acosada por su jefa en la oficina. Ésta le había quitado las gafas en su ausencia, pero le decía que no había sido ella y que era ridículo que le acusara de ello. Era muy difícil ir a quejarse a alguien de esto. Y es que, ¿por qué se las habría robado? En realidad, no parecía que su jefa le tuviera nada que envidiar: tenía un mejor puesto de trabajo, una vida familiar, una casa... Lo que hacía dudar a la empleada.

¿Quiénes son más propensos a sufrir gaslighting?

Según Christel Petitcollin, se trata de manipuladores de primera, completamente conscientes de lo que hacen. «Son personas «pasivo-agresivas», es decir, están llenas de cólera, pero ocultan su hostilidad. Avanzan de forma oculta, mediante pequeñas venganzas, pequeñas agresiones. Se practica en todos los entornos con más o menos sutileza», explica la especialista. Describe a estos manipuladores como personas inmaduras, parecidas a los niños durante el recreo, que se lo pasan bien maltratando a los demás. Son desenmascaradas por su víctima, y en lugar de detenerse, se regocijan puesto que son intocables.

¿Sus víctimas preferidas? «Personas humanas, abiertas y amables que no ven el mal. Personas que les gusta ayudar a los demás y evitan los conflictos. En cambio, sus manipuladores detestan a la gente optimista, llenas de felicidad y alegría ya que ellos son incapaces de ser felices», analiza Christel Petitcollin. Un perfil que se correspondería con el de la empleada de una oficina acosada por su superior.

El gaslighting en el ámbito doméstico

El gaslighting también puede desarrollarse en la esfera privada, donde el agresor entonces dispone de carta blanca. A Charlotte le ha pasado esto con su exnovio. «Nos pasó exactamente esto, Antoine era amable y nos queríamos. Pero poco después de irnos a vivir juntos, empecé a dudar de mí misma, de mi memoria. A menudo perdía cosas. Como soy bastante desordenada y despistada, pensé que era un problema mío. Una vez, le esperé en una cafetería, pero no vino. Me dijo que lo había soñado, que no habíamos quedado. A veces, Antoine me decía que le había pedido que fuéramos a ver una película concreta al cine y yo no me acordaba. Decía cosas a nuestros amigos que eran falsas: que me planteaba cambiar de trabajo, que había visto a tal amiga el otro día... Estaba totalmente perdida. A base de pruebas, comprendí que era él el que tenía un problema y le dejé antes de volverme loca», recuerda la joven.

Impacto del gaslighting en las víctimas

Al estudiar los casos, se observa que el gaslighting puede tener repercusiones importantes. «Las víctimas pueden desarrollar síntomas de estrés postraumático que se agravan en función de la duración. Pueden padecer trastornos del sueño, de la alimentación, angustias, taquicardias, dolores de espalda... Resulta destructor para el organismo», previene Christel Petitcollin.

La solución para que estos abusos se detengan consiste, según la experta, en cortar los vínculos. «El agresor se embriaga con sus abusos, que se convierten en una droga para él. Se siente todopoderoso. Y esto sólo puede ir de mal en peor», añade la especialista. La víctima puede que se sienta sola ante las acciones de su acosador. En general, esto sucede sin que los demás noten nada, las personas del entorno de la víctima no son conscientes del problema.

Además, Christel Petitcollin se lamenta de la falta de formación de los psicólogos en relación a este tema, poco tratado en la universidad. De este modo, puede que los profesionales piensen que la víctima es una paranoica y establezcan un mal diagnóstico si no conocen estos comportamientos.

D. Blancheton

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