¿Cómo influyen nuestros prejuicios al relacionarnos con los demás?

¿Qué son los prejuicios?

Un prejuicio es una idea que nos formamos acerca de algo o alguien en un margen relativamente corto de tiempo y del que, además, contamos con pocos datos. Por tanto, extraemos una conclusión generalizada de algo, en base a poca información, bajo la falsa creencia de pensar que de este modo estamos optimizando nuestro tiempo.

Prejuicios positivos y prejuicios negativos

La mayoría de las personas suele asociar prejuicio con una connotación negativa y aunque, si bien es cierto que éste existe, también hay un grupo de estos que son positivos. Hablamos del efecto Halo y el efecto Horn.  El primero de ellos, el efecto Halo, hace referencia a aquella representación mental positiva que nos hacemos acerca de algo o alguien, con sus correspondientes expectativas forjadas entorno a ello, consistente en la extracción de una idea en base a un atributo o característica de personalidad que tenga el otro. Sería, por tanto, una forma de discriminación positiva. En el segundo caso, el efecto Horn, es justamente lo contrario, extraemos una idea generalizada de algo o alguien en base a un posible defecto o rasgo que consideramos negativo y, por tanto, nos formamos una mala imagen de ello.  

Bajo el efecto Halo, o prejuicio positivo, se forja un nivel de expectativas, generalmente elevado, en base, a la atribución de una serie de características o cualidades positivas que tal vez no existan. Este aspecto puede llevar a la frustración por parte de que otorga dicha cualidad al comprobar que no estaba en lo cierto y presión por parte del que es juzgado. A su vez, el efecto Horn, o prejuicio negativo, consiste en la discriminación y/o exclusión en base a una generalización extraída de una característica o atributo. En ambos casos se comparte la condición de extraer conclusiones erróneas basadas en el mecanismo de la proyección, que consiste en evocar sobre el otro, aspectos inconscientes que no queremos reconocer en nosotros mismos. 

Perfil de persona que prejuzga

Aunque ya hemos comentado, que todos prejuzgamos y tenemos prejuicios, lo cierto es que existe un perfil de personalidad más proclive a ello, veamos qué rasgos presentan estas personas:

  • Poca empatía: Son personas que les cuesta ponerse en el lugar de los demás y llegar a comprenderlos, aspecto que les reporta serias dificultades en sus relaciones sociales.
  • Rasgos narcisistas: Están muy focalizados en sí mismos, respondiendo a un perfil narcisista de la personalidad, donde los demás suelen ser objetos que satisfacen sus altas necesidades.
  • Bajo coeficiente de inteligencia social o emocional: Presentan un bajo coeficiente de inteligencia emocional, aspecto que dificulta el éxito en sus relaciones interpersonales.
  • Déficit de habilidades sociales: Debido, en parte, al punto anterior presentan dificultades para relacionarse con los demás, presentando serias carencias en sus relaciones sociales.  
  • Perfil de ansiedad: Algunos responden a un perfil ansioso, ya que esta tendencia nace justamente con el fin de disminuir los niveles de ésta, utilizando el mecanismo de proyección como forma de paliar esta ansiedad.

Cómo hacer que nuestros prejuicios no nos condicionen

Estas personas difícilmente solicitan ayuda, únicamente lo hacen en caso de que este aspecto les esté entorpeciendo y limitando su día a día. La línea de trabajo se orienta entorno a:

  1. Trabajo en empatía: La empatía es fundamental para que puedan comprender mejor las situaciones y las diferencias, así como flexibilizar su mente, ya que tienen tendencia a presentar esquemas rígidos de pensamiento, aspecto que les confiere dificultades de adaptabilidad.
  2. Trabajo en asertividad: Suelen ser personas dogmáticas, aspecto que responde a un mecanismo defensivo ya que tienen un bajo amor propio, lo que les lleva una baja asertividad o capacidad para defender sus derechos. Aprender estrategias para trabajarla será fundamental para respetarse y respetar a los demás.
  3. Desarrollo de habilidades sociales y mejora de relaciones interpersonales: Sus relaciones sociales se ven altamente repercutidas, el aprendizaje de técnicas de relación social es fundamental.
  4. Canalización ansiedad: Aprender a identificar y actuar con respecto su ansiedad mediante técnicas de canalización de esta, adaptadas a cada caso particular.
  5. Trabajo cognitivo: A nivel cognitivo presentan ciertos sesgos, la terapia consiste en analizar estos pensamientos de tipo disfuncional buscando pruebas objetivas que contrasten con la idea de base, así como, cuestionarlos y cambiarlos por unos más adaptables, para permitir flexibilizar sus esquemas fijos de pensamiento.  

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