Ojos y rayos UV: lesiones peligrosas

No es necesario que haya una sobreexposición para que los ultravioleta constituyan un peligro. Sabemos que esto es así para la piel, pero solemos olvidar que lo mismo vale para los ojos.

¡Invisibles pero temibles!

Existen tres tipos de rayos ultravioleta: los UV A, que son los más peligrosos para los ojos porque pueden dañar el cristalino y en los niños incluso alcanzar la retina; los UV B, que en el adulto son absorbidos por el cristalino; y los UV C, que el ozono de la atmósfera frena casi en su totalidad.

Los rayos UV pueden llegar a los ojos de tres maneras distintas: directamente, por difusión y por reflexión. La intensidad de los rayos directos varía según la estación, la posición geográfica y la altitud. La difusión depende de la presencia o no de nubes, y la reflexión varía de acuerdo a la naturaleza del suelo (la reverberación del sol en la nieve es siete veces más importante que en el agua).

A diferencia de los rayos infrarrojos, cuyos efectos se sienten en el momento, los de los UV se manifiestan tardíamente y a veces son imperceptibles. Por eso es importante reconocer los primeros signos de la sobreexposición a estos rayos: lagrimeo abundante, sensibilidad a la luz y mucha rojez, la cual puede desembocar en una infección.

¡El sol tiene algo contra los ojos!

Al igual que la piel, los ojos tienen el poder, como respuesta a una agresión luminosa, de renovar sus células de manera permanente. Sin embargo, como el capital solar de los ojos es limitado, una exposición más larga de la debida puede agotarlo y dejarlos sin protección.

Los párpados son sensibles al sol, el cual, a largo plazo, puede provocar cáncer de piel, el más grave siendo el melanoma.

Si experimentan una exposición prolongada a los rayos UV, las mucosas que cubren la cara interna de los párpados y del globo ocular pueden sufrir una inflamación susceptible de provocar un aumento de las poco agradables y dolorosas conjuntivitis.

En el caso de la córnea, ésta puede ser víctima de úlceras, que pueden desembocar en una queratitis crónica si no reciben tratamiento.

Los UV también pueden dañar el cristalino y provocar una aparición temprana de las cataratas (entre 10 y 5 años antes).

La retina: el hecho de que los casos de degeneración macular asociada a la edad (DMRE) estén aumentando puede deberse a una acumulación de las dosis de ultravioletas. Los responsables son los deportes de invierno y de verano (esquí, vela, etc.) pero también las exposiciones repetidas a la luz artificial fuerte, que en algunos casos contiene rayos UV.

Preservar el capital solar

Las gafas de sol constituyen, evidentemente, el elemento ideal para luchar contra las agresiones de los rayos UV. Sin embargo, no todas las gafas tienen el mismo poder protector… Sólo las gafas solares de calidad (con índice 3 o 4) cubren los ojos de manera adecuada. La elección del color del cristal depende del gusto personal, pero también del uso que se haga de las gafas. Descubre 10 consejos para elegir correctamente las gafas de sol.

Para reforzar la protección contra los rayos UV, los gorros y las viseras resultan óptimos.

Y cuidado con las gafas baratas, porque aunque los cristales estén polarizados, no ofrecen ninguna protección contra los rayos ultravioleta, lo que puede resultar en quemaduras de la retina. Es peor utilizar este tipo de gafas que no llevar nada. En los más pequeños son todavía más peligrosas, porque los ojos de los niños, al no haber alcanzado la madurez, dejan pasar los rayos UV más fácilmente.

Axelle de Franssu

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