La placenta: posible culpable de los angiomas

Al menos 1 de cada 10 niños tiene un angioma, plano o abultado. Por suerte, la casi totalidad de esas manchas desaparecen por sí solas. En el resto de casos, los especialistas saben identificar cada vez mejor los pocos angiomas que supondrán un problema, ya porque se asocien a una malformación o a un angioma del hígado, ya porque obstruyan un orificio, como el fondo de la garganta.

Los angiomas planos, presentes desde el nacimiento, forman manchas en la piel que pueden durar toda la vida. En cambio, los angiomas abultados, los hemangiomas, se desarrollan durante los primeros meses de vida, se estabilizan a los 4 meses aproximadamente, y luego disminuyen de forma natural hasta desaparecer por completo a la edad de 3 o 4 años. La cuestión es saber de dónde procede este tumor, que se compone de vasos sanguíneos dilatados, y cuál es la causa de su corta duración. En la actualidad, los investigadores empiezan a vislumbrar una explicación.

Células de la placenta bajo la piel del bebé

Varios estudios recientes han puesto de manifiesto que las células que componen el hemangioma presentan características comunes a las de la placenta. Lo que queda por saber es cuáles son las circunstancias que hacen que las células de la placenta pasen a la piel del feto. ¿Tal vez los métodos invasivos destinados a diagnosticar una posible malformación que se realizan a lo largo del embarazo puedan ser una puerta de entrada para la transmisión de las células de la placenta al feto? Para comprobar estos datos, acaba de ponerse en marcha un nuevo estudio francés: cada vez que se observa que un recién nacido es portador de un angioma, los médicos estudian el historial del embarazo, y, en particular, la aplicación de métodos potencialmente agresivos, tales como una biopsia de las vellosidades placentarias o una amniocentesis. Parece que el número de angiomas es más elevado en los casos en los que se han practicado tales exámenes.

Otra cuestión apasionante, ¿por qué este tumor vascular solo se desarrolla tras el nacimiento? Probablemente a causa de la relativa tolerancia inmunológica conferida por la madre, que se extingue poco a poco después del nacimiento. El hemangioma marca de alguna forma el rechazo de las células de la placenta por parte del bebé.

¿Tratarlo o no tratarlo?

Última complicación, el tratamiento. En las zonas en las que no se ve, no hay ningún problema: no hay más que esperar a que la naturaleza haga lo que tenga que hacer, puesto que los hemangiomas desaparecen de forma espontánea. En cambio, cuando el tumor supone un verdadero problema estético, la decisión para los padres puede resultar muy difícil: ¿hay que operar sabiendo que el niño tendrá una cicatriz durante toda la vida? ¿O es mejor esperar a que tenga tres o cuatro años para que desaparezca el hemangioma de forma espontánea?

Ya se han puesto en marcha consultas médicas multidisciplinares destinadas a obtener un diagnóstico preciso que permita proponer el tratamiento más apropiado para el angioma. El equipo lo forman dermatólogos, radiólogos, en particular especialistas en radiología intervencionista (que permite inyectar agentes embolizantes en los angiomas), cirujanos vasculares, y, en su caso, cardiólogos. "La ventaja es clara, en una sola sesión, el joven paciente puede sacar partido de las competencias de cada uno de los especialistas y conocer cuál es la solución que mejor se adapta a su caso", concluye el Prof. Lorette.

Dra. B. Blond

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