El diabetólogo, el especialista en diabetes

Actualmente, más de cuatro millones de españoles tienen diabetes. A pesar de que los interlocutores principales suelen ser el médico de cabecera y el diabetólogo, esta enfermedad suele requerir la atención de varios especialistas. Precisamente la calidad del tratamiento viene dada por este enfoque multidisciplinar.

El médico de cabecera: el primer contacto

Es la pieza clave del tratamiento, puesto que el médico de cabecera tiene la ventaja de conocer el historial personal del paciente, así como su contexto familiar. Siendo conocedor de los elementos aportados por el paciente diabético, suele ser el coordinador del conjunto de participantes que intervienen en el tratamiento de la enfermedad (desde los especialistas hasta los paramédicos).

Solicita exámenes regulares justificados (medición de la presión, examen podológico, valores de la hemoglobina glicosilada, de la microalbuminuria, del colesterol y de los triglicéridos…). Su papel tampoco se limita a prescribir una receta, sino que puede, gracias a los exámenes regulares, evaluar los órganos potencialmente afectados por la diabetes. También se encuentra en primera línea en lo que respecta a todas las patologías (infecciones, accidentes...) que puedan interferir en la diabetes.
El médico de cabecera puede ofrecer los primeros consejos en materia dietética y de lucha contra el sobrepeso. En caso de necesidad, puede derivar rápidamente al paciente hacia el especialista correspondiente (cardiólogo, neurólogo, dentista, podólogo…), y por supuesto, al diabetólogo. La colaboración entre el diabetólogo y el médico de cabecera es fundamental para que la asistencia al paciente sea la adecuada.

El diabetólogo: el gran especialista

Suele ser un endocrinólogo que ejerce en el hospital o en los centros de salud. Es el experto capaz de garantizar la atención inicial y el seguimiento regular de los pacientes diabéticos junto con el médico de familia. Trabajando codo con codo con este último, este especialista responde a los problemas que puedan surgir, permite orientar el tratamiento, e incluso colma las lagunas. Al estar siempre informado de los últimos avances, podrá hacer que el paciente resulte beneficiario de las novedades en materia de automedición de la glucemia, de soluciones inyectables de insulina o de nuevos medicamentos.
Se debe visitar al diabetólogo como mínimo una vez al año, y en los casos de insulinoterapia con mayor frecuencia. Además de esta relación directa con el paciente, los diabetólogos suelen propiciar cada vez más el acceso a una red de asistencia que permite ofrecer al paciente una atención multidisciplinar. 

Enfermeros, podólogos, oftalmólogos... a cada uno su especialidad

El carácter multidisciplinar es la clave del tratamiento de la diabetes, que puede afectar a diferentes órganos y frente a la que contamos con diferentes armas. Entre el resto de especialistas y el equipo paramédico que luchan contra la diabetes, podemos citar los siguientes: 

El dietista: este especialista ofrece una información fundamental sobre la alimentación (elección de alimentos para componer un menú equilibrado, evaluación de la cantidad de hidratos de carbono de una comida, formas de cocción, lectura de etiquetas de productos industriales...), ayuda a corregir ciertos errores, etc. La alimentación es una de las principales armas del tratamiento contra la diabetes.

El enfermero: cercano al paciente diabético, el enfermero aporta una información valiosa para la realización práctica de los exámenes de autocontrol del nivel de glucemia, en función de los diferentes aparatos. Asimismo, puede aconsejar al enfermo en lo que respecta a las reglas de higiene indispensables. También a él se recurre en caso de lesión (pie y piernas).

El oftalmólogo: el papel del oftalmólogo ha quedado perfectamente comprobado. Permite que cada paciente adapte sus gafas de vista en caso necesario, pero sobre todo realiza la exploración del fondo de ojo al menos una vez al año. Esta exploración permite detectar las lesiones precoces de la retina que pueden conducir a una ceguera. La diabetes es la primera causa de ceguera en las personas menores de 50 años. En un contexto de escasez de oftalmólogos, la utilización de la retinografía por el personal paramédico se presenta como una alternativa interesante.

El podólogo: a consecuencia de una prueba de grado de sensibilidad o de la aparición de durezas o lesiones en los pies, algunos pacientes deben recibir una atención específica. El podólogo interviene gracias a las plantillas adecuadas para los diabéticos. Cuando se presenten lesiones importantes, el podólogo se ocupará de realizar el seguimiento cada dos meses.

El cardiólogo: el riesgo de que los diabéticos padezcan enfermedades cardiovasculares es dos veces superior en el hombre y tres veces en la mujer. Debido a este riesgo particular, se aconseja realizar una visita al año para realizar una evaluación completa del estado de salud del corazón.

Pero el paciente también es un actor esencial en su tratamiento. Debe vigilar sus niveles a diario, inyectarse la insulina, cuidar su alimentación y efectuar los controles glucémicos. Si el paciente toma nota de todas las manifestaciones singulares (desmayos, variación del nivel de glucemia, respuestas físicas poco habituales, procesos secundarios), estos datos pueden constituir un instrumento útil a la hora de adaptar el tratamiento, siempre contando con la opinión del médico.

D. Bême

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