¿Tomas medicamentos sin consultar a tu médico?

También quedaría incluido dentro del mismo concepto el hecho de tomar un medicamento que nos fue indicado por alguna dolencia concreta en el pasado, y que tras una adecuada instrucción por parte de algún sanitario, somos capaces de deducir que también nos irá bien en este caso. Tanto como para, sin consultarlo de nuevo con ningún sanitario, volver a tomar el mismo remedio de entonces. Las personas alérgicas, por ejemplo, saben cuándo han de recurrir a algún antihistamínico.

Esto, que pudiera tener cierto sentido (“¿para qué voy a ir al ambulatorio, a hacer cola, si lo que tengo es lo mismo que la otra vez, y esto me fue bien?”), no siempre es tan sencillo. Porque, ¿quién nos asegura que el cuadro de entonces y el de ahora son el mismo? Y aún pudiendo tratarse de la misma dolencia, ¿quién nos dice que el tratamiento ha ser el de entonces?

Pérdida de miedo a los medicamentos

Un estudio reciente, llevado a cabo por Spence D., y publicado en la revista British Medical Journal en su número de noviembre, ha cifrado en 15.000 las muertes anuales cuyo origen está en analgésicos prescritos por el médico (sí, esos mismos que luego nos tomamos según nos parezca que los necesitamos en otras ocasiones).
El mismo estudio pone sobre la palestra otra cifra que da miedo: hasta 12 millones de estadounidenses utilizan estos mismos medicamentos para tratar dolencias no médicas.

Datos de la automedicación en España

Como dato general (a continuación entraremos en datos más concretos), un estudio reciente sitúa a España en el tercer lugar del ránquing de automedicación sin consultar con nuestro médico. Y como veremos después, en el caso de los antibióticos, aún nos situamos más arriba en dicho ránquing.

Los datos de que disponemos proceden del Instituto Nacional de Estadística, y concretamente, de la Encuesta Nacional de Salud, llevada a cabo en el año 2003. Ya entonces, sobre una población de 41.923 personas, más de 7.000 (concretamente, 7021 personas) admitían consumir fármacos no recetados por su médico.

Por edades, existe un pico de automedicación situado entre los 16 y los 44 años, con un máximo de un 22’87% en el grupo de edad que va entre los 25 y los 34 años. En las edades medias de la vida (45-65 años) esta proporción baja a un 15% aproximadamente, y desciende aún más entre los mayores de 65 años (a poco más de un 11% de los encuestados de dicha edad).

Incluso los más pequeños de la casa

Sorprendente resulta que un 7’62% de los niños/as de entre 0-4 años reciban medicación sin consultar con su médico. Fundamentalmente, porque los niños de esas edades no toman la medicación si alguien no se la da.

Este porcentaje aumenta a un 10’06% entre los niños de 5 a 15 años, y se dobla este porcentaje (20’85%) en el grupo de edad de 16 a 24 años.

El concepto automedicación responsable

A nadie le escapa el hecho que, ante un mínimo aumento de la temperatura, un paracetamol va a sacarnos del apuro en la mayoría de ocasiones.
Hasta aquí, estaríamos dentro de la denominada automedicación responsable. Incluso, si nuestro médico nos ha explicado las diferentes posibilidades de evolución de un mismo cuadro, tomar una decisión siguiendo sus indicaciones, también formaría parte de la automedicación responsable (aunque, en este caso, el médico no nos haya extendido la receta pertinente).

Pero si esa misma decisión se basa en una impresión personal, o bien en el consejo de algún conocido sin formación sanitaria cualificada, caemos en el terreno de la automedicación irresponsable. Esto es especialmente frecuente, y grave, por qué no decirlo, en el caso de los antibióticos.

Es automedicación irresponsable porque…

  • Primero, y ante todo, porque no siempre podemos estar seguros del diagnóstico real de lo que nos está sucediendo.
  • Porque, suponiendo que el diagnóstico emitido por nosotros no vaya demasiado desencaminado de la realidad, quizás no tengamos la formación suficiente para elegir el mejor medicamento posible.
  • Porque tomar un medicamento no es algo inocuo: comporta la aparición de una serie de efectos secundarios, o bien puede interferir con otra medicación pautada por nuestro médico por otros problemas de salud.
  • Si hace usted caso de algún conocido a la hora de iniciar un tratamiento médico, piense que quizás lo que a él le sucedió no es lo mismo que usted está padeciendo. Por lo que, quizás, ese medicamento milagroso, que a su familiar le ha ido bien, puede ser que a usted no le haga nada; o incluso, que empeore la situación.

El caso de los antibióticos es especialmente grave por varios motivos:

  • Un estudio reciente sitúa a España como el segundo país de la Comunidad Europea en cuanto a consumo de antibióticos sin prescripción médica.
  • La mayoría de ocasiones no están indicados (la gran mayoría de las infecciones que padecemos los humanos tienen causa vírica, y ésta no se soluciona con un antibiótico).
  • Tomar un antibiótico de manera continua nos perjudica a nosotros (por los efectos secundarios padecidos), pero también a la comunidad de personas que nos rodean. Existe un concepto médico, la resistencia a los antibióticos, que aparece cuando una bacteria, “harta” de recibir el mismo antibiótico siempre, incluso cuando éste no es necesario, se adapta al mismo, y consigue que no le haga nada. Esto, cada vez más, en uno de los grandes problemas de salud que preocupa a la comunidad médica: que nos quedemos finalmente sin antibióticos.

La fitoterapia: ¿siempre segura?

Lo cierto es que los preparados farmacológicos a base de plantas tienen una ventaja real y enorme respecto a los medicamentos tradicionales: la inmensa mayoría de los preparados a base de plantas no tienen efectos secundarios importantes y no son demasiados los que interaccionan con otras medicaciones que pudiera estar tomando la persona.
Pero no siempre es así. Si usted quiere comenzar a tomar preparados de plantas, no dude en consultar con su médico si éstos pueden interaccionar de alguna manera con el resto de su medicación diaria.

El ejemplo de los tranquilizantes

Ya hace unos años que un grupo de medicamentos muy utilizados en la actualidad (las benzodiacepinas, o tranquilizantes de referencia), dejaron de poderse dispensar en las farmacias sin receta médica.
Esto ha permitido evitar una auténtica epidemia de dependencia a dicha medicación. Pese a ello, queda bastante terreno a recorrer con este grupo farmacológico, pues siguen saliendo de las oficinas de farmacia ingentes cantidades de tranquilizantes para poder dormir o para superar cuadros de nerviosismo.
Acudir a los remedios naturales tradicionales (valeriana, tila, melisa, espino blanco, passiflora…) puede ser una buena recomendación si nos enfrentamos a un síndrome de estrés, y no queremos sucumbir a la medicación sedante.

El botiquín: el peor enemigo de la automedicación

Según fuentes consultadas, hasta un 42% de los hogares españoles tienen un botiquín. Y hasta un 54% de las personas reconocen que, si un medicamento le fue bien en una ocasión, lo guardan por si vuelven a aparecer síntomas similares.

¿Qué puede tener en un botiquín?

Algunos comprimidos de paracetamol, o, si usted no es una persona con la tensión elevada, o con problemas de corazón o riñón, algún comprimido de ibuprofeno o de diclofenaco. En cualquier caso, la cantidad mínima necesaria para un tratamiento breve (un máximo de 5-7 días).

Si en alguna ocasión tuvo que recurrir a algún antihistamínico, bien por picor, bien por estornudos frecuentes, puede disponer de algún comprimido, que podría utilizar si reaparecen los síntomas.

¿Qué debemos evitar?

Fundamentalmente, y por lo explicado anteriormente, los antibióticos.

Tampoco debemos dejar al alcance de otras personas comprimidos antihipertensivos, o antidiabéticos. Y menos aún, fuera de su envoltorio y su caja correspondiente.

¿Qué hacer con los medicamentos que sobran tras un tratamiento?

Es una de las cuestiones que, en tiempos de carencias económicas, salen una y otra vez a la palestra: si un tratamiento comporta tomar 5 pastillas, por ejemplo, ¿por qué los laboratorios farmacéuticos hacen cajas con 28 comprimidos?

Según Europa Press (ver noticia completa en su fuente original en el siguiente enlace, al ser estudiadas especies animales y vegetales que viven habitualmente en la cuenca del río Llobregat, en Catalunya, han podido comprobar que:

1. Ha disminuido la cantidad de especies animales.
2. Las plantas también han resultado afectadas, tanto en número como en tamaño.
3. Curiosamente, los mosquitos y moscas que rondaban el curso fluvial del citado río, son cada vez mayores (no explicaban cómo de mayores, pero sí que habían ganado tamaño).

¿Y la causa?

A nadie se le escapa el hecho que el cambio climático tiene efectos que pueden justificar estos hallazgos. No parece haber demasiadas dudas al respecto. Y, sin embargo, no ha sido el motivo principal esgrimido por el grupo investigador.
Al analizar el agua del río, se ha constatado la presencia de determinados medicamentos. Entre ellos, destacaban los antiinflamatorios, antihistamínicos, algunos antibióticos y aquellos destinados a disminuir los niveles de colesterol en la sangre.
Especialmente perniciosos han sido considerados los antiinflamatorios, entre los que se ha evidenciado la presencia masiva de ibuprofeno y diclofenaco.

¿Y cómo han llegado al río?

Evidentemente, a través de las aguas residuales que, pese a ser tratadas en las estaciones correspondientes, no consiguen desprenderse de los medicamentos que llevan disueltos.
Teniendo en cuenta que las aguas residuales proceden de nuestros lavabos y sanitarios (váteres…)…

¿Qué hacer con los medicamentos cuando no los necesitamos?

En el estudio tampoco quedaba claro si se trataba de medicamentos caducados o no. Supongamos que no todos estaban caducados. ¿No hubiese sido mejor llevarlos a un centro de recogida para que se pudiesen beneficiar aquellas personas sin medios económicos suficientes?
¿Y si estaban caducados? En ese caso, en las farmacias hay bidones de recogida de fármacos para llevarlos a una planta “gestora” de residuos. Mucho más ecológico, sin duda, aunque, a menudo, la pereza nos detiene a la hora de hacer lo correcto.

Fuentes:

1-      Encuesta Nacional de Salud. Tablas Nacionales. Año 2003.

2-      “Guía Práctica de la Salud” de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC). Unidades 24.4 (Automedicación) y 24.5 (Botiquín básico de la casa y para ir de viaje)

3-      “Automedicación y automedicación responsable

4-      Spence D., “Bad medicine: Gabapentin and pregabalin

Otros contenidos del dosier: Automedicación

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