El síndrome de aplastamiento

El 11 de setiembre de 2001, dos aviones se estrellaron contra las dos torres más altas de la ciudad de Nueva York (415 metros y 417 metros). En los rascacielos trabajaban más de 50.000 personas. En junio de 1990, en Irán, el suelo empezó a temblar. El resultado: 40.000 muertos. En 1940, la Alemania nazi lanzó la “blitzkrieg” (guerra relámpago) sobre Inglaterra: bombardeos diarios y, como consecuencia, miles de víctimas. Todas estas catástrofes tienen algo en común: Bywaters, también conocido como el síndrome de aplastamiento.

Compresión de los músculos

“Cuando conseguimos sacar a la víctima que había quedado sepultada tras un derrumbamiento, parecía sana y salva. Tenía algunas heridas leves en las piernas, pero nada más. Un cuarto de hora más tarde, murió”. Es el testimonio de un bombero que resume a la perfección los estragos del síndrome de Bywaters. Este síndrome debe su nombre a un médico inglés que, durante la Segunda Guerra Mundial, identificó y describió la enfermedad.

El síndrome de aplastamiento se caracteriza por “lesiones cerebrales post-catástrofes provocadas por la compresión de las piernas y por el miedo que desaata la situación dramática”, explica el médico británico en sus memorias. Hoy en día sabemos que este síndrome es, en realidad, una consecuencia de la compresión de los músculos después de un derrumbamiento. Los órganos están aplastados y, por lo tanto, producen toxinas que se liberan durante el salvamento de la víctima. Los riesgos son varios, desde la aparición de lesiones renales hasta una parada cardiaca.

Astilleros, playas: zonas de riesgo

Aunque este síndrome suele aparecer tras seísmos y temblores de tierra, lo cierto es que puede aparecer después de cualquier catástrofe natural. El sector de la construcción y obras públicas también suele ser víctima de este terrible síndrome y no debemos olvidar que cada año se registran varias decenas de fallecidos en astilleros a causa de dicho síndrome.

Sin embargo, también se han detectado casos en nuestras playas. En verano, no es raro ver a los adolescentes divirtiéndose en la playa, a veces, enterrando a alguno de sus amigos en la arena. La simple compresión de las piernas puede provocar lesiones irreversibles, sobre todo en personas débiles o frágiles.

Secuelas psicológicas del síndrome de aplastamiento

Aunque el síndrome de Bywaters tiene consecuencias a corto plazo, cabe recordar que también pueden aparecer después de varios años. Es el caso, por ejemplo, de las secuelas psicológicas. Temblores, vómitos, insuficiencia respiratoria… Todos estos síntomas, que nos recuerdan al conocido “mal de altura”, pueden aparecer en cualquier momento después de la catástrofe y, en muchas ocasiones, a las víctimas les cuesta identificar la causa. La persona en cuestión, que está literalmente aplastada bajo el peso de la tierra o de cualquier otro material, genera de forma inconsciente varios trastornos psicológicos. “Angustia, ansiedad, desesperación, sensación de estar atrapado… La víctima vive todas estas sensaciones durante varias horas y se siente impotente porque no puede hacer nada”, explica Gilbert Bousquet, que trabaja en el sector de la construcción y obras públicas. Así pues, se aconseja a todas las víctimas que hayan quedado sepultadas o enterradas tras una catástrofe que estén alerta a las posibles secuelas o consecuencias.

E. Varrier

Otros contenidos del dosier: Auxilios y cuidados críticos en caso de catástrofes o atentados

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