Asma

El asma es una enfermedad muy extendida que puede aparecer a cualquier edad, pero raramente antes de los 2 o 3 años. Esta enfermedad se manifiesta en forma de crisis de dificultad respiratoria más o menos graves y frecuentes, con contracción brusca de los músculos que controlan la apertura y el cierre de los bronquios. Un tratamiento antiinflamatorio seguido de forma regular contribuye a prevenir las crisis y permite al paciente llevar una vida normal. La curación es posible durante la infancia, pero es mucho más difícil cuando la enfermedad aparece en la edad adulta.

Causas

El asma es consecuencia de una sensibilidad aumentada de las vías respiratorias ante ciertas sustancias (llamadas alergenos), como pólenes, ácaros, mohos, polvos, harinas, etc. Estas sustancias, cuando penetran en las vías respiratorias, agreden a las células que recubren su interior. Las células responden liberando sustancias químicas que actúan directamente sobre la contracción de los músculos bronquiales. Existen varios factores que pueden desencadenar las crisis: infecciones respiratorias, inhalación de humos (tabaco, polución atmosférica), ingestión de ciertos medicamentos (como el ácido acetilsalicílico), ejercicio físico (sobre todo, si es al aire libre y hace frío) y contrariedades. La herencia también influye en el desarrollo del asma.

Crisis

La crisis de asma abarca desde una simple tos hasta una dificultad respiratoria grave. Aparece, generalmente, por la tarde o por la noche y, en algunos casos, está precedida por signos previos: dolor de cabeza, digestión difícil, estornudos o picores. Después de una serie de accesos de tos seca, el paciente tiene dificultades para respirar y emite un silbido durante la espiración. Los latidos del corazón se aceleran y, en ocasiones, los dedos y los labios adquieren un color azulado (cianosis). Al cabo de algunos minutos, la crisis remite y, finalmente, cesa. Después de una crisis grave, la respiración del paciente sigue siendo silbante, sobre todo cuando fuerza la espiración.

Tratamiento

Se prescriben fármacos para aumentar el diámetro de los bronquios (broncodilatadores). Eventualmente, también se administran fármacos con un potente efecto antiinflamatorio (corticoides).
Tratamiento de las crisis. Se utilizan broncodilatadores. Si la crisis es grave, se recurre a los corticoides administrados por vía general. En los casos más graves (crisis asmática intensa que puede llevar a la
asfixia), se impone una hospitalización urgente para controlar al paciente, administrarle oxígeno y altas dosis de broncodilatadores.
Tratamiento de fondo. Se administra a las personas que padecen un asma invalidante y diaria, y permite disminuir la frecuencia y la gravedad de las crisis. Este tratamiento incluye fármacos broncodilatadores y antiinflamatorios, que el paciente se administra en forma de aerosol cuando lo cree necesario. Los corticoides por vía general no se prescriben más que cuando son indispensables. En casos excepcionales, puede requerirse ventilación asistida cuando las crisis son muy graves y no mejoran con otros tratamientos.

Prevención

Consiste en evitar, en lo posible, el contacto con el factor desencadenante de las crisis (alergeno), si se conoce. Cuando se trata de un único factor y la eliminación del alergeno es imposible, puede emplearse una desensibilización específica.

Medidor de flujo espiratorio máximo

El medidor de flujo espiratorio máximo, también llamado «peak flow», es un pequeño instrumento en forma de tubo y de empleo muy simple: basta con soplar en su interior lo más fuerte y lo más rápido posible. Este aparato se emplea en los pacientes asmáticos para medir las fluctuaciones de la función respiratoria. El asma es una enfermedad que se caracteriza por su rápida variabilidad en el tiempo. Así, una persona asmática en plena crisis a las 4 de la madrugada, por ejemplo, no presentará ningún síntoma algunas horas más tarde.
El medidor de flujo espiratorio máximo permite estimar esta variabilidad.
Las determinaciones, anotadas en un carné, ayudan al médico a ajustar el tratamiento.

Evitar alergenos e irritantes

El asma es signo de una sensibilidad excesiva de los bronquios a diferentes estímulos exteriores. Estos estímulos suelen ser de origen alérgico (pólenes, polvo, pelo de animales, etc.). También pueden tener un origen no alérgico, aunque sí irritante: la inhalación de humo de tabaco, aire atmosférico contaminado o aire frío y seco puede favorecer la aparición de una crisis de asma. Un asmático debe evitar el contacto con los alergenos y los factores irritantes; se le recomienda particularmente que no fume.

Nuevos tratamientos

Normalmente, los tratamientos del asma empleaban teofilina y derivados de la cortisona. Veinte años después, se han lanzado al mercado nuevas moléculas. Las nuevas formas de administración (aerosoles) también permiten reducir los efectos secundarios. Al mismo tiempo, han aparecido fármacos en forma de polvo para inhalar y medicamentos de acción prolongada. Por su parte, los derivados de la cortisona se encuentran en forma de nebulizador o de polvo para inhalar, lo que aumenta su efecto sobre los bronquios.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades respiratorias

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