Virus del Sida

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se transmite por tres vías principales: sexual, sanguínea y de madre a hijo.

Transmisión

Para adquirir el virus del sida, es necesario haber tenido relaciones sexuales con una persona infectada o contacto con su sangre. En efecto, el virus únicamente está presente en cantidad suficiente en la sangre, el semen y las secreciones vaginales. Hasta este momento, no se ha comunicado ningún caso de transmisión por la saliva o por las lágrimas. Para causar infección, el virus ha de entrar en contacto con su lugar de acción, principalmente los glóbulos blancos (linfocitos T4) y, por tanto, atravesar la barrera constituida por la piel o la mucosa, aprovechando un pinchazo o una herida.

Transmisión por vía sexual.

Es el principal mecanismo de transmisión. Las relaciones sexuales anales (sodomía) o vaginales pueden causar la transmisión del VIH (presente en el semen y en las secreciones vaginales) si una de las dos personas de la pareja es portadora del virus. Las mucosas de los órganos genitales y del ano presentan con frecuencia pequeñas lesiones que favorecen la penetración del VIH.
También hay riesgo de infección, aunque más débil, en los contactos boca-sexo (felación, cunnilingus). El riesgo de transmisión por vía sexual es mayor: - en caso de relaciones sexuales numerosas con múltiples parejas; - de un hombre seropositivo a una mujer seronegativa. Sin embargo, también hay riesgo de transmisión en sentido inverso, de una mujer seropositiva a un hombre seronegativo, sobre todo cuando la mucosa está debilitada por una lesión
(por ej., micosis u otra enfermedad de transmisión sexual [ETS]); también puede suceder durante las reglas, ya que la sangre contiene el virus.

Transmisión por vía sanguínea.

Interviene cuando la sangre de una persona infectada entra en contacto con la de otra persona. Esto puede suceder por una transfusión de sangre contaminada o por compartir jeringas entre drogadictos portadores del virus y en caso de reutilización de jeringas sin esterilizar (especialmente en los países en vías de desarrollo).
El riesgo de infección por vía sanguínea es muy elevado, se ha calculado que del 90%. Los hemofílicos, que requieren transfusiones de sangre regulares, también han sido víctimas frecuentes, hasta que las medidas preventivas (calentamiento de los productos transfundidos y, más tarde, pruebas de control) frenaron la posibilidad de infección. Si se produce una herida accidental con material manchado con sangre infectada por el VIH (sobre todo en medio hospitalario), este riesgo es muy bajo, excepto en el caso de un corte profundo. Teóricamente es posible la transmisión por el pinchazo con agujas de acupuntura, de mesoterapia, de tatuaje o de perforaciones estéticas (piercing).

Transmisión de madre a hijo.

Una mujer seropositiva que desee tener un hijo se arriesga a transmitirle el VIH.
Todos los recién nacidos de madre seropositiva son seropositivos en el momento del nacimiento, porque tienen anticuerpos de la madre, pero, cuando no están infectados, se vuelven seronegativos a los 15-18 meses de edad.
La infección se produce sobre todo durante el último trimestre del embarazo, debido a microhemorragias de la placenta en el líquido amniótico, y en el momento del parto, porque el niño entra en contacto con la sangre de la madre.
También existe riesgo de transmisión por la leche materna.
Los tratamientos y las medidas preventivas han reducido considerablemente el riesgo de infección de la madre al hijo: en la Unión Europea, se ha pasado del 15-20% a menos del 1%.

Prevención

La prevención de la transmisión por vía sexual consiste en utilizar preservativo (condón) durante las relaciones sexuales; actualmente, es la única protección eficaz. Debe usarse preservativo cualesquiera que sean las prácticas sexuales.
La prevención de la infección por vía sanguínea se basa en un control riguroso de las condiciones de transfusión. Las medidas de prevención (detección sistemática del virus con la técnica de reacción en cadena de la polimerasa (RCP) en las donaciones de sangre) han permitido reducir este riesgo, que actualmente se aproxima a cero.
Los pinchazos y los cortes accidentales con instrumentos contaminados, o que pueden estarlo, se han de desinfectar inmediatamente. En los países pobres que no disponen de suficiente material médico, el riesgo asociado a la reutilización de este material sin esterilizar es importante. Las medidas preventivas de la infección en drogadictos que se intercambian jeringas, se refieren a la propia drogadicción: programas de sustitución por metadona o buprenorfina, suministro
de material nuevo (las jeringas estériles de un solo uso se pueden comprar de forma anónima en las farmacias).
La prevención de la infección de madre a hijo se basa en la asistencia médica. Si una mujer seropositiva está embarazada, la toma de antivíricos durante el embarazo y la práctica de cesárea permiten reducir el riesgo de infección en el recién nacido.
Cuando uno de los miembros de la pareja es seropositivo y el otro seronegativo, se puede plantear la inseminación artificial. Cuando el seropositivo es el hombre, el semen se desinfecta antes de la inseminación. Por otra parte, se desaconseja que las mujeres infectadas den de mamar a su bebé, porque existe riesgo de transmisión. Aunque al comienzo de la epidemia los médicos desaconsejaban que las parejas seropositivas tuvieran hijos, actualmente el riesgo de infección está bien controlado.

Lo que no transmite el virus del sida

La mayor parte de los actos de la vida cotidiana no comportan ningún riesgo de infección por el VIH. Por lo tanto, no hay que temer o evitar el trato con personas portadoras del virus. Un apretón de manos o un beso en la mejilla son inofensivos, así como la frecuentación de lugares públicos (locales de trabajo, escuela, piscina, etc.), el contacto con objetos (manija de la puerta, aseos públicos, teléfono, etc.). Las picaduras de insectos (mosquitos, avispas, etc.) no tienen ningún papel en la transmisión del sida.

Tratamiento

Desde 1996, se ha conseguido alargar la vida de los pacientes, no por la eliminación del virus, sino porque se ha logrado hacer frente a las enfermedades oportunistas. Actualmente, existen tratamientos eficaces contra el propio virus, que se basan en la asociación de diferentes medicamentos; en ocasiones, se utilizan hasta cuatro fármacos (cuádruple terapia). Los resultados esperanzadores de estos tratamientos (aumento del número de los linfocitos T4 en los pacientes muy inmunodeprimidos y alargamiento de la esperanza de vida) generan también numerosas preguntas sobre la evolución de la enfermedad. ¿El virus es capaz de hacerse resistente a las nuevas moléculas? ¿El sida corre el riesgo de convertirse en una enfermedad de pobres, teniendo en cuenta que los medicamentos utilizados todavía son muy caros? ¿El virus será definitivamente eliminado o persistirá durante toda la vida del paciente, obligándolo a tomar una gran cantidad de medicamentos cada día?

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