Tratar la anorexia: volver a disfrutar comiendo

La anorexia no tiene nada que ver con la crisis adolescente y requiere un tratamiento médico, y todavía más si la chica y su entorno lo han negado durante mucho tiempo. Detectada demasiado tarde, la anorexia necesitará más perseverancia y una vigilancia diaria para conseguir una recuperación de peso progresiva, pero duradera.

Anorexia: el placer de restringirse

La anorexia mental es un problema de comportamiento alimentario que afecta al 1-2% de las mujeres. Tal como explica la Dra. Marie-Rose Moro, “la relación con el alimento está asociada a un placer inmediato en el adolescente. En los niños, la leche ayuda a saciarlos. En los adolescentes, la tentación del placer es tan fuerte que tomarse un alimento azucarado o salado, según su preferencia, le lleva a comer demasiados o bastantes. En una adolescente preocupada por su peso, uno de los peligros es la anorexia. Por otro lado, esta patología no consiste sólo en privarse, sino también en privarse del placer de privarse. ¡Así pues, ella tiene la sensación que domina su cuerpo! Se trata de saber dominar las ganas, lo que también incluye la de tener hambre”.

Una explicación compartida por Corinne Dubel, dietista y nutricionista especializada en los problemas de comportamiento alimentario. “Es el miedo al placer alimentario y el miedo al placer en general lo que ella no sabría canalizar. Por ejemplo, la chica joven es capaz de pasar junto a unos llamativos helados y saber resistir la tentación. Así se siente fuerte. "

Es el principio de la espiral infernal. La mirada de los demás sobre su cuerpo también ejerce una influencia importante, como recalca la Dra. Marie-Rose Moro: “Le resulta difícil aceptar sus curvas, un cuerpo sexualizado, verlo erotizado”. ¡Y así es cómo llegamos a situaciones aberrantes como la de ver a una joven chica alimentarse simplemente de galletas o de una manzana con un té, con el riesgo de desplomarse bruscamente porque su cuerpo no aguantará más!

Saber detectar la anorexia a tiempo

Pero estas situaciones de riesgo no siempre resultan evidentes para los padres. ¿Cómo distinguir una chica joven preocupada por su línea (como tantas otras) de otra con tendencias anoréxicas? “En el momento en que la pérdida de peso es drástica/brutal, es necesario consultarlo lo más rápido posible y comprobar si el peso se mantiene dentro de lo normal”, afirma la Dra. Marie-Rose Moro.

Y aunque la familia acompañe a la adolescente, obligatoriamente debe reservarse un momento a una entrevista a solas entre el profesional y el paciente “puesto que el comportamiento alimentario pone de manifiesto la relación afectiva con los padres”, precisa la psiquiatra infantil.

Hay otros signos que también pueden alarmar puesto que la pérdida de peso nunca se produce de forma aislada. “Se intentará evitar comer con la familia, un estado de tristeza, de repliego, irritabilidad permanente, falta repentina de interés por el colegio o, por el contrario, necesidad de trabajar en todo momento, hacer todo el deporte que sea posible para adelgazar, necesidad de sobresalir en todo… Todo es desmesurado y se realiza en exceso. La adolescente es muy exigente consigo misma. Sin embargo, nunca es suficiente. ¡Está ansiosa, o lo que es lo mismo, depresiva!” advierte.  

Un trabajo multidisciplinar para combatir la anorexia

En el tratamiento de los problemas alimentarios y, especialmente, la anorexia mental, el tratamiento consiste generalmente en una terapia psicológica que permitirá entablar el diálogo con la adolescente. Entonces, un médico general se encarga, de forma paralela, del seguimiento del peso y del estado de salud. A veces el terapeuta también trabaja en colaboración con una dietista, encargada de hacer que la chica vuelva a adquirir una relación sana con la alimentación. En los casos más graves (cuando la vida de la chica está en peligro), puede resultar necesaria la hospitalización.

Corinne Dubel, dietista y nutricionista especializada en los problemas del comportamiento alimentario (que trabaja con una psicóloga o un psiquiatra) afirma que "el verdadero problema no está en el plato, sino que el plato es donde ella lo somatiza. Como ante cualquier fobia, en este caso la de engordar, es bueno tranquilizarla con los alimentos que come".

Se trata de expulsar sus miedos a los alimentos azucarados, grasos y, por tanto, hipercalóricos. La idea es ir reintroduciendo progresivamente cada clase de alimentos e ir aumentando las cantidades. “Podemos crear juntas una receta de postre light como una tarta de limón poco azucarada”, explica la dietista. “Y la vamos a ir mejorando a lo largo de las sesiones, por ejemplo aumentando progresivamente el porcentaje de materias grasas. Es un trabajo muy largo que puede llevar de meses a años”.

Trabajar sobre lo que nos gusta y lo que no

“En el mejor de los casos, ingiere 1.000 calorías al día. Ella confecciona una lista de alimentos que rechaza y que dice que no le gustan”, reconoce Corinne Dubel. “Casi siempre son alimentos energéticos”. El trabajo de la dietista consiste también en reintroducir progresivamente los alimentos que ha eliminado trabajando con el gusto.

“Decidimos juntas un alimento que supuestamente está “prohibido”, como un trozo de queso, un poco de pasta, una onza de chocolate o un yogur. El trabajo se realiza por etapas progresivas. Los probamos juntas y, si es posible, en grupo. Cada una evoca el gusto que experimenta para darse cuenta progresivamente del placer que produce. Repetir la experiencia es lo que le da confianza a la chica”. Este trabajo se realiza en paralelo con la terapia psicológica centrada en las causas de la enfermedad y cuyo objetivo es ayudar a la chica a que vuelva a sentir el placer y no se culpabilice.

Gestionar las situaciones de peligro

Pero la mayor parte del tiempo, la chica teme que la obliguemos a comer alimentos que ella considera como “prohibidos”. Puesto que, aunque a ella le gustaría “comer como todo el mundo”, no es capaz. Esta ambivalencia crea situaciones de evitación. “Se inventa artimañas y pretextos para imponerse. Es capaz de manipular a su entorno. También puede afirmar que no tiene hambre porque ha merendado mucho”. Lo que así consigue es una alimentación monótona. La idea consiste en fijar pequeños objetivos, como una comida familiar a la semana. “¡Conseguir pasar de un yogur light a uno de frutas ya es un gran paso!".

Desafortunadamente, la anorexia sigue siendo una enfermedad que difícilmente se cura. En una tercera parte de los casos, las adolescentes consiguen llevar una vida normal. Un tercio de estas chicas siguen con bajo peso, problemas psicológicos y corren el riesgo de recaer. Y en el último tercio, el problema de la anorexia persiste y requiere cuidados continuos. Por último, cabe mencionar que aproximadamente el 10% de las anoréxicas mueren debido a su enfermedad, ya sea por desnutrición o por suicidio.

N. Ker Armel

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