Herpes Zóster

El herpes zóster es frecuente en personas adultas de más de 50 años. Es excepcional en los lactantes, pero se puede observar en niños sin que tenga una gravedad especial. Pocas veces aparece más de una vez en una misma persona.

Causas

Después de una varicela, que generalmente se padece durante la infancia, la mayor parte de los virus responsables de la enfermedad se destruyen, pero algunos permanecen vivos en los ganglios de algunos nervios. Cuando se produce una disminución de las defensas inmunitarias o por efecto de un estrés físico o psíquico, el virus experimenta una reactivación y reinfecta una zona de la piel que corresponde a un nervio. Al contrario que la varicela, el herpes zóster se transmite raramente de una persona a otra; es poco contagioso. En cambio, puede provocar varicela en las personas que nunca padecieron esta enfermedad.

Síntomas

El herpes zóster se manifiesta por dolor y por una erupción cutánea, unilateral, que afecta de manera característica al lado derecho o izquierdo del cuerpo.
El comienzo del herpes zóster está marcado por la aparición de dolor que se experimenta como sensación de escozor o quemazón y que se localiza en el lugar donde luego aparecerá la erupción. También se aprecia una disminución de la sensibilidad de la piel, que paradójicamente sigue experimentando dolor al mínimo contacto.
Después de uno o varios días del inicio del dolor, aparece una erupción en forma de banda. Se manifiesta, en primer lugar, en forma de manchas rojizas que, en 1- 2 días, se cubren de pequeñas ampollas llenas de líquido (vesículas). En una semana, las vesículas se secan y forman costras que se desprenden al cabo de 8- 20 días y dejan una cicatriz en ocasiones permanente.
La erupción, que dura de 2 a 3 semanas, se acompaña de aumento del dolor, que puede llegar a ser muy difícil de soportar, y de fiebre moderada que no sobrepasa los 38 ºC.

Complicaciones

El herpes zóster es una enfermedad benigna, excepto en dos circunstancias: si afecta al ojo (zóster oftálmico) y en personas con deficiencia inmunitaria (pacientes con sida o con leucemia). En este último caso, el zóster se puede generalizar. Se presenta, entonces, como una varicela grave con lesiones diseminadas y hemorrágicas. El riesgo es que el virus alcance a los órganos vitales (corazón, pulmones, hígado, etc.).

Tratamiento

Actualmente, existe un tratamiento antivírico, el valaciclovir, que es eficaz si se toma durante los 3 primeros días de la infección, es decir, cuando aparece el dolor, o al comienzo de la erupción. En las formas graves, el tratamiento consiste en la administración de aciclovir, primero por vía intravenosa y más tarde en comprimidos; también se ha de administrar desde el comienzo de la enfermedad.
Si no se dan antivíricos, el tratamiento clásico consiste en la desinfección local de las lesiones cutáneas (con una loción antiséptica), la toma de analgésicos para combatir el dolor y reposo. Actualmente, no se dispone de vacuna contra el herpes zóster.

Secuelas

Una vez curado el herpes zóster, con frecuencia se sigue experimentando dolor (algia postherpética), que puede durar años. Es muy intenso y llega a impedir el sueño; se localiza en la región donde se produjo la erupción. Es frecuente después de un herpes ocular o en personas de edad avanzada.
El dolor se puede evitar con la administración precoz del tratamiento antivírico mientras dure el herpes zóster; en caso contrario, puede persistir durante varios años.
Para aliviar el dolor postherpético, se han propuesto diversos métodos. Entre otros, se puede mencionar la estimulación cutánea mediante friegas intermitentes, el paso de una corriente eléctrica alterna a través de la piel, el calentamiento local, la aplicación de nieve carbónica, la inyección de anestésicos locales e incluso la ablación quirúrgica de los nervios. No se ha demostrado la eficacia absoluta y constante de ninguna de estas medidas para el alivio del dolor postherpético.

Localización

La forma más frecuente de herpes zóster es la torácica o abdominal con afectación del nervio intercostal (situado entre las costillas). Los síntomas comienzan en el lado derecho o izquierdo del tórax o del abdomen y siguen un trayecto horizontal (desde la columna vertebral hacia el esternón o hacia el ombligo).
No obstante, el herpes zóster puede infectar cualquier otro nervio: nervio lumbar (con afectación de la nalga o de la pierna), nervio cervical (con afectación del brazo, la nuca, el cuello o el cuero cabelludo), nervios faciales (con afectación del conducto auditivo, el tímpano y el cartílago de la oreja, así como la lengua), nervio bucofaríngeo (con afectación del la cara interna de la mejilla, el paladar y la garganta), nervio trigémino (con afectación del ojo), siempre de un solo lado.

Zóster oftálmico

El herpes zóster es oftálmico cuando el virus afecta al ojo por haber infectado un nervio craneal. Se manifiesta por erupción y dolor en la zona de la órbita y en la frente, y puede dar lugar a complicaciones oculares graves: lesión de la córnea (queratitis), del iris (iridociclitis) o de la retina (retinitis), incluso con parálisis ocular transitoria.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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