El “ojo vago”: cómo detectarlo y corregirlo

No olvides llevar a tu hijo a revisiones oftalmológicas anuales desde los 3 años y permanece alerta ante las señales que pueden delatar un caso de ojo vago.

La mitad de los padres desconoce que sus hijos tienen problemas de visión y al menos el 50% de los niños que necesitan gafas no las utilizan.
Con estos datos, la Fundación Alain Afflelou ha puesto en marcha la XV Campaña de Salud Visual contra el Fracaso Escolar, que en este inicio de curso escolar ofrece revisiones de la vista gratuitas a niños de entre 5 y 7 años y regalará unas gafas graduadas a los que las necesiten.

¿Qué es la ambliopía?

Los problemas de la vista más comunes son el astigmatismo, la hipermetropía, la miopía, el estrabismo y la ambliopía. Esta última es la causa más común de pérdida de visión en la infancia. Se caracteriza por una pérdida parcial de visión en uno de los dos ojos, aunque también puede afectar a ambos.
Se ha convertido en una de las principales causas de pérdida de visión prevenible y afecta a uno de cada 5 niños. En el caso del ojo vago, “si se detecta a tiempo y se aplica el tratamiento adecuado, el niño podrá desarrollar una visión normal. De no tratarse en los primeros años de vida, cuando mayor es la plasticidad del ojo, es muy probable que la visión del ojo vago nunca alcance a la del ojo normal”, advierten los optometristas clínicos de Alain Afflelou Fernando Sánchez y Elvira Jiménez.

Señales para detectar el ojo vago

Para un niño no es fácil detectar que no ve bien: si no puede leer la pizarra o se le juntan las letras, piensa que es algo normal y que está viendo lo mismo que sus compañeros.
Por esta razón, los padres y los profesores deben estar atentos al comportamiento del niño.

El inicio del curso escolar es buen momento para detectar cualquier problema de visión en tus hijos.
Si notas que al leer tuerce la cabeza, que guiña un ojo o se le pone rojo tras realizar esfuerzos visuales, que se choca con los objetos o que es torpe en la coordinación ojo-mano, es posible que padezca algún problema refractivo.
Consulta estos síntomas con el profesor -suelen ser ellos los primeros en detectarlos- y ante la menor duda, acude a una revisión oftalmológica. 

Algunas señales que delatan un defecto refractivo son:

  • No le interesa ningún tipo de lectura y nunca quiere leer
  • Al leer en voz alta se salta líneas de texto
  • Cambia de sitio las sílabas de las palabras
  • No recuerda ni comprende bien lo que lee
  • Se aleja o acerca demasiado al libro o a la televisión
  • Frunce el ceño, parpadea mucho o tiene los ojos llorosos o irritados cuando hace los deberes
  • Se queja de dolores de cabeza y se muestra muy cansado después de leer, ver la tele o hacer los deberes

Problemas de visión y fracaso escolar

Si se trata entre los 5 y 7 años de edad, la ambliopía da resultados muy efectivos. De ahí la importancia de realizar revisiones tempranas, que ayudan a descartar o corregir patologías que a la larga pueden ser irreparables.
“Sorprende descubrir que uno de cada tres padres nunca haya llevado a sus hijos a revisión”, señala Eva Ivars, vicepresidenta de la Fundación Alain Afflelou, para resaltar que con una simple revisión anual se podrían evitar muchos casos de fracaso escolar, puesto que el aprendizaje llega fundamentalmente a través de la lectura.

Ejercicios de terapia visual, parches y gafas

La buena noticia es que los problemas de aprendizaje debido a un déficit de visión en la infancia tienen rápida solución: un diagnóstico y tratamiento adecuados (gafas y parche) y la práctica diaria de ejercicios de terapia visual suelen dar resultados muy efectivos a muy corto plazo.

La corrección de una anomalía visual no es sólo responsabilidad del oftalmólogo o del optometrista, sino que es un trabajo en equipo del que forman parte el pediatra, los profesores y los padres.
En este sentido, hay que destacar el papel de los padres para ayudar a sus hijos a practicar con constancia los ejercicios de terapia visual. Se deben hacer siempre guiados por un profesional y son muy tediosos -advierten los optometristas- pero resultan fundamentales para lograr una estimulación neuronal constante y que el ojo vago vuelva a “trabajar” con normalidad.

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