Mononucleosis

Contagio

El virus de Epstein-Barr está muy extendido. En los países occidentales, el 80 % de los adultos ha estado en contacto con este virus y el 20 % lo transmite por la saliva.
El virus es poco infeccioso y el contagio requiere un contacto íntimo, generalmente un beso.
El primer contacto con el virus (primoinfección) de la mononucleosis tiene lugar en la mayoría de los adolescentes y jóvenes. Sólo la primoinfección es capaz de desencadenar la enfermedad. Únicamente produce síntomas en las personas jóvenes, cuyo sistema inmunitario todavía es muy sensible. En el adulto, en cambio, la primoinfección por el virus de Epstein-Barr no produce ninguna reacción.
Cuando penetra en el organismo, el virus se multiplica en los linfocitos: los glóbulos blancos de la sangre del grupo de los mononucleares (ya que sólo poseen un núcleo). De aquí deriva el nombre científico de la enfermedad: mononucleosis infecciosa.

Síntomas

La incubación dura de 2 a 6 semanas. La enfermedad empieza con fiebre (entre 38 y 39 °C), dolor de cabeza, fatiga intensa (astenia) y amigdalitis. La garganta, enrojecida, suele estar recubierta por membranas grises, parecidas a las que se observan en la difteria.
Generalmente, el paciente es un adolescente de 15 a 17 años de edad. Los ganglios del cuello están inflamados. Pueden existir molestias al tragar e incluso al respirar.
A menudo, se observa una hinchazón en los ganglios de la axila y de la ingle. El volumen del bazo aumenta. En ocasiones, aparece ictericia. Con mucha menos frecuencia, se presentan formas graves con afectación del sistema nervioso.

Evolución y tratamiento

En la mayoría de los casos, la mononucleosis se cura espontáneamente en 3 o 4 semanas, pero su fase de convalecencia puede durar varias semanas. No se administran antibióticos, ya que son ineficaces contra el virus y pueden dar lugar a la aparición de algunos síntomas, como una erupción en la piel.
La mononucleosis no suele revestir gravedad y, con frecuencia, pasa inadvertida. Pero puede generar un largo período de fatiga intensa. En este caso, el médico recomienda al paciente que guarde un reposo prolongado y que evite las actividades fatigosas durante un mes, para permitir que el sistema inmunitario elimine el virus.
Las manifestaciones son diferentes de un paciente a otro: algunas personas están agotadas durante 2 o 3 meses y otras están deprimidas, les falta energía y se quejan de somnolencia durante el día. Cuando el episodio de amigdalitis no se detecta, puede ser difícil diagnosticar la causa de esta fatiga crónica. Ello se ve favorecido por el hecho de que las pruebas de detección de laboratorio no siempre son positivas en el momento del diagnóstico.
En algunos casos, la inflamación de los ganglios es tan importante que dificulta la respiración del paciente. Es preciso prescribir un tratamiento con corticoides durante varios días.

La difteria

La difteria ha supuesto, durante siglos, un auténtico azote para la población infantil del mundo.
Actualmente es una enfermedad muy localizada en los países en vías de desarrollo, donde sigue teniendo una elevada mortalidad, pero es prácticamente desconocida para los médicos jóvenes en los países más avanzados, donde sólo se manifiesta de forma muy excepcional.
Es una enfermedad infecciosa grave, que se caracteriza por una afectación de las amígdalas, con aparición de unas placas muy extensas sobre ellas, que llegan a obstruir el paso de la vía respiratoria, lo cual constituye su principal complicación. Está producida por una bacteria (bacilo diftérico) y se trata con antibióticos (penicilina).

Diagnóstico

Se establece a partir de un análisis de sangre, que muestra el aumento de los linfocitos y la presencia de un tipo particular de glóbulos blancos (células mononucleares grandes).
Este resultado diferencia la mononucleosis infecciosa de las anginas bacterianas, que producen una multiplicación de glóbulos blancos con varios núcleos (polinucleares).
Se puede confirmar el diagnóstico buscando en la sangre los anticuerpos dirigidos específicamente contra el virus (test de Paul-Bunnell- Davidsohn) o empleando una prueba serológica aún más precisa (serología Epstein-Barr).
En ocasiones, en el examen clínico, cuando la angina es membranosa, es difícil diferenciarla de una difteria. Ante la duda, el médico debe tomar inmediatamente una muestra de la garganta y prescribir con urgencia un tratamiento contra la difteria, sin esperar el resultado del análisis.
No obstante, es muy frecuente que no pueda establecerse el diagnóstico causal, es decir, que todas las pruebas específicas resulten negativas. Ello se debe al hecho de que hay muchos virus que pueden producir un cuadro clínico similar al de la mononucleosis.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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