Esguinces

Los esguinces se producen por un movimiento brusco de la articulación, lo que le hace superar su amplitud normal. Se distingue entre esguinces benignos (los ligamentos están simplemente distendidos) y esguinces graves (los ligamentos están rotos).

Esguinces benignos

Los esguinces benignos, a veces llamados entorsis, corresponden a un estiramiento violento de los ligamentos articulares, sin verdadera rotura ni arrancamiento.
En el examen clínico, la articulación suele aparecer hinchada y es muy dolorosa, pero pueden efectuarse los movimientos y éstos son normales. La radiografía no revela ninguna lesión.
El tratamiento consiste en aplicar una inmovilización ligera, mediante una férula o vendas adhesivas (vendaje compresivo), lo que permite la cicatrización del ligamento.
Si el esguince es muy doloroso, puede colocarse un yeso para inmovilizar mejor la extremidad o la articulación lesionada.

Esguinces graves

Los esguinces graves se caracterizan por la producción de un desgarro o un arrancamiento del ligamento. Ello da lugar a movimientos anormalmente amplios de la articulación.
En el examen clínico, la articulación es dolorosa y aparece hinchada, pero –en algunas ocasiones– muy poco más que en el caso de un esguince benigno.
La radiografía es indispensable para detectar los esguinces graves, que pueden dejar secuelas (dolores persistentes, rigidez, inestabilidad y fragilidad de la articulación).
Puede bastar con una inmovilización durante varias semanas, pero generalmente es necesario realizar una intervención quirúrgica. Ésta consiste en reparar el ligamento arrancado o sustituirlo por uno artificial de materiales sintéticos. En todos los casos, un tratamiento con fisioterapia puede ayudar al paciente a recuperar la movilidad de la articulación y una función muscular normal.

Articulaciones más afectadas

Todas las articulaciones pueden ser lesionadas por un esguince.
Sin embargo, las que sufren esguinces más a menudo son el tobillo y la rodilla.
Esguince del tobillo. Es un traumatismo frecuente, habitualmente debido a una torsión del pie hacia dentro. Esta torsión produce un estiramiento o una rotura del ligamento de la cara externa del tobillo,
que une los huesos de la pierna (tibia y peroné) a uno de los huesos del pie (astrágalo).
Esguince de la rodilla. Se caracteriza por una lesión de los ligamentos, desde la simple elongación (esguince benigno) hasta la rotura completa (esguince grave). Generalmente se debe a un movimiento de torsión forzada del pie, que suele aparecer durante la práctica de ciertos deportes, como el fútbol o el esquí.
Cuando el esguince de la rodilla es grave, al lesionado le cuesta mantenerse de pie, porque tiene la impresión de que la rodilla no es estable.

Primeros auxilios

Ante todo, es preciso inmovilizar a la víctima en una posición confortable, con la extremidad herida levantada. Si el esguince es reciente, la aplicación de una compresa de agua fría o de cubitos de hielo puede evitar la inflamación o la hinchazón.
Si es posible, hay que colocar un vendaje para evitar cualquier movimiento, antes de llevar el herido al médico para efectuar una radiografía.

Deporte y esguinces

La práctica de ciertos de portes, especialmente tenis, fútbol y baloncesto, expone particularmente las articulaciones (sobre todo las de la rodilla y el tobillo) a los esguinces. La fatiga y el exceso de entrenamiento son factores favorecedores.
La prevención consiste en realizar ejercicios de calentamiento antes de practicar cualquier actividad deportiva, para desentumecer las articulaciones poco a poco, y llevar vendajes elásticos en las articulaciones susceptibles de sufrir un desgarro.
En caso de esguince, el deportista debe dejar la articulación en reposo y esperar la opinión del médico, antes de volver a iniciar de forma progresiva una actividad física que utilice la articulación lesionada.

Métodos de tratamiento de los esguinces

Contención. Sirve para inmovilizar una articulación que ha sufrido un esguince, una fractura o una luxación. La contención adhesiva se aplica en la extremidad inferior con vendas adhesivas, elásticas o no. Permite una inmovilización relativamente buena de la articulación afectada, lo que favorece la cicatrización de los ligamentos y reduce el dolor y la hinchazón (edema).
Rodillera. Sirve para sujetar o proteger la articulación de la rodilla. Las rodilleras con yeso están indicadas en algunos esguinces graves. Las rodilleras articuladas permiten andar cuando el médico lo autoriza.
Yeso. Inmoviliza totalmente una extremidad o una articulación. Los yesos tradicionales se presentan en forma de rollos de gasa impregnada de yeso seco; para utilizarlos, simplemente hay que mojarlos. Las resinas también se emplean para inmovilizar la articulación: se ajustan perfectamente a sus relieves y tienen la ventaja de ser más ligeras.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades musculares y esqueléticas

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