Tratamientos del acné

Con la identificación de esos factores es posible determinar qué medidas son necesarias para evitarlo o aliviarlo mediante un tratamiento adecuado.
El tratamiento puede ser tópico (se aplica directamente sobre la piel) u oral, aunque por lo general se utilizan ambos a la vez. Esto a veces resulta complicado para el paciente, pero es imprescindible que el afectado sepa exactamente cuándo y cómo debe administrarse la medicación para que ésta sea realmente efectiva.
Aunque la elección de un tratamiento tópico u oral está en función de las características del paciente y del tipo de acné que padece, en ambos casos hay que tener claro que se requiere un tiempo mínimo para que el medicamento desarrolle su efecto y no deben esperarse milagros de la noche a la mañana. Por consiguiente, quizás se necesite el apoyo emocional (psicoterapia de apoyo) del paciente, particularmente en los casos severos, para que lleve a cabo el tratamiento con constancia y sin prisas. Incluso puede utilizar algunos cosméticos concretos para disimular las lesiones. Como ya se ha comentado, hay que procurar no obsesionarse con una excesiva limpieza de la piel, basta con un par de veces al día.

Tratamiento tópico

Hay dos tipos de tratamientos que se aplican directamente sobre la piel para combatir el acné: los antibióticos y los productos descamativos.
Antibióticos. El tratamiento con antibióticos, cuya finalidad es controlar la infección, se aplica mediante cremas o lociones. Los antibióticos de uso local habituales son la eritromicina y la clindamicina y suelen aplicarse una o dos veces al día.
Productos descamativos. Se encuentran en forma de jabones, lociones o cremas y tienen como objetivo eliminar progresivamente la capa más superficial de la piel afectada y destapar los poros. Como efecto indeseable pueden provocar enrojecimiento e irritación de la piel, aunque con el tiempo suelen aliviarse. La exposición a la luz solar consigue una ligera sequedad con descamación y puede resultar útil.

Tratamiento oral

Hay diferentes tipos de medicamentos que se toman por vía oral para luchar contra el acné. Los más habituales son los siguientes:
Antibióticos. Se procederá al tratamiento con antibióticos por vía oral en los casos de acné severo que no responde al tratamiento tópico o cuando la aplicación de cremas provoca una irritación excesiva de la piel. Los más habituales son la eritromicina, la clindamicina, la tetraciclina y la minociclina.
El efecto adverso más frecuente del uso prolongado de antibióticos en las mujeres es la vaginitis, causada por el hongo Candida. Ante esta situación, el médico prescribirá un tratamiento local o sistémico para erradicar el problema;
de no conseguirlo, tendrá que suspender el tratamiento antibiótico contra el acné.
Corticoides. Determinados fármacos corticoides, como la cortisona, son útiles para reducir la inflamación. Debido a sus efectos secundarios, el tratamiento con corticoides ha de llevarse a cabo siempre a corto plazo y únicamente cuando se trate de acné severo.
Tranquilizantes. Se pueden tomar en los casos en que existe una ansiedad asociada importante. Los pacientes con ansiedad se manipulan y rascan las lesiones del acné, lo cual agrava y aumenta el número de cicatrices.
Compuestos con hormonas. Sirven para tratar los desequilibrios hormonales y su objetivo es reducir la producción de grasa en la piel. Las hormonas utilizadas son los estrógenos, los cuales, debido a su efecto «feminizante» (la hormona estrogénica pertenece al ovario y la placenta), se aplican únicamente en mujeres.
Cuando otras medidas fracasan y el acné parece estar relacionado con la menstruación, se puede intentar el tratamiento con un anticonceptivo oral que contenga estrógenos y gestágenos, pero con predominio de los primeros. Es necesario mantener el tratamiento durante seis meses como mínimo para valorar el efecto.
Isotretinoína. Es un medicamento derivado de la vitamina A. Actúa de varias formas sobre el acné: previene la obstrucción de los folículos pilosebáceos, regula la producción de grasa en la piel y reduce la inflamación y la infección.
Aunque es de gran utilidad, únicamente está indicado en los procesos más graves debido a sus importantes efectos secundarios. Además, en caso de embarazo puede tener graves efectos sobre el feto; por ello, las mujeres en edad reproductiva deben utilizar dos métodos anticonceptivos durante el mes previo al inicio del tratamiento, en el transcurso del mismo y al menos durante el siguiente mes después de finalizado aquél.
La dosis de isotretinoína suele ser 1 mg/kg/día durante veinte semanas. En los casos que no respondan al tratamiento se puede aumentar la dosis a 2 mg/kg/día. Si los efectos secundarios hacen intolerable la dosis inicial, se reduce a 0,5 mg/kg/día. Después del tratamiento, el acné puede seguir mejorando.
Aunque la mayoría de pacientes ya no lo necesita, si fuera necesario un nuevo tratamiento se debe empezar sólo cuando hayan transcurrido al menos cuatro meses desde el anterior.
Casi todos los pacientes tratados con isotretinoína presentan sequedad de boca y ojos y disminución de la agudeza visual en la oscuridad. La sequedad de mucosas y piel se trata con la aplicación de vaselina. Estos efectos secundarios son reversibles y desaparecen al abandonar el tratamiento. Otros efectos indeseables menos habituales son hepatitis y aumentados niveles de colesterol y triglicéridos, por lo que es aconsejable realizar análisis de sangre antes de empezar el tratamiento y repetirlo cada tres meses.
Cirugía. El tratamiento quirúrgico se emplea para tratar las cicatrices residuales del acné. La reconstrucción combinada de la piel mediante láser, la dermoabrasión, el peeling (descamación química) o la electrocirugía puede conseguir alisar las cicatrices. Otra forma de disimularlas se consigue elevando el tejido blando mediante la inyección de colágeno.

Cuándo acudir al médico

Ante la aparición de acné, el médico debe valorar varios aspectos:
Número de lesiones y su localización. A mayor extensión de la enfermedad, mayor perjuicio psicológico y estético causará en la persona afectada.
Tipos de lesiones. Debido a que el acné profundo tiene mayor riesgo de dejar cicatriz, los casos severos requieren más atención y un tratamiento más enérgico que los casos leves.
Existencia de factores agravantes. El médico debe preguntar al paciente acerca de la posible existencia de factores de riesgo antes de dirigir el tratamiento.
No suele necesitarse ningún tipo de análisis para el diagnóstico del acné, excepto cuando se sospecha la presencia de otra enfermedad subyacente. Por ejemplo, se procederá a un estudio hormonal si la mujer además de acné presenta signos de virilización (masculinos), como el exceso de vello.

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