Angiomas, unas manchas poco estéticas

Los angiomas son unas malformaciones benignas de los vasos sanguíneos o linfáticos. Pueden ser congénitos o aparecer de forma espontánea, formar manchas más o menos grandes, de tamaños y aspectos diversos. Se estima que aproximadamente 1 de cada 10 niños tiene un angioma, plano o abultado. Pero en la casi totalidad de los casos, esas manchas de color rojizo desaparecen por sí solas.

Numerosos niños afectados

Los angiomas, muy frecuentes en la infancia, en particular durante el primer año de vida, son manchitas de color rojizo y forma variable. Suelen desaparecer al ejercer presión sobre ellos y vuelven a recuperar el color por sí solos. Por lo general no son graves, pero los padres suelen preocuparse —con razón—, por lo que podría suponer esa "marca de vino de oporto" en un futuro. Pueden resultar muy poco estéticos, dependiendo de su localización.

Son el resultado de la falta de madurez del sistema vascular del recién nacido y, en la mayoría de los casos, desaparecen sin dejar huella. Existen varios tipos, a saber:

El "beso del ángel", presente desde el nacimiento, es un angioma que se sitúa en la línea media de la frente y se extiende sobre los párpados superiores. Esas manchas se oscurecen cuando el bebé llora y suelen ir acompañadas de pequeñas verrugas en la nuca, cerca de la raíz del cabello, que son unos pequeños angiomas que van desapareciendo de forma progresiva.

Los angiomas tuberosos, clásicamente denominados "fresas", aparecen varios meses después del nacimiento y desaparecen por sí solos antes de los 3 años.

Por último, los angiomas planos son manchas rosas que aparecen al nacer en cualquier parte del cuerpo. Al principio, durante el primer mes, son bastante rosados y difíciles de diferenciar del tono natural del recién nacido. Poco después van perdiendo color, pero nunca llegan a desaparecer por completo. Suelen estar asociadas a enfermedades de malformación general, lo que obliga a consultar a un especialista. Para contrarrestar este inconveniente estético, a partir de la primera infancia se puede recurrir al láser.

Cuando las manchas resisten el paso del tiempo

Aunque numerosos angiomas del niño desaparecen por sí solos, hay otros que, aunque no sean graves, plantean un problema estético hasta la adolescencia o la edad adulta.

Dependiendo de su localización y su tamaño, el angioma puede constituir un problema estético al que conviene buscar una solución. El dermatólogo es el más indicado para proponer el tratamiento apropiado. Aunque elláser se utiliza a menudo, este tipo de intervención no puede acabar con todos los angiomas. En tales casos, hay que optar por extirparlo quirúrgicamente. No obstante, hay que tener mucho cuidado con las cicatrices que pueden dejar esos tratamientos. En cualquier caso, consulta a tu médico.

A. Maréchaud

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