Cómo administrar los medicamentos

Se calcula que dos personas de cada cinco no siguen correctamente la prescripción del médico. Ello puede atribuirse a una falta de comprensión de las normas de utilización, a un temor a posibles reacciones o a una simple negligencia. No respetar la prescripción (cantidad prescrita, ritmo de las tomas, duración del tratamiento) puede tener consecuencias importantes: recaída, desarrollo de una resistencia a los medicamentos. Representa, además, un coste elevado para la sociedad, ya que puede dar lugar a nuevas consultas.

Respetar la prescripción médica

Antes de establecer una prescripción, el médico pregunta al paciente si está siguiendo otros tratamientos. Esta información es especialmente útil cuando los pacientes son ancianos, ya que éstos suelen sufrir varias enfermedades, por lo que toman diversos medicamentos.
Respetar el modo de empleo. El tiempo de difusión y eliminación en el organismo es diferente en cada medicamento. Algunos (analgésicos, antimigrañosos, etc.) sólo se emplean en caso de necesidad, cuando aparecen los síntomas. Otros deben tomarse
regularmente, a intervalos de tiempo precisos. Hay que tomar los medicamentos en los momentos prescritos, si es posible. De lo contrario, aumenta el riesgo de aparición de diversos efectos secundarios.
El farmacéutico o el médico deben confirmar si el medicamento puede tomarse junto con los alimentos. Si hay que tomar varios medicamentos, el médico debe explicar –o hay que preguntarle– si pueden tomarse a la vez o separadamente, para evitar efectos secundarios o una interacción que disminuya su eficacia.
Consumo excesivo. La duración de un tratamiento nunca se fija de forma arbitraria.
Antes de aparecer en el mercado, todos los medicamentos se someten a pruebas y se fijan las dosis óptimas.
Algunos medicamentos pueden producir efectos de dependencia o efectos secundarios.
Prolongar un tratamiento o aumentar las dosis no es sinónimo de curación total o más rápida. Por el contrario, puede ser fuente de complicaciones o generar tolerancia a la sustancia medicamentosa.
Suspensión prematura de un medicamento. En el caso de un tratamiento a largo plazo, la suspensión prematura de un medicamento puede dar lugar a una recaída de la enfermedad o puede provocar complicaciones. Aunque el paciente se sienta mejor, no debe interrumpir el tratamiento sin comentarlo con el médico. A menudo, los pacientes cometen este error cuando toman antibióticos. La desaparición de los síntomas no siempre significa que la infección esté curada. Las bacterias pueden multiplicarse de nuevo, provocar una recaída e incluso volverse resistentes a los antibióticos.
Disminución progresiva de un tratamiento. Las dosis de algunos medicamentos deben disminuirse de forma progresiva, para evitar una reacción al finalizar el tratamiento.
Esto es habitual en los tratamientos con corticoides, ya que suprimen la producción de hormonas naturales por parte de la glándula suprarrenal; una reducción progresiva de la dosis permite a las hormonas naturales recuperar poco a poco los valores normales.

Controlar los efectos

Autocontrol. Antes de aparecer en el mercado, se prueban los efectos del medicamento en diferentes condiciones, para prever –entre otras cosas– la aparición de efectos secundarios. Sin embargo, aunque el paciente siga el tratamiento correctamente, pueden producirse efectos secundarios imprevistos. Por lo tanto, hay que estar atento y no hay que creer que las sensaciones desagradables son forzosamente necesarias.
Se aconseja indicar cualquier efecto supuestamente secundario al médico o al farmacéutico. Éstos, según el caso, suspenderán o no el tratamiento.
Casos particulares. Hay que informar al médico de toda alteración o enfermedad que se padezca (diabetes, insuficiencia renal, alergia a algunos medicamentos, etc.). El médico evitará prescribir cualquier medicamento que pueda alterar estas enfermedades. Si la paciente está embarazada, es imprescindible que lo indique, ya que algunos medicamentos pueden atravesar la barrera placentaria y afectar al feto.
Aunque la mayoría no son peligrosos, sus efectos son –a menudo–
desconocidos, ya que son difíciles de probar. Otros, en cambio, son nocivos para el feto y pueden producir malformaciones.
Función de control del médico y el farmacéutico. El médico de familia posee el examen clínico del paciente y conoce su historia clínica, la presencia eventual de alergias, los análisis efectuados y los resultados. Si se cambia frecuentemente de médico, se corre el riesgo de que el nuevo facultativo no disponga de toda la información, por lo que los errores de prescripción pueden ser más frecuentes.
Además, el nuevo médico puede indicar que se practiquen exploraciones que ya han sido efectuadas. Algunos farmacéuticos tienen un fichero de sus clientes habituales y de los medicamentos que toman, lo que contribuye a evitar eventuales interacciones medicamentosas.

Peligros de la automedicación

Automedicarse es peligroso. Los medicamentos sólo deben utilizarse cuando son prescritos. En ningún caso deben emplearse posteriormente, ante un trastorno similar.
Los peligros de la automedicación son diversos: la caducidad de los medicamentos, dosis inadecuadas, partir de un diagnóstico inexacto, producir alergia y utilizar medicamentos de venta libre. Por todo ello, la automedicación puede resultar más perjudicial que beneficiosa.

Niños y medicamentos

Las precauciones que deben tomarse cuando los medicamentos van dirigidos a los niños son mayores que en el caso de los adultos. Un medicamento nunca es inocuo (ni siquiera el ácido acetilsalicílico) y sólo debe administrarse por prescripción facultativa.
También está especialmente desaconsejado administrar a un niño, sin indicación médica, un medicamento prescrito anteriormente. Si existen, es preferible utilizar fórmulas farmacéuticas adaptadas a cada edad. Se aconseja a los padres que verifiquen en el folleto de instrucciones las contraindicaciones, el modo de empleo y la posología.
Farmacéutico. Conoce la acción de los medicamentos, los efectos secundarios y las interacciones, y ofrece un buen consejo cuando se desea adquirir medicamentos de venta libre.

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