El prospecto de los medicamentos

Aunque todos los prospectos han pasado un test de legibilidad, a veces pueden resultar farragosos, repletos de términos científicos de comprensión dificultosa.  Cada vez más, los laboratorios se esfuerzan en elaborar prospectos más prácticos, donde la información sea concisa y útil.

La información del prospecto

El primer apartado del prospecto explica cual es el principio activo y sus indicaciones (para qué enfermedades o dolencias puede utilizarse).

A continuación, se hace referencia a precauciones que deben tenerse antes de tomar el medicamento: las posibles contraindicaciones (situaciones especiales o enfermedades del usuario que pueden contraindicar la toma del fármaco o aconsejan disminuir la dosis o tomar precauciones especiales) y las posibles interacciones con otros fármacos que pueda estar tomando el paciente al mismo tiempo. También se hace referencia a situaciones especiales como son la lactancia, el embarazo y si el fármaco puede modificar la capacidad para la conducción o el manejo de maquinaria.

Otro apartado hace referencia a cómo debe tomarse la medicación: posología y normas de administración (si es preferible hacerlo en ayunas o después de las comidas, en una dosis única o varias tomas repartidas, etc).  Es importante leer detenidamente estas recomendaciones, que en ocasiones, por falta de tiempo, el médico prescriptor puede no haber explicado con detalle.

Posibles efectos adversos

Es la parte más delicada, y que con mayor frecuencia puede originar confusión o alarma en el usuario.

En primer lugar, hay que tener presente que todos los medicamentos pueden presentar efectos adversos. Una reacción de tipo alérgico, que excepcionalmente puede ser grave y conllevar incluso riesgo vital, se puede originar con cualquier principio activo que interactúe con nuestro organismo.

Aparte de estas reacciones alérgicas, que son imprevisibles, cada fármaco presenta un perfil de efectos adversos diferente (por ejemplo, molestias gastrointestinales, somnolencia, o sensación de mareo), que sí es previsible, porque se conoce aproximadamente la frecuencia de aparición, aunque ante cada paciente en concreto no sabemos si se presentarán o no.

También debemos tener en cuenta que la capacidad de sugestión del ser humano es alta. Un medicamento sin ningún principio activo (es decir, un placebo), es capaz de provocar en quién lo toma efectos adversos reales (por ejemplo, molestias gastrointestinales en un porcentaje de pacientes, sequedad de boca en otros, cefalea, visión borrosa en otro grupo de pacientes, etc.) Incluso es conocido que el color del comprimido de placebo puede influir en los efectos secundarios (por ejemplo una cápsula de color rojo, sin ningún principio activo, puede ser peor tolerada a nivel gastrointestinal que otro placebo administrado como una cápsula de otro color).

Cuando se estudian los efectos adversos de un fármaco, siempre se compara respecto a placebo. La diferencia de efectos indeseables observada corresponde a los efectos secundarios atribuibles al fármaco en cuestión.

Los médicos y los farmacéuticos conocen los efectos secundarios más frecuentes para cada tipo de fármacos y son quiénes mejor pueden aconsejar y prevenir al usuario sobre ellos. La minuciosa revisión de una lista exhaustiva de otro tipo de efectos secundarios menos frecuentes o muy raros puede ser causa de confusión para el usuario. Ante la duda, consultar con el médico o con el farmacéutico puede servir para aclarar la importancia real de posibles reacciones adversas.

El prospecto finaliza habitualmente con la explicación de normas de conservación, importante por ejemplo en algunos fármacos que deben conservarse en frío, un dato que puede no haber sido detallado en la consulta del médico, y otras informaciones adicionales, como la composición del excipiente (importante en algunos pacientes alérgicos).

Dr. J. M. Castillejo

Otros contenidos del dosier: Lo esencial sobre los medicamentos

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