La gran historia del café

Originario de una provincia de Etiopía, muchas leyendas circulan alrededor del descubrimiento de los efectos del fruto del cafeto. Su consumo se desarrolla luego en el mundo árabe del siglo XVI, mientras que en Europa sigue siendo desconocido. Antes de encontrarse en las tazas de los hogares occidentales, el café ya estaba en el corazón de leyendas, conflictos políticos, religiosos y económicos. Hoy en día, se consumen miles de tazas por día y varias toneladas por año.

De la leyenda a la expansión en el mundo del siglo XVII

El cafeto parece ser originario de una provincia de Etiopía, llamada Kaffa. Circulan muchas leyendas sobre el descubrimiento de las propiedades estimulantes de las cerezas del cafeto. La más célebre cuenta la historia de un joven pastor llamado Khaldi, intrigado por el comportamiento de sus cabras que habían consumido los frutos del árbol. Al relatar la anécdota a un religioso del lugar, éste tuvo la idea de hacer de ellas una bebida.

En el siglo XV, la expansión se produjo primero hacia la vecina Arabia, gracias a los peregrinos musulmanes que iban a la Meca. Se llamó entonces a esta bebida de efectos estimulantes “K’hawah”. Como el alcohol está prohibido en la religión islámica, el café tuvo un gran éxito.

Los primeros cafés abren como lugares culturales de intercambio y son especialmente apreciados por los intelectuales. El café pertenece entonces al monopolio árabe que aplica una política de no exportación.

En 1615, algunos comerciantes venecianos logran sin embargo hacerlo llegar a Europa. El viejo continente entra entonces en una verdadera efervescencia en relación a las bebidas calientes con la llegada reciente del chocolate (1528) y del té (1610).

En los años que siguen, Francia, los Países Bajos e Inglaterra plantan cafetos en sus colonias, logrando así aprovisionarse libremente. Paralelamente a esto, muchos cafés abren en las grandes ciudades de Europa. A Francia por ejemplo, el café llega a través del puerto de Marsella y se inaugura allí, hacia 1640, el primer café francés. Habrá que esperar cerca de 30 años (1672) para ver el primero en París.

A América, el café llega en forma más tardía, en 1688. Se vuelve popular por el episodio de la “Boston Tea Party”, que marca el comienzo de la guerra de independencia. Exasperado por los pesados impuestos del Rey Carlos III sobre el té, los habitantes de Boston deciden boicotear las mercancías inglesas y reemplazar el té por el café en sus hábitos alimenticios.

¿Una expansión controvertida?

A lo largo de toda su expansión, el café, por sus propiedades estimulantes sobre el organismo, estará sujeto a numerosas polémicas. La primera data de 1511: en signo de protesta contra la popularidad del café, las autoridades de La Meca quieren quemar los sacos de granos. Según ellas, los cafés serían lugares de excesos y protestas políticas.

Después de su llegada a Europa, algunos sacerdotes italianos intentar hacer que el Papa Clemente VIII lo prohíba, por ser el café la bebida de los infieles. Ahora bien, después de haber degustado una taza, al Papa le gustó tanto que hubiera querido incluso bautizarlo.

En Inglaterra tuvieron lugar también dos tentativas de prohibición. En 1674, un grupo de mujeres firmó una petición diciendo que el café alejaba a sus maridos, que preferían pasar tiempo en estos establecimientos que en el domicilio familiar. Carlos II estuvo al origen de esta segunda tentativa. Pensando que sería en estos lugares donde la revolución se forjaría, quiso prohibir y cerrar los cafés.

Más original: en Alemania se pensaba que el brebaje volvía estéril y pues, se intentó prohibirlo a las mujeres. Finalmente, al final del siglo XVIII, el café presentaba una seria competencia, incluso un perjuicio, al comercio de cerveza producida en Prusia. El rey Federico el Grande también intentó prohibirlo.

El café hoy en día

El café es actualmente la segunda bebida (detrás del té) más consumida en el mundo y los más grandes bebedores son los escandinavos.

Desde un punto de vista económico, se estima que más de 100 millones de personas viven del cultivo del café. El café es incluso el primer producto agrícola comercializado en el mundo, delante del trigo o el azúcar. Además, para muchos países en desarrollo; el café representa 80% de las exportaciones locales, lo cual lo ubica como la segunda divisa después del petróleo.

Sin embargo, el consumo de café evoluciona: desde hace unos años, las cápsulas invaden nuestros hogares. Si bien es menos ecológico, los industriales han desarrollado este sistema a fin de responder a las necesidades de practicidad buscadas por los consumidores. Excelente forma de conciliar ecología y solidaridad, el comercio equitativo tiende también a modificar nuestros hábitos de consumo.

El café ha tenido entonces una historia muy agitada antes de volverse el compañero indispensable de los ataques de cansancio y un producto alimenticio de innegable poder económico.

F. Tronel

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