Los dolores inexplicables de los niños

Dolores inexplicables: saber detener la realización de pruebas

Crisis de dolores abdominales repetidas, dolores de cabeza crónicos, lumbalgias y otros dolores musculares localizados en un miembro o difusos… el sufrimiento físico de vuestro hijo os ha eclipsado. No habla de nada más que de eso, muy a menudo suspende en la escuela, ve poco a sus amigos y se ha visto obligado a dejar sus actividades deportivas.
Sin embargo, las pruebas clínicas no revelan nada… “Por el momento, los padres y su hijo pueden estar decepcionados.¡Sin embargo, se trata de una buena noticia!”, atestigua la Dra. Elisabeth Fournier Charrière, pediatra especialista de la felicidad en el CHU de Bicêtre.
Insiste en la importancia de no buscar a cualquier precio un diagnóstico, dado que “a menudo es el árbol el que oculta el bosque”. “En un momento dado, hay que saber dejar de hacer pruebas sin parar, lo que no impide que el pediatra siga atento para ver si la situación evoluciona”, añade.

Dejar de centrarse en el dolor

Ya no se trata de centrarse en el dolor, sino de contextualizar la situación general del niño. En general, estos niños padecen preocupaciones, penas y dificultades en su familia o en su entorno (escuela, tiempo libre, amigos…).
Por tanto, se requiere una conexión entre el soma y la psique. De hecho, “se sabe que la felicidad está muy conectada con el cerebro y el sistema de gestión de las emociones y el estrés", afirma la Dr. Elisabeth Fournier Charrière.

¿La finalidad? Ayudar al niño a volver a sentir un cuerpo agradable, a restablecer una unión entre sus emociones, sus pensamientos y el dolor. Por tanto, a veces podemos utilizar medicamentos, como antidepresivos ligeros, pero también podemos recurrir a la relajación, la hipnosis u otros métodos psicocorporales.

No decirle “eso está en tu cabeza”

“Algunos pacientes, a menudo los más ansiosos y los que presentan una vida social más afectada, deben ser derivados a un psicólogo”, explican el Dr. Fournier Charrière y Laurence Dhallenne, psicóloga y psicoterapeuta en el centro del dolor y la migraña infantil y adolescente, en el Hospital Trousseau.
“Pero la mayor parte del tiempo, estos niños no comprenden por qué van a ver a un psicólogo.Tienen daño, pero no piden que se les escuche ya que no piensan que "el origen se encuentre en su cabeza".
Por tanto, es muy importante que tengan la sensación de haber expresado completamente todo su dolor físico previamente con el médico y que ellos lo reconozcan, ya que corren el riesgo de tomarse mal que se les proponga inmediatamente un seguimiento psicoterapéutico”, analiza la psicóloga.

Hacer que surjan las emociones

Por tanto, el desafío radica en crear un clima de confianza y ayudar a que surja en los niños o adolescentes la necesidad de ser escuchados. Porque éstos tienen un rasgo en común: tienen dificultades para expresar a los demás su rabia y su tristeza, se lo guardan para ellos.
“El dolor se impone cuando el pensamiento no puede estar.Para ellos “todo va bien” ya que ni siquiera son conscientes de lo que les hace sufrir", explica Laurence Dhallenne.

Por ejemplo, puede tratarse de una adolescente a la que le encanta jugar al tenis, pero que no soporta la presión de su padre, a quien le hubiera gustado dedicarse al tenis de forma profesional.
El dolor de la joven le impide continuar, pero no podrá contarle a su padre su sufrimiento psicológico por miedo a que se entristezca. “No sirve de nada pedirle a estos pacientes que expliquen lo que no funciona, ya que ni tan solo son conscientes de ello”, explica.

Dolores invisibles: ¿cómo tratarlos?

Para que el niño consiga volver a conectarse con su mundo interior, la psicóloga empieza haciendo que tome consciencia del impacto de este dolor en su vida en el día a día. Se programarán entrevistas con los padres o de manera individual con los padres o el niño, lo cual permite al psicólogo saber lo que sucede en la familia.
Se continúa ayudando al paciente a estar más cerca de sus emociones, ya sea mediante una terapia corporal o mediante una terapia verbal. “La finalidad es conseguir una disminución, o incluso la desaparición de los síntomas, pero sobre todo que el niño vuelva a tener una vida normal.
Debe aprender a vivir con su dolor, y a darle menos importancia.La idea es reintroducir en el niño la capacidad de pensar", resume Laurence Dhallenne.

Los padres, ¿qué actitud deben adoptar?

Para la Dr. Elisabeth Fournier Charrière, los padres también deben desempeñar una función. No es necesario que se apiaden de su hijo y que sólo le miren a través de su dolor, pero tampoco resulta productivo que desarrollen un comportamiento crítico y agresivo repitiendo a su hijo que tiene mucho cuento.
“La buena actitud consiste en animarlo.Reconocer el dolor y decirle “harás lo máximo que puedas e irás a la escuela”, explica. Una actitud positiva que ayudará a toda la familia a seguir adelante.

P. Jonquères d'Oriola

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