Neumonía

La neumonía es la infección pulmonar más frecuente. Afecta, principalmente, a los niños pequeños, los ancianos y aquellas personas cuyo sistema de protección natural contra las enfermedades está debilitado por cualquier motivo (diabetes, enfermedad cardíaca o pulmonar, tabaquismo, etc.). El término neumonía designa, generalmente (en la práctica), la infección del pulmón por una bacteria, denominada neumococo.
La neumonía suele curarse en algunos días. Sin embargo, puede afectar a la vida del paciente cuando aparece en personas de edad avanzada o debilitadas, sobre todo si se acompaña de otras enfermedades (por ejemplo, diabetes o insuficiencia respiratoria).

Síntomas

La neumonía a veces va precedida de una amigdalitis o un simple resfriado. Se manifiesta por una inflamación de los alvéolos pulmonares (alveolitis) y una obstrucción a causa de las secreciones infectadas. Esta inflamación refleja la lucha del organismo contra las bacterias que intentan desarrollarse en los alvéolos pulmonares. Al disminuir la eficacia del intercambio gaseoso entre la sangre y los pulmones, pueden aparecer trastornos respiratorios (ahogo con el esfuerzo y tos seca). El paciente presenta, asimismo, fiebre elevada (entre 39 y 40 °C), escalofríos, dolor intenso en el tórax que aumenta con la tos y fatiga importante. Expulsa esputos purulentos y, a veces, rojizos. Tanto la respiración como los latidos cardíacos están acelerados.

Exploraciones

El diagnóstico, en algunos casos, es difícil, ya que existen varias enfermedades que se caracterizan por síntomas similares a los de la neumonía: enfermedades pulmonares asociadas a infección por otras bacterias, un virus o un parásito, tuberculosis o tumor bronquial.
Examen clínico. La neumonía se sospecha durante el interrogatorio del paciente y el examen clínico (percepción localizada de los ruidos respiratorios llamados estertores crepitantes, y aumento de las vibraciones que transmiten los pulmones cuando el enfermo repite «33»).
Radiografía de tórax. Muestra la imagen de un foco infeccioso en forma de una opacidad (mancha blanca).
Análisis de sangre. El análisis de una muestra de sangre (hemocultivo) pone en evidencia la presencia del neumococo. La concentración en sangre de algunos glóbulos blancos, los polinucleares, está aumentada.
También se determinan los gases en sangre para precisar la gravedad de la infección, que puede producir una insuficiencia respiratoria aguda, sobre todo en las personas más frágiles (niños muy
pequeños, ancianos y bronquíticos crónicos).
Broncoscopia. Cuando el paciente es un gran fumador, es preciso realizar una broncoscopia, lo que permite observar la tráquea y los pulmones, y excluir la posibilidad de un tumor.

Tratamiento

La neumonía se trata, durante los primeros días de la enfermedad, con un antibiótico particularmente eficaz contra el neumococo: la penicilina. Ésta se administra en forma de inyecciones intramusculares o intravenosas a dosis altas, para obtener concentraciones elevadas en la sangre. Después de varios días de tratamiento, el paciente toma antibióticos durante 2 semanas aproximadamente, en forma de comprimidos o cápsulas. En caso de alergia a la penicilina, pueden prescribirse otros antibióticos.
Por regla general, la fiebre desaparece a las 24 o 48 horas, y la curación se produce en pocos días. Las manchas blancas de condensación pueden persistir todavía algunas semanas en la radiografía. Ello no significa que la neumonía no esté curada. Es necesario efectuar un control radiológico hasta que desaparezcan totalmente las mismas.

¿Los antibióticos producen fatiga?

Numerosos pacientes se quejan de cansancio cuando siguen un tratamiento antibiótico. Pero nada permite probar que esta sensación sea real: tomar antibióticos sin estar enfermo (prevención, profilaxis) no produce fatiga. En cambio, las enfermedades infecciosas sí que son una fuente de cansancio –en algunos casos, intenso– para el organismo. Éste debe luchar con todos los medios de que dispone contra esta agresión.
Este hecho justifica que la prescripción de antibióticos se asocie con la prescripción de descanso: ello permite asegurar una curación más rápida.
Resistencia del neumococo a los antibióticos. El neumococo es una bacteria responsable de neumonías, pleuresías, meningitis y diversas infecciones respiratorias (amigdalitis, rinofaringitis, otitis). Estas enfermedades son muy frecuentes en los niños y suelen ser tratadas con antibióticos de la familia de la penicilina. El neumococo es un microorganismo frágil: al principio, era muy sensible a esta familia de antibióticos. Sin embargo, a medida que han ido utilizándose, no siempre bien indicados, la bacteria ha adquirido resistencia a estos medicamentos, por lo que en ocasiones resultan bastante menos eficaces.
Esta resistencia plantea problemas muy diversos, según el tipo de afección.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades respiratorias

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