¿Por qué mi médico no me pide un escáner (TAC) craneal para asegurarse?

Me lo quiero hacer, por si acaso

Las pruebas de imagen tienen varias limitaciones; bueno, en realidad, muchas. No son, ni mucho menos, perfectas. Ni gratuitas. Ni, como veremos después, inocuas para la salud.

Una de las limitaciones más importantes, y que es conocida por la mayoría de las personas, es que sólo detectan tumores cuando ya es tarde (“Si me la hubiese pedido antes…”). Hemos de pensar que uno de los hándicaps que tiene la enfermedad tumoral es que, en muchos de los tipos de neoplasias malignas, el diagnóstico precoz (esto es, con capacidad para ser curado completamente) es muy complicado. Y deberíamos someter a mucha gente a pruebas agresivas, con capacidad de radiación, para detectar algún caso en fase inicial. ¿Compensa esto?

Así mismo, con el paso de los años, se ha ido estudiando la capacidad de la radiación para originar nuevos tumores, o enfermedades crónicas. Y ya no quedan dudas que, determinadas pruebas, sobre todo las radiológicas (radiografías y TACs) pueden constituirse en agentes nocivos para nuestra salud. Existe una tabla, una gráfica, que relaciona la cantidad de radiación producida por cada prueba (radiografía de las diferentes partes del cuerpo, o bien TACs de diversas zonas corporales) como múltiplo de la radiación ambiental a la que todos estamos sometidos por el hecho de habitar en este planeta. A modo de ejemplo, un TAC craneal comporta la misma radiación que un año expuesto a la citada radiación ambiental. Y todo ello, condensado en pocos minutos.

No todas las pruebas sirven para todo

Veíamos al inicio que las ecografías no comportan radiación. Además, son bastante sencillas de realizar, aunque su traducción requiere conocimientos expertos (cosa que impide, por ejemplo, que podamos realizarlas los médicos de Atención Primaria).

Siendo así, ¿por qué no hacemos ECOs a todo el mundo? Por ejemplo, si queremos descartar un tumor cerebral, podríamos pedir una Ecografía craneal… Sería sencillo caer en ese argumento. Lamentablemente, las ecografías, muy útiles para el espacio abdominal, apenas tienen utilidad en la zona craneal, ni en el pulmón. Y esto sucede también con otras pruebas diagnósticas.

Tenemos tendencia a pensar en lo peor

Siempre que viene a consulta alguien solicitando una prueba de imagen, el médico se sienta con el paciente, y valora la indicación de la misma. Hemos de pensar que no siempre será necesaria dicha prueba.

En este sentido, encuentro muy didáctico el siguiente ejemplo: Cualquier persona con dolor de cabeza puede tener un tumor cerebral. No es lo más probable; pero tampoco es seguro al 100% que no sea ése su padecimiento. En cualquier caso, creo que podemos convenir en el hecho que no es demasiado lógico pedir sistemáticamente TACs a todo aquél que acude a consulta porque presenta molestias cefálicas. Lo más frecuente es lo más corriente. Y los tumores, afortunadamente, no es lo primero a pensar ante la aparición de cualquier dolor.

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