Propiedades del Aloe Vera o Sábila

Las mil propiedades del Aloe Vera o Sábila

Cleopatra la utilizaba como elixir de belleza, los mayas contra el dolor de cabeza, el Kamasutra aclama sus propiedades afrodisíacas… A lo largo de la historia, al Aloe se le han atribuido muchos beneficios, algunos de ellos discutidos hoy en día, otros, demostrados científicamente. En particular, son cuatro los tipos de componentes que le confieren sus numerosas propiedades terapéuticas: mucopolisacáridos, oligoelementos, esteroides vegetales y antraquinonas.
Los primeros son azúcares complejos destacados por su efecto gastroprotector. Estos carbohidratos se adhieren a las paredes del estómago protegiéndolo de ácidos y agentes irritantes. Además, tendrían la capacidad de estimular el sistema inmunitario, ayudándonos a protegernos de los agentes patógenos. Por último, los mucopolisacáridos también ayudan a la cicatrización, estimulando la producción de fibroblastos (células de la dermis).
Sin embargo, es la riqueza de sus minerales, vitaminas y elementos nutritivos, como el manganeso y el selenio, la que confiere a esta planta propiedades antioxidantes, utilizadas desde hace tiempo en los cosméticos, especialmente en las cremas antiarrugas y en las hidratantes.
Una de las propiedades más estudiadas y más documentadas científicamente del Aloe es que actúa como antiinflamatorio. Esto se debe a los esteroides vegetales, cuya acción se podría comparar con la de los esteroides que contienen los fármacos sintetizados en laboratorios farmacéuticos pero sin los posibles efectos secundarios de éstos.
Por último, un componente fundamental de esta planta son las antraquinonas famosas por su acción laxante. Algunas de estas sustancias también tienen propiedades antisépticas, de ahí que el Aloe se utilice en muchas cremas desinfectantes y antibióticas.

Aloe Vera: ¿gel o zumo?

El aloe se puede utilizar en dos formatos diferentes: gel o zumo.

  • El gel, obtenido al prensar o exprimir la parte central de la hoja, está indicado para uso externo. Es muy eficaz para acelerar la cicatrización de las heridas cutáneas. Estas propiedades, ya aclamadas desde la antigüedad, fueron sacadas a la luz por primera vez durante un estudio científico en 1935, cuando el gel de Aloe demostró ser eficaz para tratar las quemaduras causadas por rayos X. De hecho, es especialmente útil para las quemaduras, gracias a la acción conjunta de sus propiedades antimicrobianas y de su efecto estimulante de la regeneración cutánea. Por otra parte, el gel se utiliza para tratamientos del pelo y del cuero cabelludo, además de para cremas lenitivas y antiedad. Se cree que también puede ser utilizada para el tratamiento de la psoriasis y del herpes simple, pero en estos casos es mejor consultar primero con el médico.  
  • El zumo o jugo se extrae de la parte más superficial de las hojas y se utiliza, en pequeñas dosis, contra el estreñimiento, pues actúa estimulando el tránsito intestinal. Unos 0,025 gramos son suficientes para provocar una fuerte acción laxante al cabo de 6-12 horas. Por eso, se suele utilizar combinándola con otras sustancias que provocan el mismo efecto pero de forma más suave.

Contraindicaciones y efectos secundarios

Debido precisamente a su fuerte acción laxante, es muy importante tomar el zumo de Aloe solo en las dosis indicadas y durante breves periodos de tiempo, de lo contrario se podrían desencadenar diversos problemas del aparato digestivo (desde la gastritis, hasta las náuseas o la diarrea) o riesgo de nefritis, es decir, una inflamación renal.
También hay que tener en cuenta que el consumo puede reducir la absorción de otros fármacos de uso oral debido al aumento del tránsito intestinal.
Asimismo, el jugo de Aloe tiene algunas contraindicaciones. No es recomendable durante el embarazo y la lactancia (las antraquinonas pueden ser absorbidas por el feto o pasar a través de la leche), pero también durante el ciclo menstrual, porque puede intensificar el flujo sanguíneo. Además, tampoco lo deberían tomar los niños pequeños, ni si la persona sufre de varices o hemorroides, de problemas renales, apendicitis, enfermedad de Crohn u otros estados inflamatorios del intestino. 

Por último, no se debe utilizar junto a medicamentos con cortisona, de tipo diurético, tiazídicos y glucósidos cardíacos, y tampoco con regaliz, porque acentuaría la pérdida de potasio cuya carencia puede provocar trastornos de la contracción muscular, incluida la cardíaca.  

C. Lulli

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