Sabañones: cómo prevenir y curar este mal propio del invierno

Los sabañones afectan más a las personas jóvenes, en particular a las mujeres, pero las personas de edad avanzada que los sufren tienen dolores y pruritos más importantes.

Sabañones: lesiones dolorosas

Los sabañones son lesiones muy dolorosas que se parecen a congelaciones locales de primer grado. Los lugares afectados se tornan rojos e hinchados y causan dolores del tipo de una quemadura o pruritos importantes, incluso insoportables. Los sabañones sobrevienen principalmente durante los periodos fríos y húmedos (la humedad es un factor importante pero debe combinarse con el frío). El invierno es pues su estación predilecta. Se ven favorecidas generalmente por una mala circulación periférica (sensación frecuente de pies fríos, presencia del síndrome de Raynaud). La toma regular de medicamentos vasoconstrictores como los betabloqueadores o algunos antidepresivos es también un factor de riesgo de sabañones. Otras causas favorecedoras son enumeradas por los profesionales de salud: problemas endocrinos, carencias en vitaminas B1, PP, A o P.

El frio del invierno estrecha los vasos sanguíneos y las extremidades de los miembros reciben menos irrigación. Los sabañones afectan principalmente las manos y los pies pero también a veces la nariz o las orejas, ya que esas partes del cuerpo están menos irrigadas y “absorven el frio”. En consecuencia, el cerebro ordena al cuerpo que envíe sangre para calentar esas partes enfriadas, pero como los vasos están retraídos, la sangre no pasa correctamente y puede dañarlos. Por este motivo aparecen las placas y las hinchazones rojas o violáceas dolorosas.
En general, los sabañones no comportan peligro y desaparecen después de algunas semanas, pero a veces pueden complicarse y derivar en una forma de ampollas que corren el riesgo de agrietarse o de ulcerarse si no se cura. Si las lesiones persisten, hay que consultar a un médico.

Los tratamientos de los sabañones

Atención: no debe calentarse la piel de forma brutal exponiéndola a un radiador u otra fuente de calor fuerte. Para tratar los sabañones superficiales, hay que calentar progresivamente las zonas afectadas, lo antes posible, con un calor suave. Para las manos y los pies, puedes sumergirlos en agua a 35° mezclada con agua oxigenada (dos cucharadas soperas por litro), para evitar que sobrevengan complicaciones. También es posible bañar la piel en forma alternativa con agua caliente y con agua fría para estimular la circulación sanguínea. Las orejas y la nariz pueden calentarse cubriéndolas con la manos.
Los masajes, con alcohol alcanforado por ejemplo, también pueden aliviar los picores y el dolor pero hay que efectuarlos con delicadeza pues la piel ya está fragilizada. Hay que evitar rascarse pues se corre el riesgo de provocar úlceras (llagas abiertas en la piel difíciles de cicatrizar). También puedes aplicar pomadas grasas con vitamina A que tu farmacéutico podrá recomendarte.
Si los síntomas son demasiado dolorosos o las lesiones demasiado extendidas, tu médico podrá prescribirte calmantes o medicamentos vasodilatadores. Los sabañones profundos (cuando la piel ha perdido toda sensación y se ha vuelto blanca) requieren hospitalización.

Prevenir los sabañones

Lo más sencillo es adoptar una actitud preventiva. Hay que cubrirse correctamente, abrigarse bien es esencial. El material de los zapatos y sobre todo su impermeabilidad tienen una gran importancia. Otras consignas antifrío: usar medias o calcetines de lana (o ambos), ponerse guantes calientes e impermeables, un gorro, una bufanda… pero hay que evitar usar guantes o calzado demasiado apretado, pues esto puede interrumpir la circulación sanguínea y provocar sabañones.

Una persona que ha sufrido de sabañones una vez corre el riesgo de pasar por lo mismo todos los años si no toma las medidas necesarias. Desde el otoño y tan a menudo como sea posible, quienes sufren habitualmente de este problema en los pies y manos pueden adoptar el hábito de tomar baños calientes y fríos de forma alternada. Es un buen modo de tonificar naturalmente el sistema circulatorio por medio de las vasoconstricciones y dilataciones provocadas por los sucesivos cambios de temperatura. Un tratamiento general a base de vitamina D o de vitamina A puede ayudar. Tu médico podrá prescribirte un tratamiento vasodilatador preventivo. Pero la palabra clave sigue siendo prevención: ¡abrígate bien!

A.-S. Glover-Bondeau

Actualizado en enero de 2017

Otros contenidos del dosier: Resfriados y otros males del invierno

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