Diabetes Insulinodependiente

La insulina es secretada por el páncreas. Esta hormona es indispensable para el buen funcionamiento del organismo: permite que el azúcar (glucosa) de la sangre penetre en el interior de las células, que lo utilizan para producir energía. Cuando la producción de insulina no existe o es casi nula, el azúcar en la sangre aumenta de forma anómala (hiperglucemia). Se habla, entonces, de diabetes insulinodependiente o, más exactamente, de diabetes mellitus insulinodependiente.

Síntomas

La enfermedad se caracteriza por sed muy intensa, emisión de grandes cantidades de orina, adelgazamiento brusco y fatiga intensa. En algunos pacientes, la enfermedad se descubre coincidiendo con una de las complicaciones agudas de la diabetes, como la llamada cetoacidosis (acumulación excesiva de sustancias ácidas en la sangre). El paciente adelgaza, presenta problemas digestivos y está muy cansado. Estos signos indican que la carencia de insulina es tan alta que obliga al organismo a utilizar las reservas grasas para producir la energía necesaria. Sin tratamiento, la diabetes insulinodependiente evoluciona inexorablemente hacia esta complicación, que puede provocar el coma.

Causas

La diabetes insulinodependiente suele aparecer antes de la edad de 20 años. Se trata de una enfermedad autoinmune: el sistema de defensas del organismo (sistema inmune) reacciona contra las células del páncreas que producen la insulina. Esta enfermedad aparece en personas con predisposición genética y se ve favorecida por factores ambientales, como infecciones por virus y sustancias tóxicas.

Tratamiento

Gracias a los tratamientos modernos y a un control escrupuloso, la mayor parte de los diabéticos pueden llevar una vida absolutamente normal.
Inyección de insulina. El primer tratamiento de la diabetes insulinodependiente es la inyección de insulina, por vía subcutánea, entre 1 y 4 veces al día. Se utiliza insulina artificial, fabricada mediante ingeniería genética, que tiene exactamente la misma composición que la insulina humana. Para ser autónomas, las personas con diabetes insulinodependiente, incluidos los niños, aprenden a ponerse ellas mismas las inyecciones. Existen diferentes métodos: utilización de una jeringa normal (la insulina se extrae de un frasco que debe conservarse en frío) o de un bolígrafo inyector cargado con un cartucho de insulina.
Dosis. Para saber qué dosis de insulina hay que inyectar, el diabético insulinodependiente debe controlar cada día la concentración de azúcar en la sangre (glucemia). Anota los resultados en un cuaderno de control, así como las dosis que se inyecta. Ello permite adaptar las dosis de insulina día a día y según la actividad desarrollada, con el fin de acercarse lo máximo posible a la concentración normal de glucemia.
Trasplante de páncreas. En teoría, constituye el tratamiento ideal, pero en la práctica todavía presenta numerosos problemas.
No obstante, las investigaciones prosiguen.

Páncreas artificial. existen unos aparatos o dispositivos llamados

páncreas artificiales que se emplean, en ocasiones, en estudios experimentales. Tienen el inconveniente de que son muy voluminosos y de que el paciente debe llevarlos en un cinturón, con lo que el peso es considerable. Se trata de un sistema que lleva un sensor de los niveles de glucemia en sangre y, en respuesta a las variaciones de estos valores (debidas a la comida o al ayuno), es capaz de inyectar automáticamente en la sangre del enfermo dosis mínimas de insulina de forma constante. En un futuro, probablemente se conseguirá mejorar el diseño y la fiabilidad, así como la facilidad de transporte y manejo.

Autocontrol del diabético

Un diabético insulinodependiente debe determinar la concentración de azúcar en la sangre (glucemia) varias veces al día. Para ello, deposita sobre una tira reactiva una gota de sangre, que obtiene pinchándose la punta del dedo. Después, introduce la tira en un pequeño aparato, que indica directamente la concentración de azúcar en la pantalla. Si no dispone de este aparato, también puede comparar el color que adquiere la tira con una es cala de colores de referencia. Acto seguido, debe anotar el resultado de cada medición en un cuaderno de control.

Los bolígrafos de insulina

Actualmente sólo existe una forma de administrar la insulina: la inyección debajo de la piel (o, en ciertos casos de urgencia, en una vena). Esta inyección se aplicaba con una jeringa clásica, pero en la actualidad se emplean «bolígrafos» con una aguja desechable en su extremo, cargados con insulina.
Estos bolígrafos facilitan enormemente la vida cotidiana de los diabéticos. Los cartuchos de insulina se cargan como las plumas de tinta y pueden conservarse a temperatura ambiente durante varias se manas, mientras que los frascos de insulina utilizados con las jeringas deben conservarse en frío. Estos dispositivos son cada vez más manejables y menos voluminosos.
Niño inyectándose insulina con un «bolígrafo». Este sistema de inyección, simple de utilizar, ha permitido mejorar la calidad de vida de los diabéticos.
Prueba de la glucemia. El paciente deposita una gota de sangre sobre una tira reactiva y la introduce en un pequeño aparato: en pocos segundos la concentración de glucosa aparece directamente en la pantalla.
Inyección de insulina. Puede emplearse una jeringa normal o un bolígrafo inyector.

Vida cotidiana

La diabetes insulinodependiente es una enfermedad crónica que tiene una repercusión importante en la vida de los

Pacientes.

A pesar de la enfermedad, el diabético insulinodependiente puede llevar una vida casi normal. Para conseguir este objetivo, son necesarias varias etapas. El paciente debe tomar conciencia de la enfermedad, aceptarla y aprender las actuaciones diarias que le permitirán ser autónomo.
Toma de conciencia Cuando el paciente descubre que sufre una diabetes insulinodependiente, su vida cotidiana se altera enormemente, sobre todo si se trata de un niño o un adolescente. En un primer momento, el tratamiento se vive como un trastorno de su autonomía: deben administrarse varias inyecciones de insulina cada día y las restricciones dietéticas son importantes. El paciente en seguida es consciente de que está afectado por una enfermedad crónica y que, a largo plazo, puede llegar a padecer complicaciones graves si no la controla bien. Esta certeza suele ser una fuente de ansiedad para el paciente: la enfermedad no le hace sufrir, pero amenaza su vida.
El papel del médico es esencial. Calma la ansiedad del paciente y le enseña los medios para controlar bien su enfermedad: vigilancia regular de la concentración de azúcar en la sangre, variación de la cantidad de insulina que se inyecta según las actividades desarrolladas y alimentación equilibrada.

Aceptación

Cuando el paciente ya es consciente de que está afectado por una enfermedad crónica, suele recorrer varios estadios psicológicos.
Primero rechaza la enfermedad, después se rebela, empieza a resignarse y, finalmente, adopta una actitud de aceptación activa.
Evidentemente, esta evolución psicológica varía de una persona a otra. Para superar los miedos y las ansiedades, el paciente necesita los consejos y la atención del médico o del educador en diabetes.
De este modo, llega a comprender y a aceptar las obligaciones que con lleva la enfermedad.

Alimentación

La dieta debe ser equilibrada. Ha de aportar la ración caloría necesaria, debe reducir la hiperglucemia y contribuir al mantenimiento de un peso satisfactorio y estable. La alimentación ha de repartirse en tres comidas, que alternarán con tentempiés, y ha de adaptarse al esfuerzo físico de cada día. La composición de los diferentes alimentos permite variar el menú, respetando las normas de la dieta del diabético: 55 % de calorías en forma de azúcares (glúcidos), 30 % en forma de grasas y 15 % en forma de proteínas. Siempre hay que favorecer la aportación de los glúcidos de absorción lenta (pan, cereales, patatas o legumbres). Los glúcidos de absorción rápida (azúcar y productos azucarados, como pasteles o bebidas dulces) deben limitarse: se procurará con sumirlos lo me nos posible y siempre durante las comidas. Las grasas vegetales son preferibles a las animales, lo que limita la enfermedad de las arterias (aterosclerosis). La aportación de pro teínas se asegura con el consumo de carne, pescado, huevos, leche, productos lácteos y cereales. Nunca hay que saltarse una comida y deben evitarse las bebidas que contienen alcohol.

Práctica de deporte

Se recomienda realizar una actividad física de forma regular, ya que facilita un mejor equilibrio de la concentración de azúcar en la sangre y contribuye a mantener un buen estado de ánimo. La diabetes no impide practicar ninguna actividad física. Para evitar el riesgo de disminución excesiva del azúcar en la sangre (hipoglucemia), asociado al esfuerzo físico, el paciente debe tener en cuenta las siguientes recomendaciones: inyección de insulina antes de realizar el ejercicio físico, adaptación de la dosis inyectada al esfuerzo realizado y auto control de la glucemia antes y después de la actividad deportiva.
Por otro lado, la persona diabética debe llevar siempre azúcar, para tratar una eventual hipoglucemia.
Algunos deportes de alto riesgo están desaconsejados en los diabéticos insulinodependientes, debido a los peligros a los que pueden exponerse si sufren una hipoglucemia durante su práctica.

Vida profesional

En general, la persona diabética no está obligada a informar a su empresa de su enfermedad. No
obstante, es preferible que se lo indique al médico de la empresa, quien podrá juzgar mejor la adecuación del puesto de trabajo y tratar posibles hipoglucemias durante la jornada laboral. Es preferible que los diabéticos renuncien a ejercer oficios muy fatigosos o que impliquen horarios irregulares. En muchos países, hay algunos oficios legalmente prohibidos a las personas diabéticas, especialmente aquellas en las que una pérdida de con ciencia podría tener consecuencias graves (p. ej., conductor de transportes pesados o de transportes colectivos).

Control y seguimiento

El seguimiento de los enfermos diabéticos es fundamental para establecer su pronóstico. La periodicidad depende de cada caso: algunos pacientes tienen una enfermedad lábil y deben visitarse cada mes; otros sólo se visitan una vez cada 6 o 12 meses. Las visitas de control permiten conocer las necesidades de insulina, el grado de compensación de la enfermedad y la existencia o no de complicaciones. Precisamente son estas complicaciones (p. ej., renales y oftalmológicas) las que sientan el pronóstico de la diabetes. Siempre es preferible detectarlas en una fase inicial o evitar su aparición. Cuanto mejor es el control de las cifras de glucosa en sangre tanto mejor es el pronóstico.

Centros de vacaciones y asociaciones

Existen centros de vacaciones especializados para los adolescentes diabéticos, don de disfrutan de distracciones adecuadas a sus necesidades y en un marco médico que les permitirá comprender mejor su enfermedad. Hay un gran número de asociaciones de diabéticos. Sirven, sobre todo, para intercambiar experiencias entre personas enfrentadas a las mismas dificultades y para recibir información sobre las novedades en materia de tratamientos y sobre el progreso de la investigación científica.

Ambiente

La diabetes es una enfermedad que puede cambiar la visión de los demás sobre el enfermo. Para evitar actitudes ofensivas, que resultan generalmente de un desconocimiento de la enfermedad, se aconseja a los pacientes diabéticos que hablen de su enfermedad a las personas que los rodean. Esta información permitirá desdramatizar la enfermedad y las situaciones asociadas a ella, como las crisis de hipoglucemia, que a veces producen ansiedad.
Diabetes insulinodependiente y deporte. Los diabéticos bien controlados pueden practicar actividades físicas, sobre todo un deporte de resistencia, como el ciclismo.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades metabólicas y de la sangre

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