Tuberculosis

En el pasado, la tuberculosis era una de las principales causas de mortalidad en los niños y en los adultos jóvenes. La vacunación obligatoria, los avances médicos y sociales, y la vida más sana han disminuido su incidencia. Sin embargo, en la actualidad se aprecia una reaparición de esta enfermedad infecciosa en los países desarrollados, debido a la extensión del sida y al empobrecimiento progresivo de una parte de la población. La tuberculosis afecta a alrededor de 10 millones de personas en el mundo, las tres cuartas partes de las cuales se encuentran en los países en vías de desarrollo.

Contagio

El contagio se produce por medio de gotitas de saliva que contienen el bacilo de Koch y que son emitidas por un paciente con tuberculosis pulmonar o laríngea, al hablar, estornudar o toser. La tuberculosis es, por lo tanto, una enfermedad que se contagia por vía aérea.

Síntomas

El primer contacto con el bacilo desencadena un trastorno denominado primoinfección tuberculosa. En los pulmones, se forma un pequeño foco tuberculoso, como un absceso, que se conoce como chancro tuberculoso. Por lo general, el paciente no experimenta ningún síntoma y, en el 90 % de los casos, la primoinfección se cura espontáneamente. El foco tuberculoso desaparece y deja una cicatriz anodina, visible en las radiografías pulmonares en forma de una pequeña calcificación. En ocasiones, la primoinfección se manifiesta por tos, fiebre poco elevada, fatiga ligera y pérdida del apetito (síndrome infeccioso moderado).
En determinados casos, los signos pueden ser más graves, con fiebre elevada, trastornos digestivos y una erupción cutánea rojoviolácea en las extremidades (eritema nudoso). En el 5 % de los casos, aproximadamente, el bacilo se disemina por la sangre y da origen a focos que pueden quedar latentes (es decir, sin provocar síntomas) durante años. Posteriormente, con ocasión de una disminución de las defensas inmunitarias, pasajera o no, la enfermedad puede reactivarse de forma brusca.
La tuberculosis suele evolucionar hacia una localización pulmonar. Ésta se caracteriza por una alteración del estado general.
Existen algunos síntomas indicativos: fiebre, sobre todo por la tarde, acompañada de sudores nocturnos, fatiga y adelgazamiento.
Después de los signos pulmonares, aparece una tos más o menos gruesa, esputos –a veces, con sangre (hemoptisis)–, ahogo con el esfuerzo o, con menos frecuencia, una verdadera dificultad respiratoria.

Diagnóstico

El diagnóstico se establece mediante una radiografía de tórax, que pone en evidencia opacidades (nódulos) y claridades (cavernas) en los pulmones, sobre todo en la parte superior.
Para confirmar el diagnóstico de tuberculosis, hay que encontrar la bacteria responsable de la enfermedad en los esputos o las secreciones de los bronquios. El bacilo de Koch suele ser difícil de hallar. El examen directo al microscopio raramente es positivo y es preciso tomar una muestra para cultivo de forma sistemática. Los resultados del examen no se conocen hasta después de un período de 3 a 6 semanas.
También puede utilizarse la prueba cutánea de la tuberculina.
Ésta permite establecer un diagnóstico preciso sólo cuando la reacción es muy positiva. Una reacción débilmente positiva puede indicar un contacto anterior con la enfermedad (primoinfección) o una vacunación antigua.

Tratamiento y prevención

El tratamiento asocia 3 o 4 medicamentos antituberculosos durante 6 meses, por lo menos. Se obtiene la curación en la totalidad de los casos, prácticamente. Los pacientes deben permanecer aislados durante las 3 primeras semanas del tratamiento, hasta que dejan de ser contagiosos.
La primoinfección ha de tratarse de la misma forma durante 3 meses, para evitar la evolución ulterior a tuberculosis.
La enfermedad se previene inoculando la vacuna BCG. Su eficacia es parcial, pero permite reducir considerablemente la frecuencia de las formas graves.

Tuberculosis miliar

La tuberculosis miliar es una forma particularmente grave de tuberculosis, que se traduce por un ahogo intenso y, en ocasiones, por una alteración marcada del estado general. También se caracteriza por la diseminación de los bacilos de Koch hacia numerosos órganos: meninges, abdomen, hueso, aparatos genital y urinario, etc. Según la localización, los síntomas son variables: la tuberculosis ósea (mal de Pott) se manifiesta por dolores óseos o articulares; la tuberculosis genitourinaria da lugar a la presencia de sangre en la orina; la tuberculosis meníngea es responsable de trastornos de la conciencia; la tuberculosis que afecta al bazo, los ganglios linfáticos y la médula ósea provoca una hipertrofia del bazo y de los ganglios; la tuberculosis digestiva se caracteriza por dolores abdominales y diarreas.

Sida y tuberculosis

Algunos estudios demuestran que existe una relación entre la recrudescencia de la tuberculosis y la extensión del sida. Las personas afectadas por esta enfermedad tienen un sistema inmunitario debilitado, lo que constituye un terreno favorable para la reactivación del bacilo de Koch (que quizá no se había manifestado desde la primoinfección). Este fenómeno plantea importantes problemas: frecuentes errores de diagnóstico, tratamiento inadecuado, seguimiento más o menos regular, etc. De esta forma, el paciente sigue siendo contagioso para su entorno.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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