Actividad sexual y problemas cardiacos en el hombre

El acto sexual no es algo banal y puede desencadenar una transformación del metabolismo capaz de preocupar –con razón– a la persona convaleciente de un problema del corazón. Este órgano late a 70 u 80 pulsaciones por minuto, las cuales pueden aumentar a 160, al tiempo que sube la tensión arterial. Muchos pacientes experimentan un descenso del desempeño físico como resultado de la enfermedad o la ansiedad y entonces se preocupan; otras veces, son los medicamentos los que provocan disfunciones sexuales.

Los hombres, sobre todo pasados los 50, son más vulnerables a las enfermedades coronarias que las mujeres. Un esfuerzo físico excesivo puede desencadenar una crisis, sobre todo si las circunstancias psicológicas relacionadas con el esfuerzo son considerables. Así, un hombre víctima de una angina de pecho corre más riesgo si tiene relaciones sexuales con una compañera nueva que si lo hace con su pareja habitual. Sin embargo, hay otros parámetros capaces de acrecentar el riesgo, por ejemplo, un lugar inhabitual, una nueva posición o el grado de asombro del varón con la belleza de la amante…

Sólo un 0,6 por ciento de las muertes súbitas están directamente relacionas con la actividad sexual. Pese a todo, conviene saber cómo reacciona el propio cuerpo al esfuerzo y aprender a dominarse durante el periodo de recuperación. Un dato curioso: un acto sexual “medio” equivale a subir, a buen ritmo, dos pisos a pie. En general, la mayoría de los pacientes coronarios puede someterse a este esfuerzo tras la salida del hospital. Cuando los resultados de las pruebas son normales, no hay sufrimiento cardiaco durante el acto sexual ni riesgo importante de accidente cardiovascular.

Después de un infarto

El infarto puede sobrevenir de golpe o tras un periodo más o menos largo de angina de pecho. A veces, el infarto es grave, incluso mortal; pero a menudo los pacientes se salvan, aunque con secuelas de distinta índole.

El infarto raramente sobreviene tras el acto sexual; sólo un tres por ciento de los hombres había mantenido relaciones sexuales dos horas antes de padecer un infarto.

Según las conclusiones de un congreso de cardiología celebrado recientemente en Barcelona, se puede retomar la actividad física y sexual normal ocho o diez días después de la salida del hospital.

En cuanto a los problemas del ritmo cardiaco, éstos se pueden tratar con medicación o con un marcapasos.

¿Y para el resto de las enfermedades cardiacas?

Tu médico y tu cardiólogo podrán precisarte cuánto esfuerzo es razonable hacer, el tratamiento que debes seguir y si tendrás dificultades en lo sexual.

Implicaciones sexuales de las enfermedades coronarias. No sólo las arterias que irrigan el corazón son susceptibles de taparse; otras, como las que llegan al pene, también pueden verse afectadas. Si esto ocurre, la erección puede ser difícil de alcanzar, lo cual es más frecuente en los casos de infarto de miocardio o angina de pecho. En estas situaciones el Viagra puede ser de utilidad, pero cuidado porque hay tratamientos absolutamente incompatibles con esta droga. Antes de tomar cualquier medicamento debes consultar con tu médico.

Las enfermedades cardiacas no son las únicas culpables

Un hombre que padece del corazón puede sentirse disminuido o temer que su desempeño sexual sea poco satisfactorio. Así, el estrés también puede provocar problemas de erección, incluso de eyaculación. Algunas modificaciones en el estilo de vida relacionadas con el tratamiento global del paciente –dejar de fumar, estar a dieta– pueden impactar en el ánimo y afectar al deseo sexual.

Otras veces, lo que sucede es que la persona reduce los encuentros sexuales o los elimina por completo, sobre todo si experimentaba dificultades antes de la aparición de los problemas cardiacos. A menudo la compañera adopta un papel protector, dominante, y prohíbe al marido tener relaciones. El hombre puede entonces poner a prueba sus capacidades o, por el contrario, angustiarse.

En otros casos, la pareja recobra la sexualidad tomando algunas precauciones. La mujer puede, por ejemplo, adoptar un papel más activo que antes, ejecutando los movimientos pélvicos. La sexualidad no debe responder a ninguna norma y conviene dejar espacio a la innovación. Cuando esto sucede, muchas parejas ponen en práctica técnicas que nunca antes habían explorado o redescubren el sexo pausado y “perezoso”.

En el plan afectivo, el regreso a la vida sexual ayuda a que los dos miembros de la pareja recobren el erotismo y la confianza mutua, lo cual es, claramente, un signo muy positivo. En cambio, evitar el sexo es un mal pronóstico para la pareja y también para el estado cardiaco del enfermo.

No se puede negar que el acto sexual aumenta el riesgo de accidente cardiaco pero, afortunadamente, los casos de muerte súbita son raros.

Los medicamentos para los cardiacos

Los medicamentos mejoran, en la mayoría de los casos, el estado cardiaco, lo que permite la actividad física y sexual; no obstante, en ocasiones pueden tener efectos negativos en la sexualidad, perturbando el deseo e incluso la eyaculación. Un estudio ha probado la nocividad de la digitalina, los diuréticos y los betabloqueantes, que producen disfunción sexual en un 32%, un 23% y un 13 %, respectivamente.

Aunque con frecuencia estas drogas son de importancia vital y no deben suprimirse bajo ningún concepto, otras veces sí es posible reemplazarlas por drogas menos dañinas para la función sexual.

Dr A. Mocquard

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