Probar alimentos nuevos ayuda a tu salud

Los psicólogos utilizan dos etiquetas para describir los principales perfiles respecto a las nuevos alimentos: neofilia y neofobia. Diferentes estudios demuestran que los neófobos -gente con menor inclinación a probar cosas nuevas- experimentan signos de estrés cuando tienen delante ingredientes desconocidos, los cuales incluyen aceleración del pulso, respiración rápida y aumento de la sudoración. Este rechazo a lo nuevo influye en la variedad de la alimentación, de forma que ese temor a la novedad puede convertirse en perjudicial para la salud y el bienestar en general. El resultado puede ser un déficit de nutrientes clave, como proteínas, grasas monoinsaturadas y minerales como el magnesio.

Se ha demostrado que los neófobos son más propensos a tener sobrepeso, una circunstancia que se explica porque tienden a optar por ingredientes más calóricos. Además, los estudios relacionan la neofobia con más vitalidad y mayores niveles de energía. En cuanto al origen de la neofilia y la neofobia, parece haber una parte genética y otra relacionada con la educación. Algunas investigaciones sugieren que los neófobos tienden a ser más sensibles a una sustancia química particular, la feniltiocarbamida, que da a muchos alimentos un gusto amargo y que, desde el punto de vista evolutivo, puede haber sido una herramienta natural para indicar la toxicidad de los alimentos.

Por otro lado, las texturas menos tradicionales también presentan obstáculos para las aventuras gastronómicas. En este sentido hay un sesgo étnico o cultural; formas y sabores que en un rincón del mundo son normales, causan un rechazo frontal en otras zonas. Por ejemplo, los alimentos que se degradan y pueden volverse viscosos o gelatinosos generan aversión, lo mismo que los ingredientes de ciertos colores. Sin embargo, algunas culturas han llegado a dominar procesos de fermentación que forman parte básica de su cocina, como ocurre con muchos elementos de la cocina asiática.

Los extrovertidos comen mejor

Aunque haya un origen químico, los factores psicológicos también juegan un papel importante. Un estudio en la Universidad de Austin ha relacionado la neofobia alimentaria con un mayor temor a contraer enfermedades. Esto sugiere que el miedo a sufrir infecciones puede ser una de las razones que hace que algunas personas experimenten un fuerte rechazo a ciertos tipos de carne y pescado, dado que consideran que pueden conllevar un mayor riesgo de intoxicación alimentaria. 

En esta misma línea, otras investigaciones sugieren relaciones aún más sorprendentes entre la personalidad y la dieta. Las personas que poseen una personalidad abierta y extrovertida comen más frutas y verduras que otras, según un amplio análisis publicado en la revista Frontiers in Psychology, en el que se analizaron los hábitos alimenticios de más de un millar de personas. En este caso los autores descubrieron que las personalidades más abiertas y extrovertidas -identificadas a través de test psicológicos- consumían 4,5 porciones más de frutas y verduras a la semana que el resto.

Abrir la mente y el paladar

A pesar de todos estos condicionantes, los expertos aseguran que cualquier persona puede aprender a superar esas sensaciones de rechazo y, paulatinamente, abrir su paladar a nuevos alimentos. El camino es lograr una mayor exposición a nuevos sabores y texturas. Se ha demostrado que prestar más atención y ser más consciente de lo que se consume es una forma eficaz de mejorar la dieta y que este enfoque ayuda a evitar la aversión inicial.

El simple hecho de ser más consciente sobre lo que hay en el plato -independientemente de lo elaborado que sea- puede ayudar a relajarse y evitar respuestas negativas del cuerpo. Por otro lado, las personas que comen sentadas y sin distracciones, como la televisión, el móvil o el trabajo, tardan más tiempo en degustar y mastican mejor, lo que tiene un efecto positivo en la digestión. Además, comiendo más despacio se da tiempo al cerebro a que transmita sensación de saciedad, con lo que se ingiere menos y se disfruta más.

Fuentes:

  • ‘Food neophobia and its association with diet quality and weight in children aged 24 months: a cross sectional study’, International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity.
  • ‘The genetics of phenylthiocarbamide perception’, Annals of Human Biology.
  • ‘Mating strategy, disgust, and food neophobia’, Elsevier.
  • ‘Mindful Eating: Clinical Tool’, University of Wisconsin.
  • ‘The Role of Personality Traits in Young Adult Fruit and Vegetable Consumption’, Frontiers in Psycology.

Otros contenidos del dosier: Cómo alimentarse bien sin engordar

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