Los medicamentos y el niño

Lo primero que diferencia a un niño de un adulto es, evidentemente, su fisionomía. Sus organismos no funcionan de la misma manera, puesto que el organismo de un niño es menos maduro que el del adulto. Sin embargo, así como los medicamentos actúan sobre nuestro cuerpo, nuestro cuerpo actúa sobre los medicamentos para eliminarlos mejor. Hablamos del metabolismo de los medicamentos, que tiene lugar en el hígado; la eliminación, por su parte, sucede en los riñones.

Ajustar las dosis es primordial

El organismo del niño está menos capacitado que el del adulto para transformar y eliminar las sustancias. Si se sobrepasa la dosis indicada, el medicamento puede acumularse y provocar una intoxicación. De modo que no debemos “adaptar” la dosis prevista para un adulto a un niño sin la opinión de un médico.

Atención a la forma de administración…

También desde el punto de vista anatómico hay diferencias entre el adulto y el niño, puesto que muchos de los órganos de éste último están en proceso de formación. La piel de los bebés, por ejemplo, es mucho más fina y frágil que la de sus padres. Así, los medicamentos de uso local como las pomadas son susceptibles de penetrar la piel de manera más profunda e incluso de alcanzar el torrente sanguíneo. Una vez en la sangre, las sustancias activas pueden actuar de manera directa y causar efectos adversos, entre ellos intoxicaciones.

… y a la sustancia

La mayoría de los órganos del niño están en vías de desarrollo o de maduración, y un medicamento puede alterar esos procesos. Los antibióticos de la familia de las ciclinas, por ejemplo, son conocidos por provocar una coloración irreversible de los dientes y un mal desarrollo del esmalte, que se traduce en un debilitamiento dental.

Estos medicamentos están contraindicados en los niños menores de 8 años y en las mujeres embarazadas.

El medicamento no debe banalizarse

Al igual que sucede con la comida, el niño puede negarse a tomar un medicamento. Lo más fácil sería decirle “tómatelo, es un caramelo”, pero eso es justamente lo que no debemos hacer, porque el pequeño corre el riesgo de ingerirlo de manera masiva en cuanto nos hayamos dado la media vuelta. Por eso, es importante no dejar nunca los medicamento a su alcance, ni siquiera los que compremos sin receta.

Si persisten las dudas, podemos contactar al médico o al farmacéutico. Y en caso de urgencia, debemos llamar de inmediato al servicio de urgencia del hospital más cercano.

François Resplandy

Otros contenidos del dosier: Medicación infantil

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